Maracaibo, Venezuela -

Investigación

Ceder, el verbo más caro del diálogo

martes 01/11/2016
3:36 AM
  • José Flores Castellano

  • @versionfinal

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Pocos opositores confían en las negociaciones entre el Gobierno y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), pero la mayoría pre ere que ambas partes dialoguen antes que haya enfrentamientos callejeros y muertes. En la Toma de Venezuela, el miércoles 26 de octubre, hubo 120 personas heridas, 147 detenidas y un policía del estado Miranda asesinado.

“Ahora el mayor riesgo que hay es sobre la unidad de la oposición”, comenta Humberto Amado Cupello, director de la escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Rafael Urdaneta (URU), trastocada en los últimos 10 días tras la suspensión del referendo revocatorio, una posible negociación política con el chavismo y su concreción, el domingo, que los seguidores de la MUD perciben como una maniobra dilatoria del presidente Nicolás Maduro para aferrarse al poder.

“Pero el diálogo es necesario, porque existen dos partes: una, que gobierna; y otra, que está en el bando opositor. Y ninguna tiene unilateralmente capacidad de gobernar. A pesar de que este es un Gobierno fuerte, en teoría, tiene serias debilidades a la hora de tomar decisiones porque ellos mismos no tienen consenso. Por eso es que no hay decisiones, solo anuncian cosas que no van dirigidas a resolver los problemas en su estructura sino que son políticas de maquillaje”.

La calidad de vida de los venezolanos empeora a diario y la situación económica se agrava aceleradamente. Sobre el chavismo, también, hay mucha presión, señala Cupello.

Las elecciones

Si el referendo revocatorio no se celebra este año, lo cual impide que haya un cambio de sistema político, es momento de que la MUD cambie su estrategia y exija elecciones generales para 2017, opina Jesús Castillo Molleda, politólogo y docente universitario. Es un sacrificio, sí, pero vale la pena. “Es como cambiar una cha de negociación, y si lograras algo de ese tipo, la esperanza de tus seguidores continuará en la mesa”.

El Gobierno nacional no es de hierro y, a juicio de Castillo, va a ceder algunos espacios. Por ejemplo, que les otorgue la medida de casa por cárcel a líderes opositores de alto perfil y que deje en libertad a los estudiantes presos. “Y sería una jugada de muy alto nivel, para descuadrar el tema de Voluntad Popular, que le dieran casa por cárcel a Leopoldo López”.

La intercesión del Vaticano es otro factor que la MUD debe saber apreciar y utilizar, añade el politólogo. Porque es un mediador más confiable que Unsaur, la OEA y la ONU. Es el momento de que la oposición busque logros en la mesa de diálogo, de que tienda puentes hacia un gobierno asfixiado que, en su interés de ganar tiempo, cederá espacios.

“Mucha gente hoy, y es la ventaja que hay que saber administrar, tiene una cierta esperanza en estas mesas de diálogo, y no es porque crea en los actores políticos que la están iniciando, sino porque sienten que el Gobierno no tiene otra oportunidad. Y la gente quiere más diálogo que conflicto”.

Castillo Molleda opina que la Mesa de la Unidad “está quebrada”, porque en ella conviven quienes comprenden que no es lo mismo tumbar un gobierno y no poder gobernar luego, que para mandar a futuro hay que involucrarse en un proceso de negociación, y los que no lo entienden. “Y hay tomar en cuenta a un actor muy importante, que es la Fuerza Armada, que está posesionada de la administración pública del país”.

Paciencia

A juzgar por la características de los grupos en pugna, no se le puede pedir demasiado a este primer acercamiento, dice Leoncio Pinto, sociólogo y analista político. Chavismo y oposición transitan, históricamente, en medio de una profunda desconfianza mutua, un elemento que torpedea la posibilidad de dialogar porque ninguno puede predecir el comportamiento de su interlocutor.

“Es un proceso cuyos resultados no se ven de inmediato. Unos tienen prisa por conquistar el poder y otros por mantenerse. Tenemos que tener un poco de paciencia porque va a ser lenta, con altos y bajos. Vamos a ver contradicciones dentro de la oposición; también dentro del Gobierno, entre los sectores democráticos y los radicales”.

Se abrió una posibilidad de negociación, que como todas, implica una relación de ganar-ganar, recuerda Pinto. Recomienda cautela a los negociadores, pero cree que es justo saludar con beneplácito que se hayan sentado a conversar.

¿Se enfrió la calle?

La MUD asegura que mantiene las agendas de calle, parlamentaria, e internacional para restituir el orden constitucional en Venezuela y para que el pueblo ejerza su derecho al voto. Esto incluye la marcha hacia el palacio de Miraflores, el jueves 3 de noviembre.

“Es lo más peligroso que tenemos ahorita. Lo que dice Voluntad Popular y Primero Justicia y Acción Democrática, y creo que todos los partidos están de acuerdo en eso, es que si de aquí al jueves no hay una garantía por parte del Gobierno de que los puntos fundamentales de la negociación se logren, ellos van a ir a la marcha”, añade Cupello.

La MUD entiende que esta marcha puede ser el punto de quiebre para el Gobierno, no porque vaya a derrocarlo, sino porque así el chavismo entendería que no pueden violar el orden democrático impidiendo las elecciones.

Castillo Molleda opina que si la oposición quiere mantener su agenda de calle, tiene que ser muy cuidadosa. De hecho, cree que esta vez el “salvavidas” del diálogo se lo arrojaron a Maduro y a la MUD.

“¿Qué hago yo con convocar a una gran manifestación el 3 de noviembre hacia Miraflores para entregar un documento, en un territorio que tiene 17 años que no ocupa, para que la gente termine yéndose a su casa otra vez y el Presidente sigue en su posición? No vas a conseguir nada distinto salvo llegar a Miraflores”.

Pinto prevé que los opositores no se limitarán a dialogar. Pueden ejercer presión, claro, pero dentro de los canales democráticos. “La marcha a Mira ores podría hacer implosionar a la MUD, si hay enfrentamientos y sangre. Cualquier resultado que sea catastrófico allí, será catastrófico para la MUD. El diálogo significa avance y retroceso, es un camino demasiado sinuoso para que los actores se pongan de acuerdo”.

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