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A 90 días del apagón nacional: Crisis eléctrica flagela la cotidianidad de los zulianos

Hoy se cumplen tres meses desde que Venezuela sufrió el «blackout» que dejó a millones de hogares en penumbra. El Zulia, la segundo región en importancia del país, aún sufre los embates de los apagones. Autoridades mantienen hermetismo sobre el tema

El reloj marca las 7:55 p.m. y Marta comienza a sentir que la tristeza invade su cuerpo al saber que dormirá una noche más sin electricidad. Aunque espera que su mayor temor termine a las 2:00 de la madrugada, para gozar seis horas más de “felicidad”, ella nunca se acostumbrará a vivir en las tinieblas.

A sus 54 años, Marta nunca imaginó que se vería obligada a cambiar su estilo de vida de un día para otro. Dos hamacas reposan en el porche de su hogar, ubicado en la urbanización La Rotaria, al oeste de Maracaibo, desde hace tres meses. Allí trata de conciliar el sueño junto a su hija, de 14 años, pero es imposible. El calor y los zancudos perturban su tranquilidad.

Nos están matando poco a poco. Nos tocó vivir la penitencia más dura. ¿Qué cosa tan mala he hecho para merecer esto?, se pregunta entre lágrimas e impotencia la ama de casa.

«Blackout» permanente

Hoy se cumplen 90 días desde el blackout que dejó a 21 estados sin un ápice de electricidad. Según la información emitida por el Gobierno, un “ataque cibernético” contra el Sistema de Control Automatizado de El Guri, que regula las 20 máquinas de la represa, afectó el 80 % de la generación eléctrica que abastece a Venezuela.

Lo que aún no entienden los zulianos es porqué después de haberse recuperado el SEN en los estados afectados, la región aun siente el flagelo de los apagones. Doce, 16 y hasta 22 horas diarias sin luz enfrentan los zulianos desde el 7 de marzo. La cifra oscura parece no ser suficiente.

Nos condenaron a estar así, no tenemos certeza cuánto durará el servicio. Nuestras neveras encienden y apagan al menos cuatro veces al día. Los comercios trabajan a medias, las dependencias públicas también. Quien no tenga planta no logra avanzar el su quehacer diario. Esto es como un letargo, refiere Paola Durán, habitante del Centro de la ciudad.

El apagón nacional no fue la primera vez que dejó a oscuras a Maracaibo en su totalidad. En diciembre de 2017, muchos zulianos pasaron Navidad y Año Nuevo en penumbras. Fue el preámbulo de dos años negros. En 2018, el estado fue objeto de al menos 15 blackouts y de racionamientos diarios.

Los zulianos sobreviven con un esquema de racionamiento de 6×6, mientras el cansancio se nota cada vez más en sus rostros. Es común ver a personas con pronunciadas ojeras y ceños fruncidos, por el mal dormir. La calidad de vida disminuye a diario en un estado donde el derecho humano a la electricidad es violado constantemente.

Cotidianidad interrumpida

Acostada, mirando el cielo, Marta recuerda cuando disfrutaba todas las noches de sus programas favoritos. “Muchos pensarán que es algo tonto pero ver televisión para mí era sagrado. Hasta eso me lo han quitado”, lamenta.

Su hija Karla, en cambio, añora hablar por WhatsApp y revisar sus redes sociales. “Solo hace irse la luz para quedarme sin señal. Cuando mis amigas tienen luz, yo no tengo, y así. Nunca podemos entablar una conversación, todas terminan cuando el celular te dice ‘solo llamadas de emergencia’”, expresa.

Secar y alisar su cabello, lavar y planchar la ropa, son otras de las actividades que la joven no puede hacer con normalidad desde hace tres meses. Más de una vez ha quedado con mitad de su cabello planchado y la otra mitad húmedo.

A lo lejos se escucha la molestosa planta eléctrica de un vecino. El lujoso generador es la envidia de los residentes de la cuadra y ha desatado un sinfín de discusiones. Mientras Marta busca “descansar” en medio de los zancudos y el calor, Jorge, otro aledaño, reclama al dueño del codiciado aparato, pues el fuerte ruido y el olor a gasoil no le permiten conciliar el sueño.

