Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Un nuevo tirano, por Jorge Sánchez Meleán

jueves 01/06/2017
6:07 AM
  • Jorge Sánchez Meleán

  • @versionfinal

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En 1826, Venezuela sufrió una crisis política de trascendental importancia en nuestra historia. En marzo, la Cámara del Senado de Bogotá suspendió del cargo de Comandante General del Departamento de Venezuela a José Antonio Páez. Las Municipalidades de Valencia y Caracas se opusieron y lo restituyeron como Jefe Civil y Militar de Venezuela. Santander lo declara en rebeldía. Se había iniciado “La Cosiata” que devino tres años después en la separación de Venezuela de la Gran Colombia. Ante ello, Bolívar desde Lima decide regresar a Venezuela, para “evitar la guerra civil, que al fin vendrá a ser el resultado de las opiniones que dividen al país si se dejan correr sin orden ni objeto…”, como lo expresa en carta a Urdaneta. Decide entrar a la patria por Maracaibo, como base para la acción que se proponía sobre Venezuela. Expresa: “vengo lleno de celo a consagrarme a la voluntad nacional: ella será mi código, porque siendo el soberano es infalible”.

En 2017, Venezuela sufre otra crisis política que nos tiene al borde de la guerra civil, en medio de opiniones que dividen al país, y que nos están dejando “sin orden ni objeto”. Pero ahora no vemos a nadie con suficiente talla moral que pueda consagrarse a la “voluntad nacional” sino al contrario, a violarla, a menoscabarla. En 1826 , en medio de aquella crisis, desde Maracaibo, Bolívar expresó en inolvidable proclama: “Ofrezco solemnemente llamar al Pueblo para que delibere con calma sobre su bienestar y su propia soberanía”. Allí, el pueblo ejercerá libremente su omnipotencia, allí decretará sus leyes fundamentales. Tan solo él conoce su bien y es dueño de su suerte; pero no un poderoso, ni un partido, ni una facción. Nadie, sino la mayoría es soberana. Es un tirano el que se pone en lugar del pueblo; y su potestad, usurpación”.

Hoy en cambio, un hombre mediocre, pretende desconocer la “voluntad nacional” en medio de esta grave crisis, apelando a una Asamblea Constituyente fraudulenta, que nadie quiere y que se burla de la soberanía popular, sin resolver ninguno de nuestros urgentes problemas. Como bien lo decía Bolívar, no es ningún “poderoso, ni un partido, ni una facción “los que pueden imponer al pueblo decisiones fundamentales, pues “solo él conoce su bien y es dueño de su suerte”. Así pues, “nadie, sino la mayoría es soberana” y cuando un hombre que se cree poderoso “se pone en lugar del pueblo” y usurpa su potestad, para el Libertador, simplemente es un tirano, así como para la gran mayoría de los venezolanos, que bien sabemos que nombre tiene el de hoy: Nicolás Maduro. Ningún tirano, pues, merece tener en sus manos el destino del pueblo venezolano. Solo aquel ciudadano, que por el voto universal, directo y secreto el soberano escoja, lo antes posible, para enfrentar esta crisis que nos agobia. Basta ya de distracciones fraudulentas como la de una Asamblea Constituyente innecesaria y tramposa, que agravará nuestros graves problemas. Venezuela no necesita un nuevo tirano, sino un estadista verdadero que nos conduzca al siglo XXI.

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