Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

Los rostro bajo la carpa

jueves 24/08/2017
4:45 PM
  • POR LUZARDO EBRATT

  • @versionfinal

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Se inicia la semana, se vuelve a la rutina. Entre publicidad y música, la radio anuncia las 7.20 a.m. Todos van distraídos en la vía pública, un carro hace un sonido irritante; las bocinas aúpan la contaminación sónica; otro carro esquiva un tronco… De pronto, algunos reaccionan por algo inusual: una cola de cinco minutos en un cruce sin semáforo que paraliza todos los vehículos. El olor a pasto viejo y estiércol inunda el ambiente. Al mirar al frente, es un camión con ponis y otros animales el que rompe con la cotidiana escena.

El circo ha llegado a la ciudad

El circo es el único arte itinerante que recorre todos los nidos de la ciudad anunciando cortésmente su llegada con esos pequeños desfiles, ofertas de entradas por las emisoras y camiones con  grandes parlantes repitiendo una y otra vez que «¡llegó el circo!» y debes visitarlo.

La unión de las culturas griega y romana formó una perfecta combinación entre la capacidad física y la estética de un espectáculo. Así, este arte fue,  poco a poco, dándole la vuelta al mundo y llenando de asombro, sonrisas y aplausos a un público milenario.

Una rutina poco cotidiana

Cuando comienza el horario nocturno debajo de la carpa, el humo en el ambiente difumina las luces titilantes de una estructura colorida y repleta de algodones blancos y rosados, con una melodía constante que se repite en un altavoz: «¡El más grande y el más barato! ¡qué barato, qué baratooo!».

Aunque esto cause, de inmediato, sonrisas, estas no son el único objetivo del dramaturgo Robert Arcaya, el rostro que marca las expresiones de 12 años entre carpas, semáforos, plazas y cualquier rincón de la ciudad que se preste para la acción. Llenar de valores y educar a las familias son las misiones y su visión como profesional del circo. «Jesucristo predicó en bares y burdeles, entonces ¿por qué el circo ha de quedarse con los que tienen para pagar la entrada a la carpa? Muchas veces me dijeron en las plazas que no tenían plata y yo respondía: señor, con su sonrisa me basta… ¡y era la mejor sonrisa que veía en el día! Por esto debemos salir a las calles, porque si las sonrisas son nuestra existencia, no deben tener un precio que las detengan».

El hecho de hacer del circo un acto accesible a cualquier ambiente, como el callejero, ha creado estereotipos negativos en ciertos sectores sociales que marginan la actividad por parecer carente de responsabilidad y llena de informalidad. Pero la antítesis comienza cuando una función de treinta segundos en medio del tráfico rompe con la cotidianidad del día y pinta de alegría el lugar.

Malabaristas, contorsionistas, equilibristas, payasos y trapecistas pueden fusionarse para cambiar más de mil quinientos semblantes sentados frente a un escenario. Son expertos en color y personajes ficticios que de una u otra forma hacen una crítica social, donde señalan lo que las maestras no dicen y los padres no corrigen.  Teff Giorgio, acróbata de teatro y circo, ha transitado por distintos países con el objetivo de llevar la cultura circense a las calles, «para rescatar a la sociedad de las malas costumbres».

Una cultura indestructible

No importa la pesada atmósfera social, las condiciones no limitan a los actores, por el contrario, las narices rojas se vuelven más brillantes cuando las carcajadas aumentan en un público saturado del día a día.

En el año 2006, el Estado inició un programa de talleres teatrales y circenses para la integración de las comunidades y para formar a los infantes con actividades culturales. Así se inauguró —para entonces— la Fundación de Circo Nacional de Venezuela. Aquí comienza, a juicio de Arcaya, el incremento de este movimiento artístico-cultural.

Bien es sabido que el ser humano tiene la necesidad de habitar momentos de esparcimiento, al igual que todos los mamíferos. Así, encontrar una relación cónsona con alguna actividad, ya sea de creación, recreación o entretenimiento lo dirige al buen vivir demandado por «las políticas de la vida». El ocio es un elemento importante para la existencia de las personas, pues de este han surgido creaciones tan trascendentales como el bombillo.

Así como un farol, Mauro Carrero, antropólogo,  ilumina:  —El  problema está en cuando la palabra (ocio) fue satanizada por la religión, utilizada para llamar ‘ociosas’ a las actividades malignas. Del mismo modo, la sociedad acuñó el término para nombrar acciones no queridas como fiestas, festivales o actividades que produzcan comportamientos de poco compromiso, marginalizando entonces a los practicantes de esos movimientos.

Así, el contexto político-ambiental y la tecnología es otro elemento que determina a las generaciones de cirqueros, promovidas por la adaptación de los guiones al contexto de la época y el tipo de comedia que desentrañan las obras. Esto marca el proceso creativo de la puesta en escena ante el público.

El último número

Con la música de fondo, salen los banderines dando la entrada a todo el elenco que hizo otra noche de ventas extraordinarias. En ese desfile, uno a uno pasa al centro del escenario haciendo una pirueta para agradecer la asistencia y atención del público. Estos, eufóricos, aplauden, chiflan y gritan, porque de verdad fue una gran noche. La música se acaba, las luces se apagan y comienza la voz: «¡Gracias, amiguitos, por venir al circo! La salida es por la puerta principal».

Cual  manadas, caminan todos, como saliendo de un embudo, de poco en poco, de las instalaciones. La melodía va alternándose con sirenas de fondo y motores a todo dar; va quedando desolada  la zona con los actores en el remolque desarmando personajes ficticios, con la promesa de que mañana el show debe continuar.

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