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Jesús Carmona, el bailaor que arrasa en Nueva York pero que añora Barcelona

Carmona es uno de los talentos más sólidos de la danza española. Tiene 32 años, pero su carrera comenzó pronto, con 15, cuando dejó Barcelona para sumarse al Nuevo Ballet Español en Madrid

miércoles 14/03/2018
11:12 AM
  • EFE

  • @karolina_chnf

  • Agencias

Dicen que nadie es profeta en su tierra, y bien lo sabe el bailaor Jesús Carmona, que tras agotar entradas en Londres, Boston o Nueva York se pregunta cuándo podrá debutar en su tierra, Barcelona, donde su compañía privada jamás ha actuado.

Carmona es uno de los talentos más sólidos de la danza española. Tiene 32 años, pero su carrera comenzó pronto, con 15, cuando dejó Barcelona para sumarse al Nuevo Ballet Español en Madrid.

Sus padres, un peluquero y una ama de casa, no lo veían claro, pero él les dio un ultimátum y les dijo que o le dejaban irse por las buenas o un día “amanecerían con una carta de despedida” sobre su cama, recuerda Carmona en declaraciones a Efe.

Con 18 años, y acuciado por una mala racha económica, se presentó a una audición del Ballet Nacional de España (BNE), y no solo lo seleccionaron, sino que en tan solo un año ya era primer bailarín, y durante un lustro actuó en salas como el Teatro Real o La Zarzuela.

Cuando sintió que había tocado techo, abandonó el BNE y fundó su compañía, y desde 2016 recorre el mundo con “Ímpetus”, su primer gran espectáculo que muestra la amplitud de la danza española en todas sus variantes: del flamenco a la danza contemporánea pasando por las castañuelas de la escuela bolera.

“Estuvimos tanto tiempo preparándolo que después de estrenarlo me quedé vacío, como si hubiese soltado ahí años y años de experiencia, de bagaje y de vivencias”, detalla.

En “Ímpetus”, Carmona coreografía a cinco bailarines (incluido él), a los que acompañan cinco músicos, entre ellos un violín. La música, casi toda original, corre a cargo del cantaor Jesús Reyes.

El momento cumbre llega con una bulería entre ambos. Carmona le baila a Reyes, y durante unos instantes se desata una tormenta de chasquidos de dedos, golpes al pecho y al torso, taconeo y alguna que otra virtuosa pirueta, que hechizaron al público del New York City Center, que lo jaleó a cada movimiento y se puso en pie.

“A veces es difícil meter al público en este campo de energía. En muchas ocasiones se crea entre nosotros, en el escenario, pero es difícil que todo el teatro esté dentro. Cuando se crea esa cuerda entre el público y nosotros nos acompaña durante toda la función, es imposible romperla”, señala.

No todo es magia, también hay mucha técnica. La semana pasada realizó una breve residencia en Nueva York junto al bailarín madrileño Joaquín de Luz, del New York City Ballet, y el coreógrafo estadounidense David Neumann.

Con ellos aprendió técnicas de respiración y concentración para aprender a “conectarse” con el público.

“Muchas veces los artistas nos abrimos y queremos proyectar, pero pocas veces dejamos que el público entre en nosotros, es como si yo te doy pero luego no permito que me des tú a mí”, reconoce Carmona, que descubrió en Nueva York nuevas “fórmulas” para solucionarlo.

El resultado de lo aprendido se pudo ver en el Jazz at Lincoln Center de Nueva York con la actuación “Explorando la presencia desde la quietud”, un espectáculo que conquistó al New York Times, que definió a Carmona como “un fenómeno del mundo del flamenco”.

El flamenco en el extranjero “goza de muy buena salud” pero en España la situación es bien distinta, y Carmona apunta algunos de los motivos.

“La juventud tiene una imagen del flamenco que no se corresponde a la realidad, y no hablo de quinceañeros, sino de treinteañeros. Sé que cuando van a ver flamenco, a veces de forma fortuita, porque los han invitado y van por compromiso, descubren este arte y se enamoran”, explica.

Acaba de actuar frente a más de 2.000 niños de varios colegios de Nueva York. “¡Eso es lo que hace falta en España!”, exclama.

Tal vez esto ayude a explicar el porqué aún no ha actuado en Barcelona, y que si lo ha hecho en Madrid es porque él mismo alquiló el teatro.

“En un futuro me gustaría tener una residencia donde poder desarrollar mi arte sin tener que ir de una ciudad a otra”, sostiene.

“¿Cómo puede ser que el Ballet Nacional de España no tenga un teatro residente, como lo tienen todos los otros países? Hay mucho por hacer y no es fácil, pero desde luego que es posible”, zanja Carmona, lanzando el balón al campo de los políticos.

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