Pero ni quienes pueden adquirir un autogenerador logran volver a su día a día. Las colas para comprar gasolina o gasoil es otro calvario que debe enfrentar el que desees alimentar estas máquinas emisora de ruido y dióxido de carbono (CO2).

Dormitorios improvisados

El sonido que emite el microondas al llegar la luz despierta a Marta a las 2:25 de la madrugada. Abandona el “dormitorio” improvisado para encender los electrodomésticos: tener un poco de agua fría y refrescar las cuatro paredes de su habitación con el aire acondicionado son su nueva bendición. Pero sabe que la próxima noche será igual o peor.

Al otro lado de la ciudad, en la zona norte de Maracaibo, reside Yuling, en una villa más o menos lujosa pero que no escapa de la crisis eléctrica que padece la segunda ciudad de Venezuela. Pese a que su horario con electricidad es distinto al de Marta, el calvario es igual.

La joven administradora, de 24 años, puede quedarse dormida con aire acondicionado, ver televisión por cable y revisar su teléfono celular. Pero su felicidad dura hasta las 2:00 de la madrugada cuando es interrumpido el servicio eléctrico.

Solo puede aguantar hasta las 3:30 en su habitación, cuando las gotas de sudor empiezan a correr por su frente y su cabello se le adhiere al cuello. De allí, solo puede dormir cerca de una hora más en el colchón que tiene en la sala desde aquel 7 de marzo y que dejó de ser usado para las visitas.

Lo que más odio de este horario es tener que bañarme, vestirme y peinarse sin electricidad para ir a trabajar. Todo lo hago a oscuras, solo con la luz de mi teléfono que medio alumbra. Salgo todos los días despeinada y sin maquillar. Veo puros zombies en la calle, sostiene Yuling.

La crisis eléctrica se acrecienta porque el Zulia depende de la generación que se envía desde Guri, en al menos 90 %. En la región apenas se producen 171 megavatios térmicos de los 3.098 de capacidad instalada, según reportes de Corpoelec.

Para que la energía llegue al estado con mayor demanda del país por su numerosa población y por sus temperaturas que superan los 40 grados, es necesario que la subestación Yaracuy esté energizada. De esa instalación salen las líneas de 400 kilovoltios que alimentan la subestación El Tablazo, que a su vez energiza el resto de las subestaciones de transmisión y distribución en la región.

En muchas zonas del estado el esquema de 6×6 no se cumple. Según el Comité de Afectados por Apagones, la suma de cortes eléctricos de los municipios del Zulia arrojó un total de 2.532 horas sin luz solo durante mayo.

Zonas preferenciales

Manuel ve con rabia que la villa frente a su casa, ubicada en la urbanización Villa Baralt, al oeste de la ciudad, “siempre tenga luz, mientras que nosotros pasamos todo el día rogando que no se vaya”. Descansar es lo que menos hace el jubilado de 58 años cuando llega el servicio eléctrico.

Lo primero que hacemos es llenar las botellas de agua, cargar los teléfonos, lavar la ropa, prender la bomba si hay agua, y cuando amanece, salir a comprar comida.

Su refrigerador, en lugar de tener carnes, está lleno de botellas de refresco congeladas. Desde el primer apagón, cuando se le dañaron cinco kilos de pollo y tres de puerco, Manuel no ha vuelto a comprar productos cárnicos para guardar, situación distinta a la de los “enchufados“, como los define el marabino.

También sufre al ver que sus dos hijos, de 16 y 19 años, están atrapados en medio de la crisis que no muestra la luz al final del túnel. Uno en el liceo, otro en la universidad, ambos solo ven tres horas de clase al día, en el mejor de los casos.

Todos los ámbitos de la sociedad zuliana están esclavizados a un cambio radical de cada uno de los estilos de vida: desde el más humilde al más pudiente, todos están sometidos a un caos que no da señales de mejoría. La cotidianidad de Marta, Yuling y Manuel es igual a la de miles de zulianos que, llenos de frustración, claman que el racionamiento termine ya.

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