Maracaibo, Venezuela -

Tinta Libre

Arte y crisis, la simultaneidad de lo distinto

En Maracaibo, por estos días, dos de los eventos culturales más representativos del país celebran sendas ediciones. 2017 ha sido un año difícil desde los números hasta las esperanzas. ¿Cómo llevar con éxito dos acontecimientos que movilizan el arte y la fotografía de toda Venezuela hasta la capital del estado Zulia?

viernes 23/03/2018
1:50 PM
  • María José Túa

  • @majotua

  • Alejadro Paredes

Es martes y, en los jardines de la Alianza Francesa de Maracaibo, un inquieto Timothée Lescot, director de la institución, camina de un extremo a otro con el teléfono en la oreja. El miércoles tendrán la inauguración de una exposición con 32 fotografías y, justamente, 24 horas antes se entera de que la sala de exposición no está pintada.

Decide resolver. —Toma mi carro —le dice Gipsy Rangel, presidenta de la Alianza, extendiéndole las llaves de su vehículo— Tú hablabas de peripecias para hacer Foto Maracaibo… Bueno, estamos en una —nos sincera la fotógrafo.

Este festival tuvo su génesis en el 2014, cuando Sylvia Benassy estaba al frente de la Alianza de Maracaibo. Desde entonces, cuatro ediciones han contado con el apoyo de entes públicos como privados sin los que, literalmente, no hubiesen podido llegar a este punto en ascenso, pues son estos espacios —donde se instalan aún las exposiciones—, los que conllevan la mayor responsabilidad de la consecución de este encuentro anual.

El Maczul, el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez, el Centro Bellas Artes, el teatro Baralt son algunas de las sedes principales del evento cuya factura no hubiesen podido costear desde lo monetario. Sin embargo, haciendo entrar la figura de la cooperación, las posibilidades se expandieron y llegaron, no solo hasta estas instituciones tradicionales, sino que nuevas paredes, este año, se estrenan como galerías en un franco culto a la cercanía, a la innovación y a conjugar la fotografía con la ciudad.

Unión y combinación

«Todas las ciudades, incluso las más armónicas, son lugares donde al mismo tiempo sucede el bien, el mal, los amores, los odios, el acto de amar y el acto de matar, todas esas cosas suceden al mismo tiempo», empalabra la curadora, crítica de arte y escritora María Elena Ramos en una entrevista sobre «la Caracas inmortal».

Transpolando esta concepción sobre el dinamismo de una ciudad hacia una urbe como Maracaibo, la proximidad de un evento ocurrido recientemente nos ejemplifica esa simultaneidad de acontecimientos con la Feria Internacional y Arte y Antigüedades de Maracaibo, Fiaam.

Trece años han pasado desde la primera edición de uno de los hechos más importantes para el arte nacional en Venezuela. En los últimos años ha sido tan cambiante el panorama nacional que, en 2017, la Fiaam es el único acontecimiento de este tipo que se sigue haciendo en Venezuela.

La multiplicidad de condiciones cotidianas y extraordinarias que suelen ocurrir en la región hizo que Yamid García, presidente de la Sociedad de Amigos del Camlb, y de la Fiaam, se sentara junto con Martín Sánchez, museólogo del «Lía» a sudar números y panoramas sorteables para poder llevar a cabo la edición de este año.

En el conglomerado que forman los promotores de la feria (Camlb, galeristas y artistas), desde la galería Moros, tutelada por Rodrigo Rosquete, salió la idea de replantear lo ya preestablecido para la producción del encuentro. En esa propuesta, la cercanía —como en Foto Maracaibo— fue la premisa.
Propiciar encuentros

Para este momento, la conversación en la Alianza Francesa se muda a la galería Francia, donde la exposición La errancia de los migrantes y refugiados en Europa, de la Agencia France Press (AFP) acaba de ser visitada por un grupo de estudiantes de Fe y Alegría. Lescot se encargó de explicarles a los chamos por qué las personas retratadas estaban abandonando sus lugares de origen y lucían tan tristes.

A pesar del importante impacto que tiene en el colectivo la demostración de estas realidades y del documento que representa en sí la fotografía, Rangel enumera como primera piedra de tranca para su realización la falta de recursos monetarios. Todo se reduce a una poca o casi nula muestra fotográfica en Venezuela que, a su vez, genera un estancamiento en el desarrollo del discurso visual de los fotógrafos gracias al cual no habrá material para mostrar en exposiciones. El perro mordiéndose la cola.

Esta realidad subyuga a los gestores presentes en Foto Maracaibo, y a la misma Alianza Francesa para causar el efecto contrario: propiciar el encuentro social y artístico en la ciudad a propósito de la fotografía. Aunque para su ejecución se topen con obstáculos tan risorios o desgastantes como que en las marqueterías de la ciudad solo vendan treinta metros de marco por compra.

Lescot explica—con su francés mordiendo el castellano pero con una consciencia muy local— que las marqueterías colapsaron con sus pedidos. «No están preparadas para tanta producción». Así, la localización del paspartú sin ácido, idóneo para el montaje, fue un reto aún mayúsculo, pues en Maracaibo su producción no obedece a estos parámetros.

 

 

 

En años pasados, el transporte de obras vía terrestre era algo en lo que se las podían apañar haciéndolas coincidir con los encargos del Maczul en su propia cava, sin embargo, a mediados de este año, el museo sufrió un hurto que les despojó, por rebote, de esta posibilidad.

