Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

Régulo Pachano sirve, ríe y aplaude

El discípulo de la artista Lía Bermúdez se ha mantenido durante 25 años como gestor cultural. Está comprometido con la ciudad. Su propósito: el encuentro, el diálogo

viernes 16/03/2018
3:28 PM
  • Ana Karolina Mendoza

  • @AnaKarolinaMP

  • Nil Petit

Maracaibo, 1992.

Aeropuerto Internacional La Chinita. Terminal nacional.

—Me dan miedo los aviones—dice una señora robusta y de baja estatura.

Él hace un gesto de ternura.

—¿A qué te dedicas?

—Soy abogado.

—Ah, ¿y a qué vas a Caracas?

—Voy al primer Congreso de Legislación Cultural, organizado por el maestro (José Antonio) Abreu.

—¿Y eso, de qué se trata?

Comienza la conversa que interrumpe el llamado para abordar.

En el avión, él ya está acomodado. A su lado se sienta una señora. Al voltear la cara es la misma con la que conversó minutos antes. Sonríen ambos.

Llegan al Aeropuerto Internacional de Maiquetía Simón Bolívar y se despiden con cordialidad.

Se reencuentran en el bus que los llevará a Caracas.

—¡¿Cómo va a ser!?—exclama ella. Y se carcajean. —Quiero que nos reunamos. ¿Cuándo regresas a Maracaibo?

—En cinco días.

—Yo también.

 

***

 

«Conocía su obra, su trayectoria; pero no sabía que era ella: Lía Bermúdez», recuerda Régulo Pachano Olivares, mirando el retazo de Malecón que se filtra por la ventana de su oficina, en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez (CAMLB).

Donde menos está es en su escritorio. Recorre todo el «Centro de arte», como él le llama, desde las ocho y tantos de la mañana hasta las nueve de la noche. Escudriña cada sala, cada obra, cada rincón. Se asegura de que todo esté en su lugar como una especie de manía. Y no puede ser de otra manera. Pachano siente un compromiso profundo por el CAM-LB más allá de sus funciones como directivo.

«El legado que me ha dado Lía, un legado de amor y compromiso por y con la ciudad a través de la cultura. Además esto es algo emocional, es como un sacerdocio: estoy aquí porque creo en lo que hacemos y estoy claro en lo que quiere lograrse: ser un espacio de la gente y para la gente donde todos podemos convivir con alegría y celebrar el arte en sus distintas expresiones. Porque el Centro de Arte es como un pulmón de oxígeno emocional para la gente: hay personas que entran para refrescarse del calor y terminan recorriendo las salas bajas o jugando en el Penetrable –Obra de Jesús Soto en el hall-, conocen el cronograma de actividades y posteriormente vienen en pareja o en familia».

 

***

 

Caracas, 1992.

Maiquetía. Terminal nacional.

—Esto es mucha coincidencia. ¡Qué causalidad!—dice Bermúdez. Y sonríe.

Pachano la abraza.

—¡Tenemos que hacer cosas en conjunto! Necesito que me hagas el documento para crear la Sociedad de Amigos del Centro de Arte.

 

***

 

Entonces, elaboró el documento y Bermúdez lo invitó a presentárselo a Ángel Lombardi, rector en ese entonces de la Universidad del Zulia (LUZ); a los directivos de la Cámara de Comercio, a artistas y a todas las organizaciones y personalidades que se involucraron en la restauración del antiguo mercado municipal.

«Ahí comenzó mi vinculación directa con el Centro de Arte y la Sociedad de Amigos».

El trabajo, una escuela.

Un cucuruchito, rodeado por excavadoras, mezcladoras de cemento y andamios fue el espacio que le habilitaron a Pachano como oficina. Se encargó, además del carácter jurídico, de la organización y el protocolo de la inauguración del Cam-LB que se celebró el 19 de abril de 1993.
Bermúdez, al ver el empuje de Pachano, lo nombró director de la institución. Su mano derecha, pues.

«Ha sido la gran escuela de mi vida desde todo punto de vista, porque trabajamos directamente con el ser humano en toda su dimensión: con público, con los artistas, como contratista… Me toca aproximarme y por eso es que yo no hablo de gerencia cultural, porque me parece un término mecanizado, industrial. Yo hablo de un proceso de gestión, donde lo humano es lo fundamental», puntualiza.

Pachano habla de cercanía física, pero también emocional. El sentido de pertenencia se connota en su verbo, pues al referirse al «Centro de Arte» lo hace en la primera persona del plural: nosotros. Y eso no es más que la cosecha de la semilla que Bermúdez sembró en el equipo primigenio de la institución, en el que el bedel era igual que el director y los utileros que la presidenta, Bermúdez.

«CastaLía»

El escudo del estado Zulia, construido en vitral en la entrada posterior del «Lía», se refleja en la cúpula central, ubicada en la sala de Artes escénicas. Régulo Pachano Olivares lo contempla, mientras baja por las escaleras. «¡Es majestuoso! Es tan lo que somos y lo que hemos dejado de ser, pero lo que podemos ser de nuevo de una mejor manera».

 

***

Maracaibo, 2015.

Cam-LB.

Miembros del concejo directivo: representantes de la Gobernación del estado, de la alcaldía de Maracaibo, del Concejo Legislativo, del ministerio de Cultura, de la Universidad del Zulia (LUZ), de la Cámara de Comercio y de la Sociedad de Amigos juramentaron a Pachano como nuevo presidente de la institución, tras la renuncia de Bermúdez por razones de salud.

—Sé que está de más decírtelo, pero cultiva la naturaleza del «Centro de Arte»—le pidió Bermúdez a Pachano en una conversación entre dos.

‘Castalia’, obra de metal conocida como «la obra roja», también es uno de los símbolos predilectos de Pachano. «La veo y siento que veo a Lía».

 

***

«Mi compromiso es mantener el legado de Lía: la cultura como servicio público para mejorar la condición humana».

Su estrategia es el diálogo.

«¿Qué papel juega en momentos de crisis, de conflictos, el espacio cultural?: el de mediador y el diálogo es un medio. El espacio, por naturaleza, de diálogo es el espacio cultural. Cuando vienen a ver una exposición, una obra de teatro, un recital hay diálogo: están dialogando con el artista, incluso con el que se tiene al lado que quizás no se conoces, no se sabe quién es. O se encuentra con sus pares y conversan de lo que están viendo. Estos son espacios de diálogo por naturaleza y cuando la gente entra no hay una desconexión como mucha gente ha dicho. No. La gente valora toda la potencialidad que hay aquí: lo bueno, lo rico, la diversidad que somos como zulianos y como venezolanos, nuestra idiosincracia. No queda más que ser servir, reír y aplaudir».

 

El Lago y un tramo del Malecón destellan en la fachada del Centro de Arte. Pararse en la avenida Libertador y observar ese efecto espejo es una de las prácticas favoritas de Pachano en las tardes, cuando el sol encandila más.

 

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La presente semblanza pertenece a la decimoquinta edición de la revista cultural Tinta Libre, publicada el 17 de febrero de 2017.

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