Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Tratado de armonía, por Ángel Lombardi Boscán

domingo 27/08/2017
5:52 AM
  • Ángel Rafael Lombardi BoscánÁngel Rafael Lombardi Boscán

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Luego de casi diecinueve años alejándonos del siglo XXI: “Los años pasan y el tiempo duele”. Los que no podemos huir hacia el exterior corremos el riesgo de morir de tristeza atrapados en ésta “ruinas circulares” en que se nos ha convertido Venezuela. La imperfección e insatisfacción define a lo humano. Encontrar la armonía es la utopía personal perdida, y ésta búsqueda va más allá de las adversas circunstancias sociales que hoy nos toca padecer a la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Lewis Carroll (1832-1898) podría hacer la saga de “Alicia en el país de las maravillas” (1865) tomando como inspiración la actual realidad venezolana. En fin, el balance es desolador: “Para mis amigos todo, para mis enemigos la Ley”. Agréguele usted el actual descalabro económico y una hiperinflación como en Zimbabue en África.

El nuevo escenario pareciera dictarlo quienes prevalecen. Ahora llaman a votar cuando antes no les interesaba hacerlo. ¿Habrá alguna diferencia? Mucha gente me pregunta: usted es historiador y por lo tanto sabrá lo que aquí va a suceder. Les miro compungido y les digo que no tengo la menor idea ya que la incertidumbre es la trama de la historia viva. Sólo les señalo que ya está pasando y que nos toca resistir y sobrevivir a todo esto. Que deberíamos aprender de ésta escuela de la adversidad a través de una resignación sana sustentada en un optimismo realista.

Luego está proteger a los nuestros, que no es poca cosa, desde una capacidad de amar infinita contra todos los pronósticos y amenazas desalentadoras. “Por más duro que sople el viento, no se turba el agua en lo hondo del pozo”. La esperanza es más importante que el miedo. Ernst Jünger (1895-1998) sostuvo que: “es necesario conquistar la calma espiritual y perseverar en ella, mientras algo se mueva”.

El cansancio moral sobrepasa al físico y el agobio se instala como un huésped indeseable. Nos sentimos arruinados vitalmente sin sospechar que sólo de nosotros depende la posibilidad de conseguir un segundo nacimiento.

Sí algo positivo nos ha dejado ésta hecatombe en aspectos claves de la psicología cognitiva es desechar la idea arrogante de que podemos “controlarlo todo”. Una vuelta a la humildad; un regreso escarmentado para sacar enseñanzas de provecho.

Leer a Job bien valdría la pena. El venezolano no entiende la paciencia como virtud, que no es otra cosa que: “desprenderse de las expectativas y resignarse a que las cosas sigan su curso”. Aceptar lo peor que pueda ocurrir es lo mejor que nos puede pasar porque de esa forma estamos preparados para enfrentar todas las dificultades.

“A veces, ante tantas preguntas, el rostro se oscurece más y más, se funde con la oscuridad del cuarto. Y, al ocultarse, calla doblemente. Y, callando, me da las respuestas que busco”. Antonio Colinas.

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