Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

El loco GENIO de Macuto

«No soy extraño. Simplemente no soy normal», replicó Salvador Dalí cuando una sociedad infectada de calificativos quería encasillarlo dentro de sus estereotipos.Locos, raros o extraños... hoy, como contrapartes de esa sociedad, preferimos usar el adjetivo «genios»

viernes 11/05/2018
10:29 AM
  • Héctor Daniel Brito

  • @betonchobrito

  • Andrea Phillips (Diseño e ilustración)

¿Existe una forma diferente de contar la vida de Armando Reverón? Quizá cantanda suene mejor, por eso, Alí Primera se adelantó con su guitarra y un violín de fondo allá en el 78: «Reverón titiritero, Reverón el muñequero (…) Reverón, pintor del pueblo, con pinceladas de sueños».

Vivió en la casona donde nació Francisco de Miranda, su pupitre estuvo al lado de Manuel Cabré en sus tiempos academicistas y tuvo de maestro al pintor José Moreno Carbonero… No obstante, tal vez es justo empezar diciendo que Armando Reverón fue un genio que dividió su vida artística entre el azul, el blanco y el sepia; inspirado en sus muñecas de trapo, un litoral con gaviotas que flameaban luz de sus alas junto con su inseparable compañera Juanita Ríos Mota.

Con atino, la editorial El perro y la rana publicó la obra Los laberintos de la luz (compilación de Juan Calzadilla), que se enfoca en la vida del artista y su estado mental y de genio: «En la obra de Reverón (en la pintura y más en sus objetos y El Castillete) observamos una conducta de disidencia artística y un conflicto entre el individuo y la sociedad, pero que no son el resultado exclusivo de un trastorno mental». En las primeras páginas, cuando analizan las implicaturas de un posible trastorno mental, citan a Sócrates para asomar una postura que reivindica las decisiones de Armando a lo largo de su vida: «Hay dos formas de locura: la una que se debe a enfermedades humanas; la otra, debida a un trastorno divino de las reglas acostumbradas». Una idea que va floreciendo a medida que el documental avanza.

 

 

Playa de Macuto, 1926

 

 

Ya lo decía Reverón: «La pintura es luz, la música es luz, la fotografía es luz, el cine es luz» y de cada área han intentado observar con detenimiento la suya. Por eso, hace siete años el director Diego Rísquez filmó la película Reverón, aunque anteriormente muchos compañeros de oficio habían creado diversos trabajos orientados en los diferentes aspectos que rodearon la existencia del llamado «el loco de Macuto».

 

El castillete
Así se llama la vivienda construida por Reverón en la población de Macuto, estado Vargas, donde vivió con su esposa Juanita hasta su muerte en 1954

 

Este apodo fue producto del aislamiento de este pintor, cuya característica hizo que el artista ruso Nicolás Ferdinandov —una figura clave en varias decisiones del artista— zarpara en costas venezolanas para convertirse luego en su gran amigo.
El siglo XX era tiempo «suficiente» para que quienes habitaban cada hectárea del planeta se adaptaran a la vida que, en teoría, les tocaba vivir. Para Reverón no fue así, y en el documental de Juan Andrés Bello lo reafirman: «(Armando Reveron) fue un hombre que marchó en sentido contrario a su época, que decidió mirar al interior de su país y de sí mismo para producir su obra. Se trató de un autor que intentó como nadie antes la enceguecedora luz de la costa del trópico y creó a su alrededor un mundo poblado de seres enigmáticos».

 

Fiesta en Caraballeda, 1924

 

Los críticos de arte Alfredo Boulton y Juan Carlos Palenzuela resaltaron el genio del artista sobre su esquizofrenia y, como ellos, sus homólogos se centran en el legado que dejó Reverón a través de sus trabajos: una figura emblemática del arte povera, uno de los artistas más prominentes del siglo pasado, por quien se celebra el Día Nacional del Artista Plástico (en honor a su nacimiento, el 10 de mayo de 1889) y un hombre que se arropó en las luces que lo rodearon.

Desde la ciencia, el médico José Solanes, quien nunca apartaba el arte de su profesión, dijo una vez: «Si estuvo enfermo Reverón, digamos que la enfermedad lo protegió al quitarle todo afán por el aplauso inmediato y las recompensas en dinero; fue su dolencia lo que le dio la oportunidad de cultivar su parte de cordura y, sin pretender que se le comprendiera, el tesón de perseverar hasta lo genial en la creación».

 


 

El presente reportaje pertenece a la edición 39ª de la revista cultural Tinta Libre, publicada el 11 de mayo de 2018. 

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