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Tinta Libre

Se busca al delator

Aunque el régimen de Hitler cayó poco después de la última fecha registrada en el Diario de Ana Frank, ella no pudo librarse de la muerte en un campo de concentración. Ocho décadas después, todavía nos preguntamos: ¿quién delató a aquellos infortunados?

viernes 09/02/2018
1:08 PM
  • Héctor Daniel Brito

  • @karolina_chnf

  • Archivo

«Querida Kitty», se lee en las primeras lí- neas de los pasajes de Ana Frank, la hija menor del matrimonio entre los alemanes Otto Frank y Edith Hollander. «Kitty» es la amiga imaginaria de Ana, quien bautizó con un nombre corto —bisílabo— a quien sería su lectora y consuelo durante su estadía en un anexo ubicado en Prinsengracht 263, Ámsterdam, Países Bajos

«Kitty» es la amiga imaginaria de Ana, quien bautizó con un nombre corto —bisílabo— a quien sería su lectora y consuelo durante su estadía en un anexo ubicado en Prinsengracht 263, Ámsterdam, Países Bajos.

(Ella) «era una chica diferente, mayor, más inteligente, escribiendo sobre cosas que un niño no suele escribir» pudiera ser la opinión generalizada entre los lectores de sus pensamientos, pero esta vez es, además, la semblanza que apuntó de ella su primo Buddy Elias después de hojear las reflexiones de Ana por primera vez, solo agregando datos provenientes de su niñez compartida que incorporan su personalidad vivaz, salvaje y sus gustos por las letras, el teatro y los juegos de disfraces.

Sin embargo, pese a empatía que el común de las personas ha desarrollado por la pequeña, el exagente del FBI (Buró Federal de Investigaciones, en castellano) Vince Pankoke —uno de los investigadores más importantes de este suceso en la actualidad— califica como «traición» hacia los Frank y compañía la causal de uno de los casos abiertos más antiguos de la historia.

Señales dispersas

En las investigaciones, cada elemento cuenta. Una de las teorías que toma más fuerza, apoyada en el propio escrito de Ana Frank, es que posiblemente la Gestapo (la policía secreta nazi) descubrió sin ayuda de un delator a las ocho personas escondidas.

Una casualidad pudo haber sido la diferencia entre la vida o la muerte.

En contraposición, se presume que el motivo para que la policía los descubriera fue a causa de una investigación sobre fraudes con tarjetas de racionamiento de alimentos, aseguran expertos del museo de la Casa de Ana Frank. Una singular pista que se evidencia cuando Ana comenta en su libro sobre la detención de dos hombres que negociaban ilegalmente los cupones provenientes de los nazis para la adquisición de comida.

Durante muchos años, la posible traición ha recaído sobre varios nombres, como el del empleado del padre de Ana Frank, Willem van Maaren, cuya sospecha ha sido tan constante que muchos asumen que él fue quien delató a su exempleador, así como también se le acusa a la esposa de un trabajador del almacén en el que residían aquellos ocho (Lena Hartog van Bladeren) o, incluso se habla de un conocido holandés de Otto Frank, llamado Tonny Ahlers, afecto al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán.

Ante estas últimas teorías, los encargados del museo de la última morada de Ana han deshecho algunas por considerarlas «débiles». Mientras, existen investigadores como Pankoke que insisten en encontrar respuestas sólidas con las que se pueda esclarecer el caso.

«Solía ser la niña que protegíamos y ahora se convirtió en la niña que traicionamos. Es una forma de ver cómo los holandeses se perciben a sí mismos durante la ocupación», recupera de las palabras del reconocido académico de la Universidad de Leiden (Países Bajos) y experto en asuntos nazis, Bart van der Boom, el portal argentino Infobae. Y con atino puede interpretarse este sentimiento nacional con la misma propiedad que un lector —o simplemente un ser humano— puede sentir al repasar uno de los episodios del Tercer Reich.

En el documental El diario en la isla de Robben —de la cooperación holandesa de radiodifusión VARA (emitido el 4 de mayo de 1995)— el expresidente de Sudáfrica y líder en la lucha contra la segregación racial de esa nación (el apartheid), Nelson Mandela, confesó haberse sentido inspirado con los textos de Ana Frank.

Con voz pausada y baja le expresó a su entrevistadora: —Ana es un ejemplo a seguir por su valentía; habla de un espíritu indoblegable que invita a nunca perder la esperanza—sintetizó Mandela, junto con la acotación de que lo que ella registró fue parecido al sistema implantado años antes de su mandato.

Luces en las ventanas

En Nosotros los salvados —una recopilación de poesía documental hecha por la escritora zuliana de origen judío Jacqueline Goldberg— están los testimonios de algunos sobrevivientes de la Shoá, que guardan una consigna que compendia el interés colectivo por salvar las memorias y hacerles justicia: «El libro que está a nuestro alcance, es el libro del fin de un mundo, condenado. Toca a los sobrevivientes devolverle, con su orden, sus palabras», Edmond Jabès.

Correr sigilosamente hasta la cama de sus padres, mientras los bombardeos hacían temblar la habitación, era la protección de Ana cuando sentía que quizá no podría contarle más cosas a Kitty si todo empeoraba. Su única hermana, Margot, permanecía, en cambio, quieta (quizá por su condición de «hermana mayor»); ella también escribía un diario que posiblemente nunca nadie lea.

Cuando amanecía, era otro día de retos para lidiar con la cotidianidad: las confrontaciones con una madre angustiada, los consejos de un papá consentidor, las sutiles comparaciones con su hermana y la convivencia con la otra familia, los van Pels (mamá, papá e hijo), más un dentista de nombre Fritz Pfeffer. Eran ocho viviendo en cautiverio… De ellos, solo Otto sobrevivió luego de ser descubiertos.

Para el docente y sociólogo Miguel Ángel Campos, el Diario de Ana Frank es el reflejo del sufrimiento humano, contado desde la mente madura de una adolescente, en el que se muestran los criterios personales, un aprendizaje sobre la condición humana y además refleja el carácter reflexivo de la autora, que confiesa tener el interés por convertirse en una profesional dedicada a la escritura. Y eso basta, de acuerdo con sus palabras, para ser un manuscrito que se convirtió en un hito del siglo pasado, y que aún sigue vigente.

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