El heroísmo que no aplica

Dios cuide a Rosinés Chávez. Si yo fuese ese hombre joven que lloró conmigo ayer en la puerta de la Catedral de Caracas, si yo fuese él, y viese a mi hija a punto de morir de hambre, yo creo, Dios mío, que yo saldría a la medianoche a hacer algo para que mi hija no vaya a la tumba”, dijo el fallecido Hugo Chávez al principio de su gobierno, durante un acto en el paseo Los Próceres. El video corre en varios perfiles de Facebook.

Chávez no se quedó en el comentario, sino que retó a todo el tren ejecutivo de la época (algunos no eran “revolucionarios”) a dar una respuesta: “¿no cree usted, señor fiscal; no cree usted, presidente del Consejo Nacional Electoral; no cree usted, ministro de la Defensa? Yo creo que yo pudiera hacerlo”.

arenasEl exmandatario defendía el derecho del hambriento a robar comida; reinvidicaba el saqueo por necesidad, ese que sirvió de mito fundacional a su revolución, “El Caracazo” de 1989, y con el que justificó los dos alzamientos militares de 1992.

La escasez de alimentos y medicinas, en 2016, vuelve a interrogar al ciudadano y sus gobernantes: cuándo es por hambre el robo y cuándo por vandalismo; y sobre todo, ¿existe una justificación para ambos casos?

Los saqueos perturban el acuerdo social, y a la sociedad en sí, sea cual sea el motivo, advierte el sociólogo Miguel Ángel Campos, profesor de la Universidad del Zulia (LUZ). No se puede justificar desde el aleccionamiento de Chávez (robar no es malo si lo haces por hambre) y tampoco como fruto de la descomposición social.

Respuesta duradera
En Venezuela hay saqueos desde 1812, recuerda Campos. ¿Pero por qué? “Si te preguntas por los saqueos de estos días, vas a encarar la circunstancia policíaca: el bachaqueo, la carencia. Pero una sociedad saquea porque no tiene sentido de la presencia del otro, no hay alteridad, no hay sentido de la herencia colectiva y la percepción del Estado de derecho es muy frágil”.

Todo ello condiciona la reacción de la gente en los minutos finales de la crisis. Asuntos de fondo que, afirma el académico, pasan por el desprecio absoluto por la vida, indiferencia hacia el orden societario y un alto sentido de la impunidad.

Las sociedades que saquean es porque la impunidad es un hecho: no hay sanción, no hay responsabilidades individuales, colectivas, ni institucionales. Y todo se deja a una explicación que es, sobre todo, una justificación: la necesidad. ‘La gente necesita, la gente está pasando hambre’, y eso no puede ser visto con ojos agrios”.

localesCampos señala que la sociedad venezolana ha demostrado su miedo a la violencia de las fuerzas de seguridad del Estado en eventos como los de la semana pasada, en los que fueron arrasados 73 locales. Privados y públicos. Por lo que solo el rumor de la militarización tiene un efecto inhibidor, al menos a medias.

“El saqueo es oportunista también: los saqueadores no se hacen matar, son acarreadores. Hay mucho de vandalismo, pero se están planteando un problema de acopio: llevarse una caja de cerveza, un paquete de harina. Gratis. La idea de lo gratis es esencial para el saqueo en Venezuela”.

En 1989, añade el sociólogo, el Estado dejó claro que va a reprimir siempre. Sea socialista o liberal, porque tiene un orden y un poder que defender frente al caos. “Y va a matar gente. Ahora, la gente va a salir a saquear en la medida en que pueda resguardar la vida. En el 89 se desbordó la fuerza y hoy estamos creyendo que esa fuerza tiene instrucciones: el eco de la prédica de los pobres, del pueblo, y que el Ejército no va a matar gente. Pero yo no estoy muy seguro de eso”.

Imposiciones
El sociólogo Ender Arenas destaca que en estos episodios es el orden lo que está en tela de juicio, porque hay grupos que quieren hacer pasar sus principios individuales como los principios de todos, y la sociedad desemboca así en escenarios de confrontación.

“Que Néstor Reverol (comandante general de la Guardia Nacional), Padrino López (ministro de Defensa) y Arias Cárdenas (gobernador del Zulia) digan que una supuesta derecha está pagando los saqueos, es peligroso, porque la Fuerza Armada es un factor muy dominante que quiere hacer pasar sus principios constitutivos como los de todos. Eso nos pone en una situación de dictadura”.

La militarización de las calles para mantener la estabilidad social, explica, es distinta a la de 1989. En la nueva metodología hay pocos uniformados y la vanguardia la asumen los colectivos armados, a los que califica como “enclaves autoritarios” dentro de la sociedad civil, creado y financiados por el chavismo.

En las guarimbas de 2014 actuaron hombro a hombro con la Guardia Nacional y se les acusa de gran parte de los 43 manifestantes asesinados en ese entonces. “La represión tiene un costo muy bajo para el Gobierno. No va a emplear a los militares inicialmente, sino a los enclaves autoritarios. Después irá la Guardia Nacional, a la que el Gobierno le ha puesto sobre los hombros todo el peso de la represión contra los venezolanos”.

Arenas estima difícil saber si saquea por pura necesidad, pero señala una diferencia entre los hechos de 1989 y 2016: a finales de los 80 la gente irrumpió en supermercados, bodegas y algunas tiendas de electrodomésticos. Nunca se pensó en atacar Miraflores o las casas de los partidos, no hubo una rebelión contra el Gobierno; pero la semana pasada, la sede del Saime de Sabaneta, fue objeto de la ira de las masas.

“Aquí hay un poco de todo: gente con necesidades, que se lleva un paquete de arroz, y otra que aprovecha para llevarse un televisor de 80 pulgadas”.