Maracaibo, Venezuela -

Destinos

Margarita, contada por los guaiqueríes

viernes 25/05/2018
3:46 PM
  • Ana Karolina Mendoza

  • @AnakarolinaMP

  • Iván Ocando

A la isla de Margarita la partió en dos Guaicara (dios todopoderoso) para que sus hijos buenos y sus hijos malos no se mataran. Esta es la leyenda que contaban los indios guaiqueríes.

Guaicara recorrió los cielos y se posó sobre Margarita. Ahí abrió los cielos y se hizo la luz. En ella encontró abundancia de peces, montañas y tierra fértil. A Kataka, su hijo mayor, lo llevó para que, con sus poderes chamánicos, le dijera si era bueno que su familia se asentara en ese lugar. El veredicto fue un sí, cuenta José Yarce, abogado e historiador.

Los hijos buenos eran Guaimeque (rey de los peces, el dios hecho hombre y padre del hogar), Guaraguao (el dios del viento), Guacuco (dios del mar), Guarapo (el dios de la bebida), Guayoyo (el dios de la medicina), Guatakare (el dios del pan de yuca), Guayuco (el dios de la ropa), Guarame (el dios de la fertilidad), Guayamuri (el dios de las montañas), entre otros. Para que no estuvieran solos, Guaicara les trajo a sus esposas, dos mujeres para cada uno: Guaricha (diosa hecha mujer, madre del hogar) y Guaracha (diosa de la rumba).

Tacariba (dios de la fertilidad), Taú (dios de la sombra), Tamokou (el dios de las nubes), Tagua (el dios de los abismos) y Taguantar (dios de los truenos), los mala conducta, le pidieron a su padre que los llevara a esa tierra con la promesa de portarse bien. Guaicara los complació.

Una noche estos se fueron de cacería y, tras escalar las montañas, vieron a las guarichas y a las guarachas bañándose en las cacadas de los ríos. Quedaron asombrados con su belleza y las raptaron.

Entonces, comenzó una guerra entre hermanos. Guaicara, para separarlos, produjo temblores en la tierra, truenos y relámpagos, y mucha lluvia; y a los rebeldes, les impuso como castigo a Macanao (dios protector de la brisa de la lluvia) y a Guainamal (diosa del último rayo de luz solar y del ocaso). “Así es Margarita quedó dividida en dos, según la mitología guaiquerí, y una muestra de ello es el Cerro del indio, además de que como él se nombro esa parte de la Isla”.

En la Península de Macanao está esta montaña verdosa con marrón. Desde la Laguna de La Restinga y desde el puente que une el occidente y el oriente de Margarita, se ve el perfil del supuesto indio: la cara, la nariz perfilada, el mentón y la boca abierta. “Macanao le clama al dios Guaicara para que le permita la lluvia y la luz en esa zona”.

El Cerro del indio compone, junto con las Tetas de María Guevara, la cordillera occidental de Nueva Esparta. Para hacer turismo de aventura ahí debe tenerse un permiso del Instituto Nacional de Parques (Inparques) y debe hacerse en vehículos rústicos con lo irregular del suelo. Los visitantes deben ir abrigados, pues al caer la noche baja la neblina, y deben llevar sus carpas si desean pernoctar en la montaña.

David Morales, guía turístico recomienda incluir la Península de Macanao en el itinerario de viaje. “Es otra historia de Margarita que, si bien pertenece a la ideología indígena guaiquerí, es parte de lo mágico de la isla. Ver como se oculta el sol en las tardes es mágico. Quizás haya algo de cierto en que Guanaimal es la diosa de esa zona”.

Hover Tours, operadora de turismo, organiza visitas guiadas al Cerro del indio y al resto de la Península de Macanao: la Laguna de La Restinga, las Tetas de María Guevara, la playa Punta Arenas y el Museo Marino de Margarita en Boca del Río.

 

En honor a una guerrera

Las Tetas de María Guevara son dos montañas contiguas, ubicadas en el centro-occidente de la isla de Margarita y se ven claramente desde la Laguna de La Restinga. Pero no son muy altas, apenas miden 135 metros de altura. Las declararon Monumento Nacional en 1974.

María Guevara fue una mestiza cumanesa que luchó en la Guerra de Independencia de Venezuela y que la enterraron la Península de Macanao. Según los locales, las montañas erigieron sobre la tumba de la mujer quien tenía unos pronunciados senos, por lo que las bautizaron con su nombre.

Las colinas no hay vida vegetal por ser desérticas, pero sí hay conejos y culebras cascabel y coral.
Entre ambas se encuentran las lagunas Boca de Palo, De la Raya y Punta de Piedras.

“Las Tetas”, como las llaman los pescadores, les sirven a estos como brújula para ubicarse cuando están cerca de la costa.

 


El  presente reportaje pertenece a la segunda edición de la revista turística Destinos, publicada el 27  de noviembre de 2016.

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