Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Una devoción sin límites, por Jesús Salom Crespo

domingo 19/11/2017
9:44 PM
  • Jesús Salom Crespo

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En el sentimiento que denominamos zulianidad tiene lugar preponderante la devoción a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Desde que nacemos y sin importar la fuente de otras confesiones religiosas de la cual bebamos, los zulianos veneramos a la madre espiritual de este pueblo bravo y generoso “que en la vida y en la muerte / llora, lucha, canta y  ora” como poetiza su himno.

El fervor mariano nos convoca cada 18 de noviembre a festejar la aparición de la sagrada “Dama de El Saladillo”. Más que una entrega al jolgorio con amaneceres, el juego de “Las Águilas del Zulia” y otras actividades de entretenimiento, las fiestas están dedicadas esencialmente a la renovación de ese amor infinito; a mostrar con nuestra presencia en su casa y en las procesiones, el compromiso que como una ofrenda ofrecemos a la santa imagen para expresarle gratitud por una petición concedida; cuando no el simple gozo de visitarla en su día y sentirla más cercana.

Cierto es que el misticismo zuliano se ha ido perdiendo en las intricadas sendas del consumismo exacerbado y el carácter comercial de la Feria instituida en su honor; pero el declive que ha mostrado en los últimos años el evento, como consecuencia de la caótica realidad económico-social y política del país, es una oportunidad para el rescate de los valores de la celebración mariana. Para estrechar el acercamiento espiritual del pueblo zuliano al foco de las fiestas, la divina imagen de la “Reina Morena”. Un pueblo que pide en oración y se aferra a la imagen de la tablita en la esperanza de que la advocación de la madre de Jesús mire con ojos piadosos a sus hijos y haga más llevadero su tránsito por este valle de lágrimas en que se ha convertido tanto el Zulia como Venezuela toda.

Con esa misma premisa, en el Vicerrectorado Administrativo de LUZ rogamos a la santa patrona nos acompañe e ilumine para que podamos seguir adelante en una gestión signada por factores que fácilmente podrían hacernos desistir de la lucha diaria. No obstante, con la fe inquebrantable en las potencialidades y capacidades del equipo de trabajo que me acompaña y el efectivo trabajo colectivo que realizamos, podemos sortear los obstáculos que se nos oponen y lograr los objetivos trazados. Este esfuerzo cotidiano es una ofrenda a la  santa Madre Chiquinquireña.

Con igual fervor pedimos a La Chinita por los actores políticos y la sociedad civil organizada; porque se entienda que la unidad nacional es un acto de amor hacia Venezuela y se comprenda que cualquier solución posible a la trágica problemática parte del diálogo sincero, transparente  y sin cortapisas. Así sea.

 

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