Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

El Zulia, un tejido multicolor

El antropólogo wayuu Nemesio Montiel habló con Tinta Libre acerca de la zulianidad desde las nociones de su profesión y las de su cultura

viernes 16/03/2018
3:12 PM
  • Mayli Quintero

  • @MayliQuintero

  • Nil Petit

Es noviembre en Alitasía. La Virgen de la Chiquinquirá reposa al centro de un bohío que será el escenario para la conmemoración de los hijos ilustres de la población. La Fundación Alitasía es la anfitriona; su presidente, el profesor Nemesio Montiel, es el primer antropólogo indígena que tuvo Venezuela.

Montiel cuenta cómo la población wayuu, devota de la «Virgen morena», llegaba a arrodillarse frente a ella, a pedirle por la prosperidad de la tierra guajira, por la salud de sus familiares y la propia. A esta anécdota se une la historia de cuando, hace unos años, se hizo un video que recogía testimonios de los milagros concedidos por la Chinita a personas de la población indígena más numerosa del estado Zulia.

Todo esto lo relata Montiel para explicar en qué consiste la Zulianidad. Porque sí existe, afirma, «a pesar de que muchos aseguran que es un invento». Existe y es como un rompecabezas al que cada subregión del estado Zulia aporta una pieza para formar la totalidad de eso intangible que a veces no podemos explicar, pero que resalta a leguas: la particularidad de ser zuliano.

En el intercambio cultural está la identidad. «Las hallacas, por ejemplo, el wayuu la hace con carnero, y cuando la China fue allá, se le hizo un acto con tambores». La zulianidad es fundamentalmente un proceso intercultural.

Y el wayuu agrega su toque. «Aparte de la unidad étnica que siente el wayuu, él también se siente muy unido al Zulia, al sentirse zuliano. Esto en parte por las fundaciones por parte del Estado venezolano de Paraguaipoa en 1880 y, antes, de Sinamaica en 1700».

 

Desde hace años, símbolos como el Lago han inspirado a muchos poetas y narradores. Montiel explica que «antes no se estudiaba la Zulianidad científicamente, pero las características que resaltaban de esta, los escritores las veían y las usaban en sus creaciones». Esas intuiciones de literatos como Udón Pérez y Elías Sánchez Rubio, luego fueron sistematizadas por los estudios analíticos como la antropología.

 

Montiel explica con razonamientos históricos, geográficos y culturales su argumento. «El estado Zulia se formó caracterizándose por su aislamiento geográfico del resto del Venezuela. Antes del Puente, el Lago era una limitante». Esta separación provocó que la población se formara con una identidad diferente a la del resto del país, y con una cercanía especial a la tierra que era más accesible: Colombia. Pero para los wayuu, las fronteras entre ambos países están desdibujadas.

Gracias a la interculturalidad, los símbolos permean. La relación entre Maracaibo y la Guajira siempre ha sido de intercambio. «A comienzos del siglo pasado, 1910, 1915, se creó Castilletes como un centro comercial. Los barcos iban de aquí a Castilletes para comprar al wayuu animales, cueros, dividives y talcos, y al wayuu le llegaban los alimentos; entonces se hizo la relación, allá se instalaron muchos marabinos, y por eso es el mestizaje del wayuu».

Pero el intercambio no solo fue comercial, sino cultural. La misma Virgen de Chiquinquirá ha adquirido rasgos de la cultura indígena, es la «Virgen morena, la virgen wayuu». Para su celebración en noviembre, las imágenes de mujeres y niñas pagando promesas, vestidas con las coloridas mantas, abundan en los alrededores de la Basílica.

 

El Día de la Zulianidad, 28 de enero, se entrega una placa a los zulianos destacados, Él la ha recibido en dos oportunidades.

 

Los colores vivos que adornan los tejidos wayuu —en chinchorros, mantas, tapices— hoy también son un símbolo representativo de la zulianidad. Esa preferencia por los tonos variados la explica el estudioso de las culturas: «Los tejidos wayuu son muy coloridos porque la Guajira es una zona árida, seca, extensísima, donde no hay montañas. La mujer wayuu asume el tejido con colores vistosos para hacerse sentir en esa península tan extensa, hacerse sentir como mujer porque la sociedad wayuu es matrilineal».

Y esa vistosidad la adopta también el marabino. «Fíjate en las casas del Saladillo, todas construcciones alemanas, pero con muchos colores. Tú las comparas con un tapiz guajiro y ahí está».

Un tapiz wayuu es una danza de colores llamativos que se conjugan y se complementan para formar un todo armonioso con identidad propia. Así es el Zulia con sus subregiones, una armonía única y particular que da forma a la zulianidad.

 

Nemesio Montiel es profesor de Antropología en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas; anteriormente fue profesor en Humanidades y Economía. Tiene 44 años siendo docente de LUZ. Egresó como antropólogo de la UCV.

 

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El presente reportaje pertenece a la decimocuarta edición de la revista cultural Tinta Libre, publicada el 27 de enero de 2017.

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