Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

Sin convenciones clásicas ni criollas

La joven ha expresado la tradicionalidad del suelo nato con la técnica de una disciplina universal al bailar con un liquiliqui en puntas o simplemente descalza

viernes 26/01/2018
2:32 PM
  • María Jose Túa

  • @VersionFinal

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«No es elitista, es adaptable», concluye la bailarina principal del Ballet de Cámara de Maracaibo acerca del ballet clásico. Se presenta como Vanessa Rubio Rincón. Y hace un cierto énfasis en su apellido materno. Dos razones lo sustentan: una es el fuerte vínculo que la une a su madre, la otra es que, a propósito de hablar sobre la Zulianidad, deja apuntado que ese Rincón no es uno cualquiera: es de la Cañada de Urdaneta.

Hace veinticuatro años, esta rubia de treinta y uno, tuvo por primera vez una clase de danza. Con una prematura determinación, ese día sostuvo que de ese mundo no saldría más.

Así, desde los once años, se deslumbró por el plenilunio de la danza impartida por la maestra Grazyna Yeropunov y por sus primeros movimientos siguiendo la variación de Don Quijote con música de Minkus.

La coreografía que interpretó Rubio de este clásico del ballet significó, además, su tránsito de estudiante de formación clásica hasta convertirse en solista de ballet clásico, disciplina artística que le fijó bien la determinación de ser, aparte de una bailarina profesional, una graduada de la carrera administrativa.

«Lo bueno de la danza académica es la base técnica que da para poder fusionarla», y bien lo ha hecho con géneros y movimientos dancísticos. Poco pudiera relacionarse el ballet clásico con alguna expresión criolla, pero solo hace falta ver en escena a esta bailarina llevando ese academicismo a una contradanza o a un seis por derecho para volverse creyente.

De hecho, en 2017, Danzaluz convocó a un encuentro regional de danza que se llevaría a cabo en el corazón de la Cañada de Urdaneta. Un momento y oportunidad que hicieron que Vanessa se conectara con las vivencias de una niñez transcurrida sobre esos suelos agrietados y con el sabor del arroz de maíz del recetario y las manos de su abuela.

En distintas épocas, Vanessa ha expresado la tradicionalidad del suelo nato con la técnica de una disciplina universal al bailar con un liquiliqui en puntas o simplemente descalza.

Su cuerpo tampoco corresponde del todo con los lineamientos universales del ballet clásico, lo que no limita su talento ni desempeño, pero como su norte es el de romper paradigmas como su admirada Misty Copeland (la primera bailarina negra en el American Ballet), Vanessa sigue siendo una bailarina clásica en el Zulia que marca su propia pauta aquí y en el mundo.

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