Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

Maracaibo puede escribirse diferente

La colaboración es una palabra clave en las disertaciones de los asistentes. El amor por el arte es lo que los mueve. La unión de los medios de comunicación con la cultura es vital para el fortalecimiento de la misma.

lunes 12/03/2018
10:56 AM
  • Mayli Quintero / Ana Karolina Mendoza

  • @MayliQuintero / @AnakarolinaMP

  • Miguel Romero

La reunión es inédita. Los ocho convocados asisten expectantes al Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez (CAMLB). Durante 130 minutos se habla acerca del quehacer cultural en la región. Cada uno aporta experiencias, opiniones y posturas desde sus disciplinas: pintura, música, teatro, cine, literatura, danza, fotografía y gestión cultural.

—Hablemos de lo que somos, de dónde estamos; de la cultura: qué estamos haciendo, hacia dónde vamos, entendiendo la cultura más allá de las Bellas Artes, como el conjunto de elementos identitarios, históricos, de valores y creencias. ¿Qué nos hace falta?, ¿qué debemos hacer?, ¿cuál es el compromiso?—, la premisa la lanza Mónica Castro, directora general del diario Versión Final.

Juana Inciarte es la primera en intervenir, se presenta como promotora cultural con 37 años de experiencia en el teatro comunitario con el grupo Tablón. Durante su disertación reflexiona:

—Celebro la iniciativa de Versión Final de abrir un espacio tan necesario para hablar esto (…) El oficio de hacer teatro es el acto de amor más grande del mundo porque pasa uno toda la vida pensando en el otro, en cómo concientizarlo.

La gestualidad del resto de los asistentes deja ver su aprobación. El primer punto de coincidencia es el amor por el arte. Todos aman lo que hacen. Ya lo había asomado Castro en su introducción:

―Estamos aquí por amor al arte, porque creemos en el hecho cultural, en la convocatoria, en la recepción y en el espacio que desde los medios de comunicación se debe dar para cubrirlo, abordarlo y entenderlo.

Esa idea la complementa Alexis Blanco, periodista especialista en la fuente de Cultura:

—Estas habas solo se cuecen desde el amor, y el amor por el arte involucra amor por la vida. Todo lo que significa información, conocimiento, ese es el verdadero leitmotiv, y por eso estoy aquí. Creo que hay cosas que no entran en la crematística, no hay manera de conseguir dinero, monumentos, salarios, lo que se llame, para retribuir este tiempo que estamos invirtiendo.

De esta manera, el también actor y director de teatro elogia, como Inciarte, la convocatoria de esta tertulia. Y es que la iniciativa no es una cuestión de intereses económicos ni mucho menos de egos. Pretende ser un salvavidas que se le lanza al quehacer cultural en Maracaibo.

El primer número de un nuevo encarte cultural es el motivo de la reunión. Ya todos lo saben. Tinta Libre es la excusa para el encuentro de ocho personas que hacen vida cultural en la región. Todos tienen más puntos de coincidencia que de disidencia, como apunta en algún momento del diálogo la artista plástico Ofelia Soto.

―Recuerdo que Ofelia decía en un encuentro anterior, a propósito del Día del Artista Plástico, que había cierta desunión en las disciplinas. ¿Es necesario que la convocatoria sea mayor?―, pregunta Castro.
Las respuestas a esta pregunta van surgiendo en las intervenciones que cada uno hace. Nuevamente coinciden: es necesaria la unión. Colaboración es la palabra clave.

―Hubo una época en que los encargados de las instituciones de difusión cultural se reunían y organizaban cosas en común y actividades de colaboración. Hay una cosa como de vedetismo. Cada quien quiere hacerlo solo y solo ellos―, asevera Soto.

―Lo mismo pasa con la literatura. Hay un recital aquí y otro allá, al mismo tiempo―. La intervención la hace Tomás Nava, estudiante de Letras y miembro del grupo literario Díceres.