Y aunque todo parecía confabularse en su contra, la motivación les salía al paso cuando instituciones, galerías y fotógrafos se sumaban, sin chistar, para participar en Foto Maracaibo. «Es un gran logro hacer esto en medio de una crisis económica y anímica», les reconoció el laureado fotógrafo caraqueño Antolín Sánchez, de quien son las obras dispuestas en la cerca que bordea el antiguo edificio de Enelvén en una buena porción de la avenida 5 de julio.

 

La cooperación ha pasado a ser el estandarte de la gestión cultural zuliana. Cada uno de los eventos que han funcionado en circuito en los distintos centros culturales de Maracaibo evidencia que la colaboración es la cuota que ponen todos por interés común

 

Accesibilidad

 

Aunque la intención de exhibir obras en píxeles, en trazos y en formas sea la de venderlas, tanto Foto Maracaibo como la Fiaam no son eventos para consentir apetencias económicas, sino para hacer una reinversión social. Es así como, por ejemplo, la Sociedad de Amigos del Camlb ya tiene asignadas las ganancias por la boletería de la feria para pintar la fachada del Centro de Arte, apoyar con equipos a la seguridad del recinto, seguir propiciando las actividades del programa aniversario y otros tantos gastos que solo pueden resolverse con esta y otras autogestiones.

Solo el año pasado, lo recabado por la Fiaam significó un aporte del cinco por ciento para el presupuesto del Camlb, más la tradición de concederles quince días de sueldo en un bono a todos los trabajadores del Centro de Arte. Entonces, el replanteamiento del evento, para ajustarlo al contexto social y económico, era la solución para ni siquiera pensar en cancelar un acontecimiento que genera ingresos para el mismo Lía.

Así, los costos de producción fueron, finalmente, el blanco de las reducciones. Siempre apuntando hacia una intencionalidad, el galerista Rodrigo Rosquete y el museólogo Martín Sánchez decidieron prescindir de la tabiquería para la muestra de las obras y optimizar mejor los espacios del edificio. Arquitectos de la firma —y familia— Nones estructuraron el evento que se vivió en la ciudad del 3 al 5 de noviembre para propiciar un estético ambiente de cercanía y proximidad delimitando los espacios del otrora mercado municipal solo con una cinta adhesiva de vinil azul.

«El Camlb está recogiendo lo sembrado durante 24 años», esboza su presidente Régulo Pachano para explicar cómo es que, aparte de la feria de arte, el Lía contó, además, ese fin de semana con un festival de payasos y danza en su nave central; la exposición de los Nóveles con la Fiaam; cine en la sala multimedia y un recital musical a cargo de una artista en ascenso.

 

 

Y como muestra de esa cosecha de bondades, también está la alta participación de galeristas que, en su mayoría, fueron regionales. Y los que no, sacaron de la dificultad de trasladar obras desde otros lugares la gran oportunidad de exponer a artistas zulianos. Como fue el caso de la galería Diez de la capital nacional.
«Este es un evento zuliano», promueve Pachano. Es por eso que las distintas capas de la sociedad contribuyeron de algún modo. Los estudiantes de arte de la región, por ejemplo, se prestaron para apoyar en el traslado y montaje de las muestras. Y la respuesta del colectivo, con una asistencia de 680 personas el día menos concurrido, evidenció que «la Fiaam era una necesidad para la colectividad, los artistas, el Centro y los galeristas», en palabras del presidente.

La mística incitadora

Las empresas —entendido el término como iniciativa/emprendimiento— culturales van siendo una de las poquísimas inversiones que en Venezuela no fracasan, sino que se multiplican. La escritora Milagros Socorro mantuvo, hace un par de años en una crónica para el portal Prodavinci, que «la mística aún sostiene a Venezuela». Y como si tratara de complementar esta sentencia, la curadora y crítica María Elena Ramos advertía, en una entrevista con el diario El Tiempo de Bogotá, que el arte tiene poder sobre la resistencia que lucha contra la crisis.

El éxito de los eventos culturales va siendo el de crear espacios para el encuentro con la ciudad entre sus habitantes y la reinversión en lo social. «La cultura forma parte de la dieta; es un derecho humano fundamental», defiende Pachano en conocimiento de las posturas contrarias a la cultura como agente social.

«Esto ha sido 23 bodas en un mes», bromea, abrumada, Gipsy Rangel aún en la primera semana de Foto Maracaibo, a extenderse hasta el 2 de diciembre. Sin embargo, como directora artística de la Alianza Francesa de Maracaibo y fotógrafo, asegura que el festival no es para ella, sino para la gente que anda en lo mismo que ella.

Agrupados y en conjunto es como las distintas instituciones han convertido esta ciudad en el último bastión de la cultura en Venezuela, siendo tanto la Fiaam como Foto Maracaibo los únicos eventos anuales de su tipo en el país. Esta fortaleza y particularidad la define Pachano, un gestor cultural formado en España y fogueado en el «corazón cultural del Zulia»: —Este es un estado con un cimiento cultural epistémico expresado en todo lo que lo circunda. Aquí está todo por hacerse —apunta.

La programación del Camlb no cesó con el último día de la Fiaam. Y Foto Maracaibo apenas empieza. Thimotée Lescot infiere que hay que tener tenacidad para afrontar el trabajo cultural que repercute en lo social y en lo educativo. Y Rangel, haciendo una retrospectiva de todas las limitantes como de las oportunidades de este año, concluye que «la constancia es la que deja huellas».

 

Pionerismo en cooperación
La Sociedad de Amigos del Camlb es la única asociación civil en materia cultural que existe en Venezuela. La acompañaron, en años pasados, dos: una en Caracas y la otra en Guayana. Sin embargo, la zuliana permanece ahora sola

 


El  presente reportaje pertenece a la 32.a  edición de la revista cultural Tinta Libre, publicada el 24 de noviembre de 2017.

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