Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

Musas de resistencia

lunes 19/03/2018
4:15 PM
  • María José Túa

  • @majotua

  • Viviana Navarro (Composición gráfica)

La luz amarilla rellena los pocos espacios que la oscuridad deja alumbrar. Un aire poético en la escena ya viene dado por esa condición estética: la calidez de los bombillos incandescentes y las velas. Natalia Lafourcade, frente a un espejo, se hace un lazo en la blusa estampada de flores rojas sobre un fondo negro. Camina hasta la reunión en la que los músicos la esperan con ponchos andinos y los cabellos desordenados. Cargan con guitarras acústicas, un cuatro, un bajo, unas maracas y una tambora.

Están otras personas más: las que celebran el folclor latinoamericano. Así comienza el video del sencillo promocional de su nuevo álbum. En pleno éxtasis sonoro, se cierran los ojos y se hace imposible determinar de dónde provienen estos sonidos. Desde México hasta La Patagonia Argentina, Latinoamérica comparte más que solo el territorio: las cadencias, los instrumentos, las realidades que inspiran sus letras y los modos de composición derivan en una «universalidad» de América Latina que, desde 1960, se estudia, más o menos, dentro del género «Nueva canción latinoamericana».

 

Soy el desarrollo en carne viva,
un discurso político sin saliva.
Soy América Latina,
un pueblo sin piernas, pero que camina

 

Los versos corresponden a la canción Latinoamérica, de Calle 13, donde colaboraron Laura Baca, cantante tradicional peruana y María Rita, cantautora brasileña. El tema es de 2010 y conjuga los elementos rítmicos de la cordillera andina. La cantora tradicional venezolana Ana Loyo defiende que un género musical compila las características de una región. Ante las fusiones y la libre interpretación de las notas y ejecución de los instrumentos que han hecho cantantes como Elizabeth Morris, chilena, con el cuatro venezolano, Loyo expone la canción latinoamericana, más bien, como un movimiento. «Y eso de nueva… ¿nueva es qué? ¿Silvio Rodríguez es nuevo?». No es nuevo, pero sí su gran representante. Y como tal, es atemporal.

Sin embargo, interesa pensar en esa calificación de «nueva» como en un permiso para la flexibilidad; una adecuación del «movimiento» para todas las épocas que le han seguido a 1960 y las primeras piezas dentro de él, composiciones de Silvio Rodríguez y la Nueva Trova Cubana, Carlos Puebla, Noel Nicola, Pablo Milanés en Cuba; Víctor Jara, Quilapayun, Inti-Illimany, Violeta Parra en Chile, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa y Facundo Cabral en Argentina; Alfredo Zitarrosa, Daniel Viglietti y Los Olimareños en Uruguay; Amparo Ochoa y Oscar Chávez en México; Soledad Bravo, el grupo Ahora, Alí Primera y Gloria Martín en Venezuela; Geraldo Vandré, Tom Jobim, Giberto Gil, Milton Nascimento, Chico Buarque, Elis Regina y CaetanoVeloso en Brasil como los máximos exponentes —que no los únicos— de cada país.

 

Uno se pone a ver y era imposible
era imposible andarse por las ramas
era imposible desprender la cosa, el hecho, la palabra
Era imposible, y nuestro, aquel desplante
era ese tiempo de que todo o nada.
Tomamos por los cachos las preguntas
y luego fueron nuestros los fantasmas
Fragmento tomado del poema
Década del 60 de Gloria Martín

 

Fabiola Velasco, en su ensayo La Nueva Canción Latinoamericana: Notas sobre su origen y definición, precisa la época de nacimiento de la nueva canción como «un hito en la forma de cómo los pueblos comenzaron a pensarse a sí mismos». La propuesta del «Hombre nuevo» hizo mella en varios aspectos, sobre todo en la lucha contra la represión militar o la desigualdad, y el cultural fue el terreno más fértil para la cosecha de esos nuevos ideales.

Pero más allá de la función social y política de las letras, como lo afirma Velasco, el movimiento «se basó en las referencias nacionales y locales de carácter cultural, que matizan y particularizan la creación musical de acuerdo con las influencias regionales recibidas por los cantautores». Así, su trascendencia ha llegado hasta 2017, a la última producción de Lafourcade: «Musas».

 

«Musas», el nuevo disco de Natalia Lafourcade, está hecho para homenajear al folclor latinoamericano. El video musical de Tú si sabes quererme, ejecutada por Los Macorinos, despierta la existencia de un discurso cultural polimorfo de América Latina

 

A partir del 60, los cantores tradicionales tuvieron el espíritu del indio que mea sobre la fogata para devolverle a la tierra algo de lo que le arrebató con el fuego. Los compositores hurgaron en su identidad regional para romper la influencia externa. La cercanía geográfica y las condiciones propias de las naciones los hicieron coincidir en las cuerdas para la ejecución de sus temas. Desde el charango hasta el cuatro, el altiplano andino y Venezuela, por ejemplo, le dan esa sonoridad aguda que se acompaña, normalmente, de composiciones como las letras: sencillas.

 

La luna me está mirando
yo no sé lo que me ve
Yo tengo la ropa limpia
ayer tarde la lavé
Escribió Simón Díaz en Tonada de luna llena.

 

Sobre un escenario dispuesto para las muy famosas charlas TED*, Jorge Drexler define la décima como «un tipo de estrofa que tiene 10 versos. Fue creada en 1591 en Málaga, España, por Vicente Espinel; el mismo que le puso la sexta cuerda a la guitarra española. Ambas invenciones cruzaron hasta América, pero la décima, en España, se extinguió. Desde México hasta Chile sí la mantienen en su tradición popular. Y hasta el día de hoy tiene la misma estructura. (…) Las décimas, la milonga, las canciones, las personas cuanto más uno se acerca a ellas más compleja es su identidad, mas llena de matices, de detalles. (…) Es muy importante conocer nuestras raíces, saber de dónde venimos, conocer nuestra historia. Pero, al mismo tiempo, saber de dónde somos es tan importante como entender que todos somos, en el fondo, de ningún lado del todo y de todos lados un poco».

Las cuerdas, el compás combativo de su tempo, las modulaciones con sonido de lamento, sus letras y subtextos con contenido ideológico, político —sin caer en lo panfletario— y, sobre todo, social, que describen realidades de profunda transformación, es ese folclor latinoamericano agrupado como género o movimiento en la nueva canción latinoamericana o en la canción de autor. Poco importa su definición cuando lo que siempre ha sido es un instrumento estético que reivindica a los oprimidos manteniéndolos en colectiva resistencia.

 

La garza prisionera no canta cual solía cantar
en el espacio sobre el dormido mar.
Su canto entre cadenas es canto de agonía
y por qué te empeñas pues, Señor, su canto en prolongar.
El cantar tiene sentido, entendimiento y razón
Soledad Bravo, Polo margariteño.

 


 

*TED: Technology, Entertainment, Design. Es una organización que se dedica a difundir conferencias acordes con su premisa: «Ideas dignas de difundir».

 


 

El  presente reportaje pertenece a la vigesimoprimera edición de la revista cultural Tinta Libre, publicada el 26 de mayo de 2017.

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