―Este conversatorio es un gran vector de conexión hacia las realidades que quizá las tenemos dentro pero no todos la saben―, apunta el músico Lucidio Quintero, director de la Banda de Conciertos Simón Bolívar.

―Me parece muy bueno que Versión Final esté aportando a esto, una convocatoria inclusiva, el éxito de este proyecto editorial representa un triunfo de que en medio de un país tan jodido, donde las cosas están tan difíciles, podamos hacer un producto editorial vinculado con lo que realmente la cultura necesita, versionado por sus protagonistas, eso es un lujo―. Nuevamente es Alexis Blanco quien toma la palabra.

 

―Tenemos que estar aquí por compromiso, por vocación ciudadana, porque es a la ciudad, es a la región a la que le hace falta una identidad y que todos los medios de comunicación se involucren porque se están distanciado, están dando un paso atrás con respecto a lo que antes fue la cobertura del hecho cultural, cosa que es una paradoja porque este, en medio de la misma crisis, es el sector que nunca se ha parado. Nosotros nunca paramos. Estos encuentros hacen que el producto editorial por el que nos citaron sea mucho más trascendente, necesario y urgente de lo que pudiéramos imaginar.

La cultura no se detiene

—Todos convivimos para la construcción. Las ideas políticas son para el momento político, pero no tienen por qué devastar el país y separarnos, debe haber una colaboración entre todos los que puedan tener ideas distintas―, expresa Ofelia Soto, pintora mexico-venezolana.

Desde su experiencia, Quintero diserta:
―La banda lucha por que las tradiciones que hemos heredado sean un compromiso (…) El arte nos pertenece, la cultura nos pertenece. Desde esa esquina del mundo está trabajando la banda. No podemos hacer maravillas. Pero no estamos de rodillas, ni estamos cansados, ni vamos a pararnos. No. Eso no va a pasar. Tenemos que hacer lo que decía Alexis: Vamos a hacer porque no nos vamos a conformar con que no haya. La banda es una plataforma para hacer comunicación. Nuestro trabajo es comunicar y decirles a los habitantes de esta ciudad que sí puede sonar de manera diferente. La banda se encarga de que la música siga sonando en esta ciudad.

―No conozco bien la realidad de las otras artes pero creo que el cine en la última década ha sido una de las áreas más favorecidas― las palabras son de Ramón Bazó, coordinador de Cine-Arte en el CAMLB. ―Me siento en un sector privilegiado estando en el cine. 2014 fue el año de las grandes audiencias. Papita, maní y tostón rompió los récords de taquillas, por ejemplo. 2015 fue maravilloso por los premios que ganó el cine venezolano, aunque la taquilla bajó. En 2016 estamos en una nueva coyuntura: este año bajó mucho más, porque los cines no trabajaron a tiempo completo por los racionamientos eléctricos en los centros comerciales.

―Pero la cultura no debe ser segundo plano―, afirma Ameley Rivera, directora de Danzaluz. ―Lo que pasa con la música no es aislado a lo que pasa con la danza. Las agrupaciones de danza han desaparecido. Quedan a flote algunas instituciones. La realidad es que primero cada uno de los hogares tiene prioridades y la actividad cultural pasa a un segundo plano. Pero para nosotros es fundamental mantener ese centro formativo. Es nuestro. Tenemos que trabajar con lo que hay.

Las actividades culturales tampoco se han parado desde la Alianza Francesa a pesar de la crisis económica. Los esfuerzos continúan y los resultados son visibles. Su directora, la fotógrafa Gipsy Rangel, da testimonio de ello:
―La Alianza, más allá de ser un instituto de idiomas, ha estado abocada a la actividad cultural. No solo difunde la cultura francófona, sino la local. Todos los años se hace la Fiesta de la Música. En fotografía se hace en noviembre Foto Maracaibo donde se involucran todas las instituciones. Este tipo de eventos son necesarios porque la fotografía, al contrario de otras artes −a excepción, tal vez, del cine−, ha proliferado gracias a las redes sociales y los teléfonos. ¿Por qué hace falta conocer el trabajo de personas como Luis Brito, por ejemplo? Porque una cosa es subir fotos al Instagram y otra es hacer toda la vida un cuerpo de trabajo con unas temáticas, marcando una diferencia. Dibujar la estética y un discurso a través de la fotografía.

