Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Ser profesor es ser autónomo, por Judith Aular

martes 05/12/2017
7:07 AM
  • Judith Aular de Durán

  • @VersionFinal

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Ser profesor universitario es un gran honor, aunque esta siga siendo una profesión crónicamente invalorada, con una remuneración inadecuada, y con medios que aún refuerzan el mensaje de que el mundo no valora los hombres y mujeres que educan a nuestros hijos a diario, desde la Universidad del Zulia (LUZ) sabemos que existen muchos profesores dedicados que hacen día a día un gran trabajo.

Los profesores son los encargados de cambiar el mundo para cientos de jóvenes que empiezan a evaluar sus vidas a través de las palabras de sus mentores, a resolver las dificultades a través de los problemas del salón de clases y a comunicarse eficazmente a partir de una pregunta que seguramente tendrá una respuesta que los llevará a una exhaustiva e interesante investigación.

Tener una mente acuciosa, interesarse por la investigación permanente y un espíritu de lucha incansable son solo algunas de las características que los profesionales de la educación deben tener, y es que tal como la historia venezolana lo refleja, han sido muchas las luchas libradas por estos grupos gremiales en las casas universitarias.

El Día del Profesor Universitario revive el Decreto Ley N° 458 sobre las Universidades en la que se contempló la autonomía académica, administrativa y electoral. El proyecto de la ley fue elaborado seguidamente al derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958, derogando de esta manera la Ley de Universidades de 1953.

Este decreto dio paso a la autonomía universitaria, el cogobierno, la extensión universitaria, el acceso por concursos y la periodicidad de las cátedras, libertad de cátedra, cátedra paralela y cátedra libre, acceso masivo y gratuito, vinculación de docencia e investigación, inserción en la sociedad y rol de la universidad, solidaridad latinoamericana e internacional, unidad obrero-estudiantil.

Así, los profesores, desde el aula de clases son los primeros motivadores para el arduo trabajo de la libertad y la pluralidad, pues tienen la fortaleza de administrar sus propios recursos académicos.

Ser un buen maestro es una credencial de elevado peso moral que se obtiene con mucha pasión. De eso damos fe los que decidimos asumir esta insigne misión de enseñar.

 Han sido las universidades venezolanas, guiadas por sus docentes, quienes han colmado con profesionales de calidad y de comprobado rendimiento los cuatro puntos cardinales del país.

Ojalá y que la nueva generación de estudiantes investigadores y emprendedores asuman este rol importante para la sociedad, es necesario continuar en la formación de los jóvenes, un proyecto de vida universitaria ideado por grandes humanistas como Jesús Enrique Lossada.

Desde el Vicerrectorado Académico de LUZ, extiendo mis felicitaciones a los docentes universitarios, a propósito de celebrarse ayer martes 5 de diciembre y los invito a seguir  adelante en la inmensa labor de formar a los nuevos hombres y mujeres de esta sociedad. Honor a quien honor merece.

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