Maracaibo, Venezuela -

Política y Dinero

Camuflan marcas “chimbas” como productos de primera

Expertos aseveran que marcas duplicadas son un riesgo para la salud pública por no contar con controles mínimos de autenticidad

lunes 16/04/2018
10:00 AM
  • Kalena Dávila Méndez

  • @versionfinal

  • Referencial

Desde el anaquel, un envase de vidrio con tapa azul y etiqueta amarilla atrapó su atención en un segundo. Julio Jiménez creyó haber visto uno de los productos más ausentes de su alacena: mayonesa Kraft de medio kilo. Se emocionó y de inmediato pidió una unidad a la cajera que lo atendía. 350 mil bolívares canceló por el frasco que ante sus ojos brillaba como oro puro.

Al llegar a casa y desempacar las bolsas de su compra se percató de que, pese a contar con las mismas características visuales, no se trataba de su salsa favorita. Miró detalladamente y lo que había comprado resultó ser mayonesa “Fraft”, tan solo una letra y el eslogan de “La más sabrosa” eran lo que la diferenciaban de “La auténtica” que tanto añoraba.

En Venezuela, por el profundo desabastecimiento de alimentos y productos de aseo personal, las marcas “chimbas” parecen llegar para quedarse y sustituir los artículos de alta gama que solían preferir los consumidores.

“Destapé el paquetico creyendo que había comprado una Oreo, pero al probarla me di cuenta que el sabor era totalmente distinto. Cuando leí bien las letras en la bolsita noté la diferencia. Era una Oieo”, detalla Verónica Ramírez después de pagar 50 mil bolívares por el empaque azul, de letras blancas y con cuatro galletas.

Mimetismo

En condiciones de una economía estable, con variedad de marcas para distintos rubros, la estrategia de introducir nuevos productos a la competencia, mejor conocida como mimetismo, resulta una práctica usual dentro del mundo del mercadeo.

Crear artículos con identidades visuales similares a las de una marca líder, según el mercadólogo, Jaime Fornez, facilita al consumidor la atracción de una nueva marca que intenta calarse en el mercado. “Ahora, en las condiciones de desabastecimiento en las que vivimos nosotros, al no haber alternativas de productos, esa marca no reconocida y de baja calidad es la que se compra”, explica el profesor universitario.

Sin embargo, Fornez señala que la permanencia de estos productos que emergen en el mercado dependerá del uso que le ofrezca al consumidor. “Es normal que no cumplan con los estándares de lo original”.

Las oportunidades de estos artículos “tapa amarilla”, que aprovechan la ausencia de los originales, se fortalecen al inmiscuirse en un mercado cautivo insatisfecho, es decir, lleno de consumidores con bajo poder adquisitivo que buscan saciar sus expectativas con el producto, según explica el experto en publicidad y mercadeo, José Nicolás Gómez.

“Desde un punto de vista financiero, encontramos que dentro de una economía hiperinflacionaria, con regulación de precios y control cambiario; las oportunidades de producción local se transforman en el negocio de la importación sustitutiva”, comenta.

Sin controles

A Ramón Paradas una rasuradora con aspecto casi idéntico a las reconocidas Gillette, pero de nombre Gilittey, le dejó pequeñas cortaduras en gran parte de su mentón. “Parecía una lija. De paso me irritó la piel”, comenta.

Algunos presumen que las marcas “chimbas” son clones comerciales procedentes de China, la India y Turquía. Muchas de estas duplicaciones carecen de medidas sanitarias y de procesos mínimos de comercialización.

“Son en gran medida una falsa promesa mercadotécnica, un factor de riesgo a la salud pública y la peor inversión para quien quiera evaluar una relación costo-beneficio”, resalta Gómez.

En Venezuela, los derechos legales de autores de marcas son vulnerables al plagio, asegura Oswaldo Gómez, diseñador gráfico publicitario.

“Todas las marcas reconocidas hacen su estudio en cuanto a la psicología del color y la psicología de la forma para desarrollar sus empaques y establecer su marketing. Sin embargo, hay otras que no pueden hacerlo y se aprovechan del esfuerzo de las ya establecidas”, sostiene.

Las reacciones suelen ser de impotencia. Julio Jiménez, decepcionado y enfurecido, regresó al establecimiento para devolver su mayonesa “Fraft” y recuperar su dinero. No quiso arriesgarse a destapar el frasco y encontrarse con un sabor desagradable.

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