―Se necesita mucha resistencia para seguir haciendo teatro―, sentencia Inciarte, quien aún trabaja con la «Maestra del Teatro», Inés Laredo. ―Las obras que se montaban 10 años atrás, ya no se pueden montar―.

―No hay que ser nostálgicos. No puedo tener un mural, tengo un lienzo. No importa. Con lo que tenemos con eso podemos trabajar. Hay que trabajar con lo que hay―, nuevamente la voz firme de Soto produce señales de asentimiento en todos los presentes.

La cobertura periodística de la cultura

El papel de los medios de comunicación es preponderante. Los participantes están de acuerdo. Los medios deben ser garantes de la difusión de la cultura: deben convocarla, reportearla y multiplicarla. Todos, en especial la prensa escrita, deben funcionar como columna vertebral de los proyectos culturales.
—Para nadie es un secreto que la prensa no ha estado muy fortificada en los últimos años en cuanto a la realidad que se está viviendo en las artes, y de la cultura en general en el estado. Los medios convocan pero no cubren, y esa es la mitad del trabajo—, sentencia Quintero.

La cobertura de los eventos también la demanda Rangel:
―Hay una desconexión. Es difícil acceder a los medios. Uno hace el ruido, pasa la información, pero no siempre consigue las repuestas para difundir un poco más.

―La idea es hablar, reflexionar, ver qué camino tomamos, qué retomamos y que Tinta Libre sea un espacio donde esté presente el hecho cultural y asumir la cultura en términos macros―, interviene Castro.

―Todos los que estamos aquí tenemos otras alternativas. Pero, ¿por qué seguimos comprometidos?, ¿por qué seguimos creyendo en esto antes que en nuestros bolsillos, antes que en nuestras cuentas bancarias?, ¿por qué seguimos apostando a hacer productos editoriales para la gente?, ¿es verdad que la gente necesita eso? Somos representación. Porque sin la gente somos nada. Somos figurines, caricaturas, si no tenemos una conciencia de para quién vamos a escribir esa revista, para quién la estamos haciendo, entonces no estamos haciendo nada―, asevera Blanco.

Y Castro argumenta:
―Es que todo parte de escuchar al otro, hay que escuchar al otro. No hay que trabajar para uno mismo (…) Entonces este encarte está hecho para todo el mundo. Para los demás. Independientemente de su edad, de su idea política, de si está más alejado o más cerca de la cultura, quiere llegar a todos. No es solo para que nosotros estemos allí escribiendo, abordando el hecho cultural, cubriendo, sino también convocando espacios para que aquel que escribe, que hace fotografías, que no tiene un espacio, lo tenga aquí.

―Y darle actualidad de lo que es la cultura, decirle a esa persona, a ese lector del periódico, que además de las pistolas, además de la harina PAN, también se hace otra cosa, también se hace cultura―, complementa Tomás Nava.

La formación cultural es formación de ciudadanía y bienestar social. Tinta Libre está comprometida con ese fin. Por eso nace hoy con este primer número. El objetivo es entender la ciudad de una manera distinta: la ciudad puede sonar, pintarse, grabarse, escribirse y fotografiarse diferente.

 

Lucidio Quintero
Clarinetista. Compositor y director de la Banda de Conciertos Simón Bolívar. Profesor del conservatorio José Luis Paz.

Tomás Nava
Estudiante de Letras en la Universidad del Zulia (LUZ). Miembro del colectivo literario Díceres.
Gipsy Rangel
Fotógrafa profesional. Ecologista. Directora de la Alianza Francesa de Maracaibo.
Ameley Rivero
Balletista. Profesora y directora en Danzaluz.

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El presente reportaje pertenece a la primera edición de la revista cultural Tinta Libre, publicada el 22 de julio de 2016.

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