“Danos 100 ‘palos’ y el carro no pasa a Fiscalía”

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Tal parece que el hampa no es la única enemiga de los zulianos. Las víctimas de robos de vehículos han denunciado innumerables hechos de corrupción y “matraca” de las que son objeto por algunos funcionarios de los cuerpos de seguridad, al momento de solicitarles apoyo para ubicar su automotor.

Un equipo reporteril de este rotativo consiguió el testimonio de Juan Carlos –nombre ficticio–, un comerciante y padre de tres hijos, a quien dos sujetos armados le quitaron su auto año 2008, modelo hatchback de cinco puertas, cuando llegaba a su casa, en la urbanización El Naranjal.

El hombre reportó el robo solo ante el servicio de emergencias Ven-911, pues fue la primera opción que le llegó a su mente posterior al hecho. “Esperé un tiempo para ver si la policía hallaba el carro, pero pasaron 12 horas y fui a la ‘petejota’ a denunciar. Allá me dijeron que sí en cuatro horas el carro aparecía les notificara, porque en ese lapso se cumplía el tiempo para que la denuncia pasará al sistema nacional y el vehículo quedaría solicitado en todo el país”, contó Juan Carlos.

Una hora después de denunciar ante la policía científica, ya en su casa, el comerciante recibió una llamada: “Encontramos su carro, lo tenemos en la delegación”, le dijeron de los funcionarios. Según le explicaron, el vehículo fue hallado en el estacionamiento de un mall, en la C-2.

El hampa no tuvo chance de esperar que se “enfriara” el carro para llamar a Juan Carlos y pedirle rescate. Normalmente, los robacarros aguardan un tiempo prudencial y estacionan los automóviles en parqueaderos públicos (hospitales, conjuntos residenciales o centros comerciales), para evitar que sí active el GPS y la policía llegue a sus guaridas a deternerlos, o en el peor de los casos haya
un tiroteo.

Alegría efímera
Pese a la alentadora llamada policial, la alegría de Juan Carlos ante la noticia del hallazgo no duró mucho. Al llegar a la sede del CICPC, en la vía al aeropuerto, uno de los detectives actuantes fue directo al grano: “Encontramos el carro, está entero, pero usted ya denunció y ahora tiene que pasar a Fiscalía. Si quiere puede darnos algo, para ayudar a los muchachos que estuvieron en el procedimiento”.

El monto no quedaría a juicio del comerciante, ya la comisión actuante lo tenía establecido: “Danos 100 ‘palos’ y el carro no pasa a Fiscalía”. Atónito y sin saber qué decir, Juan Carlos pidió un momento a solas para llamar a su esposa y consultarle.

Finalmente cedió ante la corrupción: “Desconocía qué hacer, no quería lidiar con diligencias en Fiscalía, tampoco que el carro fuera al estacionamiento y menos tener como enemigos a los ‘petejotas’. Decidí pagarles, pero nos los 100 mil que me exigían, sino la mitad, 50 mil”.

Cerraron el trato, y aunque los peritos del CICPC no quedaron conformespor la “recompensa” recibida, terminaron aceptando. Total, no hicieron más que cumplir con su labor.

Otros entes involucrados
No solo desde las entrañas de la policía científica surgen los señalamientos de corrupción. A Rubén −nombre ficticio− le hurtaron su Chevrolet Cavalier año 98, el pasado 6 de diciembre, mientras ejercía su derecho al voto en un colegio del sector 18 de Octubre.

El joven estudiante pagó cinco días después Bs. 300 mil para recuperar el carro. Le dijeron que estaba en una trilla del sector Los Tres Locos, en la vía a El Marite, al oeste de Maracaibo. Nunca en su vida Rubén había tomado hacia esa zona de la ciudad.

Junto con amigo decidió ir por su Cavalier, pero antes pidió la ayuda a una comisión del CPBEZ que se desplazaba por el sector Curva de Molina, para que lo escoltara y le sirviera de guía.

Los uniformados accedieron a acompañarlos, no sin antes solicitarle una “colaboración pa’ los refrescos”, de 15 mil bolívares. La víctima no tuvo más opción, les entregó ocho mil bolívares en efectivo y le transfirió el resto a una cuenta a través de su celular.

Como si fuera poco, en días pasadas, del propio seno del CICPC revelaron que las investigaciones hechas en materia de robo y hurto de vehículos han arrojado que “en la C-1, oficiales del CPBEZ y la PNB colocan falsas alcabalas, retienen a choferes de camionetas último modelo y luego lo ‘pichan’ a robacarros de La Concepción”.

Mientras acusaciones anónimas van y vienen, las mafias hamponiles y la corrupción policial siguen destrozando el bolsillo de los zulianos.