Maracaibo, Venezuela -

Política y Dinero

Acoso a hijos de funcionarios chavistas crece en el exterior

martes 16/05/2017
5:58 AM
  • Isabel Cristina Morán

  • @versionfinal

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El venezolano está arrecho y busca alternativas para drenar.

La ira es una de las cinco emociones básicas experimentadas por el ser humano. Se activa a partir de procesos neurales específicos. Corporalmente, se manifiesta con resentimiento e irritabilidad.

Ira siente un venezolano que se desplaza a otro lugar del mundo debido a una circunstancia económica y política fuerte. Porque no hay oportunidades reales para progresar. Esa forma de “irse” produce rabia y dolor. Un dolor que se une a expectativas no cumplidas. A una idealización rota.

Un ciudadano que “se fue sin querer” ve al hijo de un funcionario público o líder revolucionario en un restaurante en Estados Unidos. Observa cómo cena pasta a la carbonara con pan tostado, untado con aceite de oliva, tomates secos y orégano, por ejemplo. Y para beber, vino tinto.

Piensa en lo que cuesta un kilo de espaguetis en Venezuela. Seis mil quinientos, en promedio. Euforia, éxtasis. Ira. De manera que lo agrede verbalmente no sin antes “subir” una foto en Instagram o escribir un tweet.

Efecto dominó, así de sencillo. El sociólogo Héctor Govea lo explica a partir de un razonamiento lógico: “por qué esta gente no está pasando las calamidades que nosotros pasamos, por qué tenemos que emigrar de un país a otro y ellos están aquí en una condición distinta a la mía, que soy un exiliado”.

Hay venezolanos viviendo en refugios y de caridad en el exterior. Quizá el país con más residentes criollos sea Estados Unidos. Nueve mil 409 obtuvieron visa de residente permanente en 2010, según las cifras del servicio de inmigración y ciudadanía, del departamento de seguridad interna de la nación americana.

Entonces, continúa Govea, se trata de una situación de tipo estructural. Una sociedad que está marcada, desafecta, una sociedad enardecida. Por tanto no es fortuito lo que sucede.

Por nexos de filiación

—Sé que generará críticas, pero debo decirlo con claridad: no es correcto, moral ni políticamente, acosar hijos de funcionarios.

—Si queremos lograr que salgan más hijos como los de Tarek y el comandante del fuerte Bolívar, la vía no es el acoso personal.

Esos dos tweets los escribió el diputado Freddy Guevara, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, el 12 de mayo.

Las reacciones se dieron enseguida: “¡A callar! la gente está arrecha, no vamos a lanzar ores a quienes nos tienen como estamos. Viejo, es imposible parar a un pueblo arrecho. No está en manos de ustedes; los que estamos en el extranjero tenemos que hacer nuestra parte. Que se vengan a Venezuela y vivan su socialismo y revolución”.

Una palabra tiene la socióloga Catalina Labarca: autocontrol. La información y desinformación que se genera en las redes sociales hace que la gente se enardezca contra el tercero. Que aplique la lógica simplista de los enemigos de mis amigos son mis enemigos. Trasladan la responsabilidad y se la atribuyen al otro por efectos de filiación. “La gente supone que un chavista está en el exterior con dinero robado”.

Son reacciones que se despliegan y generan un efecto dominó, lo cual produce una situación de desconfianza política, que raya en niveles extremos. Intolerancia. Agresión. Hasta a los golpes se puede llegar.

País sin normas 

La anomia se define como un estado de desorganización social que es consecuencia de la falta o incongruencia de normas sociales. Para el profesor y sociólogo Ender Arenas, ese término describe a la sociedad justo ahora.

Cuando no hay normas que logren la unificación de la sociedad, se desvanece el proceso de integración socionormativa. El proceso es, asegura, generalizado, progresivo y sistemático.

Se cayeron las pautas y normas que regían la conducta del venezolano. Cada actor social pretende hacer pasar sus normas por encima de sus pares. Este proceso de polarización se traslada a donde haya venezolanos indignados o perseguidos, inmersos en una situación precaria en el exterior. Entonces, al encontrar a un hijo de funcionario comiendo pasta en un restaurante en Estados Unidos, ese su rencor se profundiza.

Esta es una sociedad que se enfermó hace 20 años, rememora el académico. En la época de Rómulo Betancourt, se separaron las reglas constitutivas —dictan la manera correcta de actuar— de las reglas normativas —las escritas en la Constitución y otras leyes—.

Lo que ha pasado en estos 18 años es que el chavismo promovió la convivencia de reglas normativas con sus reglas constitutivas. Es cuando nos embromamos (…) Ellos imponen un modelo, y hoy tenemos un país de agredidos y agresores. En estos términos, no podemos esperar que ese otro se quede tranquilo”.

Cuando hay anomia, puede haber confrontación civil. Y los resultados son negativos. “Dictadura”. En todo caso, autocracia.

La solución está en manos de quien tiene el poder y quien tiene la fuerza. En otras palabras: el Gobierno.

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