Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

«El arte puede estar bajo el sol»

Ángel Der Tod personifica estatuas y hace malabarismos en semáforos y en las principales vías de Maracaibo. Junto con otros jóvenes forma el colectivo Los Incurables. Ellos hacen «teatro de asfalto» y tienen, desde esta práctica callejera, su propio ideario de la ciudad, a pesar de la descalificación del público

martes 13/03/2018
4:48 PM
  • Rebeca Petit

  • @rebecapetit

  • Iván Ocando

En la Plazoleta de la Basílica Nuestra Señora de Chiquinquirá está parado, inmóvil, un hombre plateado y vestido de militar europeo. Naturalmente no tiene la piel de ese color, ni pertenece a las filas de algún escuadrón ni es una estatua. Él se llama Ángel Der Tod y pertenece al colectivo Los Incurables. Junto con otros cinco jóvenes expone el estatuismo y practican malabarismos en semáforos y en las principales vías de Maracaibo.

Los treinta, cuarenta o cincuenta y tantos grados de sensación térmica que se registran en la ciudad no amilana a estos apasionados del arte de calle. Se protegen de los rayos ultravioleta con bloqueador y crema humectante debajo de la pintura platinada y a sus atuendos les incorporan mangas largas, guantes, botas altas. «El arte no reconoce calor, el arte puede estar bajo el sol y eso es lo que nosotros estamos demostrando: que nacimos en Maracaibo que tiene sol y estamos haciendo arte en ella».

Cuidándose, personifican a antiguos militares, piratas y al «Señor N»: un hombre de antaño con pajilla y paltó. Desde hace tres años, estos muchachos impulsan la movida cultural callejera de la ciudad. Como movimiento artístico, estos «incurables enamorados del arte» tienen un propósito que trasciende la inmediatez del momento, pues se proponen rescatar, sobre todo, ciertos lugares emblemáticos como la Basílica, la Plaza Baralt para convertirse en parte de ellos, casi como en una especie de cuadros vivientes, que respiran, que se mueven por el espacio y que, claro, le aportan esa particular visión que el arte da a la realidad.

«El estatuismo es la representación de una estatua: te paras en un punto y no tienes gestualidad ni nada, lo que se admira, el verdadero arte ahí es el poder de interpretación que tengas, aunado al poder de resistencia física. Una estatua viviente es un maniquí, una personificación que interactúa y gestualiza, tiene la libertad de moverse y animar, en cambio el estatuismo debe quedarse inmóvil», explica Der Tod, quien además escribe poesía.

 

Resistencia

Este colectivo no solo tiene resistencia física, sino también emocional. «Siempre he pensado que Maracaibo es la ciudad de la furia. Esta ciudad no es para cualquiera. Realmente vivir acá es para alguien que tenga una visión clara, porque es una ciudad muy agresiva. En los maracuchos está la espontaneidad y la sinceridad, pero la sinceridad siempre va a ser cruel», expresa Der Tod, al tiempo que su compañero César Áñez, dice: «El marabino, al principio, cuando te ve tiende a tener desconfianza o anda a la defensiva, pero luego que uno crea ese lazo o esa relación ve que simplemente eres un muchacho que está haciendo arte, y ya luego el recibimiento cambia».

El reto para estos artistas de calle es ser aceptados por un público como el marabino: crítico, burlón y bromista. El proceso de aceptación de este tipo de actividades culturales ha sido paulatino. Son cada vez más las personas que se interesan y animan por expresiones que buscan romper con el malhumor y la fatiga por el calor que agobia a los marabinos.

 

Contribución artística

Miguel Ángel Campos, historiador y sociólogo, precisa que el arte de calle tiene sus antecedentes en los hippies y gitanos y que en Maracaibo tiene influencia de «trashumantes o mochileros que vienen del Sur», quienes dispersan modos y maneras de hacer arte.

Los estatuistas y malabaristas ofrecen una contribución artística, pero ese sacrificio, esfuerzo y riesgo de salud por realizarlo despierta poca simpatía en los marabinos. «La sociedad que los recibe los compara con pordioseros; los descalifica, llamándolos mantenidos, infrahumanos. Esto es discordante porque es persona a fin de cuenta lo que da es una contribución artística y el recibimiento no es acorde con su aporte». Ellos no son más que jóvenes bohemios y románticos con necesidad de supervivencia para sus finanzas, estima.

 

Formación

Además del estatuismo que promueven Der Tod, Áñez y sus compañeros de Los Incurables, existen escuelas en Maracaibo dedicadas a preparar artistas integrales en teatro, circo, malabares, zancos, payasos, mimos, estatuas vivientes y danzas aéreas. Una de ellas es la Escuela FusionArte que lleva 17 años, formando a jóvenes para hacer arte de calle. La dirige el dramaturgo Robert Arcaya, quien menciona cuáles son algunos de los retos de realizar «teatro de asfalto: la buena ejecución del performance y adecuarse a trabajar desprotegidos sin las ventajas de un teatro o carpa de circo; la iluminación, la acústica y un techo que resguarda a sus actores y al público».

Arcaya concuerda con Roberto Morán, payaso y malabarista profesional, al apuntar lo difícil que resulta la aceptación del público local, lo consideran como intimidante, ocurrente, histriónico, no teme vociferar su parecer en cada situación. Morán, quien se formó en la escuela FusionArte, realizó malabarismo en los alrededores de la plaza de La República por tres años, en donde compartió espacio con argentinos, peruanos y colombianos.

Por otra parte, la Escuela de Teatro Esencial se ha dado a la tarea de formar a sus estudiantes para hacer un teatro no convencional, una puesta en escena que se remonta a prácticas antiguas, cuando el teatro se hacía en las calles y plazas, para entretener al pueblo.

Esta escuela se propone como finalidad hacer un teatro accesible para las personas, en sitios populares de la ciudad. Su director, Eduardo Marín, señala que «En la calle está la gente que necesita el teatro».

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 El presente reportaje pertenece a la quinta edición de la revista cultural Tinta Libre, publicada el 16 de septiembre de 2016.
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