Maracaibo, Venezuela -

Sucesos

“Desperté cuando sentí que me apuntaron en la cabeza”

lunes 20/03/2017
9:19 AM

El dolor no cesa para la familia Pineda Sánchez. Antonio Pineda, profesor universitario, recordó lo ocurrido la madrugada del pasado viernes en su residencia en la urbanización Los Aceitunos, donde fue asesinada a puñaladas su hija, Olga Lucía Pineda Sánchez, de 28 años.

Con dolor, mientras observaba cómo todo el sistema de seguridad era cambiado en su vivienda, relató lo ocurrido. “Nosotros dormíamos, me desperté cuando sentí que me apuntaban en la cabeza, al abrir los ojos lo primero que noté fue a un hombre con el rostro cubierto que me decía: ‘Dame la pistola, viejo maldito’. Yo no entendía porque aún no había reaccionado y le dije que no tenía nada, pero mi esposa me dijo que la entregara, la saqué de la mesa de noche y se la di”.

A la 1:00 a. m. inició un calvario que no ha acabado. Ayer limpiaban el desastre que dejaron los dos malhechores, uno de ellos liquidado por el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) el día del crimen, en Los Claveles.

En cuatro horas, los dos hampones arrasaron con todo: cuatro televisores, dos computadoras (las halladas en la casa de “Lulo” no pertenecen a ellos); una laptop, un video beam, un apuntador electrónico, un aire acondicionado split, un compresor de pintura, joyas, una cámara Kodak, tres teléfonos celulares, 485 mil bolívares y 360 dólares se llevaron en la camioneta Grand Vitara, que aún no aparece.

“Mientras todos estábamos amarrados en el salón de juego en la planta baja, uno nos vigilaba y el más alto y fornido obligaba a Olga a cargar con todo dentro de la camioneta. En la casa había tres niños y una adolescente de 13 años y eso no los inmutó”, manifestó el apesadumbrado hombre.

Notaron que uno de los delincuentes se llevó a Olga a su habitación y su primer pensamiento es que sería raptada. “Lo primero que pensé es que se la llevarían para evitar que denunciáramos inmediatamente y la soltarían luego. Mi esposa les preguntó para dónde la llevaban y con sangre fría solo dijeron que ellos la necesitaban para poder huir y la dejarían amarrada en su habitación”, agregó el también comunicador social. 

Olga, en su instinto por preservar su vida y la de sus parientes, jamás se opuso. Acompañó al hampón hasta su habitación, luego de que él mismo le entregara a la pequeña de un año a su esposa, la jueza interina Ana Sánchez de Pineda. Este, una vez en el cuarto, apuñaló a la abogada hasta causarle la muerte.

Cuando el dúo huyó, Antonio Pineda le pidió a su nieto de siete años que corriera a la cocina por un cuchillo para soltarse los amarres en sus manos y pies. Él corrió al frente mientras su esposa se dirigió a la habitación de Olga y encontró la dantesca escena.

Los gritos no se hicieron esperar, lo primero que creyó fue que habían regresado, mientras él (Pineda) llamaba a su vecino para que los auxiliaran.

“La hija mayor de Olga vio a su mamá muerta, una niña de tres años pasando por ese trauma por unos desalmados”, cuestionó el hombre.

El profesor universitario denunció que en la zona el patrullaje es nulo. Transcurrieron una hora y 10 minutos llamando al Ven-911 luego de lo ocurrido sin recibir respuesta, al igual que en el Eje de Vehículos del Cicpc que queda cerca. Por último llamaron a uno los cuadrantes del Cpbez cercano y la respuesta recibida es que no podían acercarse porque no disponían de patrullas y estaban custodiando a tres reos. “Gracias a mi vecino recibimos respuesta y nos ayudó a salir”. 

Agradeció a los sabuesos de homicidios del Cicpc por la atención prestada respecto al caso y por la celeridad que le han dado a las investigaciones, y al Poder Judicial por la seguridad brindada en el sepelio. Para Antonio, el misterio ronda en el ingreso de los malhechores a la vivienda. “Cada reja tiene una protección extra y por eso no violentaron ninguna puerta. Esas protecciones extras las hallaron escondidas. Se desplazaron tranquilamente en la casa”, culminó el hombre. Los parientes de Olga descartan que el exmarido la haya asesinado.

 

 

 

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