Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Se busca chivo expiatorio, por Maryclen Stelling

martes 05/01/2016
8:38 AM
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La clara y dura derrota de candidatos del Gobierno en la contienda del 6-D (6 de diciembre) ha generado reacciones diversas en el sector perdedor. Abordaremos una corriente de opinión que emerge de voces de izquierda comprometidas con el proyecto de país “bolivariano-socialista-chavista”. Hombres y mujeres que expresan abierta y honestamente su sentir y posición poselectoral en artículos de opinión en medios y redes sociales.

Superada la sorpresa inicial y en procura de encontrarles sentido a los resultados electorales, destaca una corriente analítica que, de manera homogénea, dota de sentido la derrota del 6-D. En oposición al “héroe nacional” forjador de la Revolución, se comienza a construir un “chivo expiatorio”, quien cargará con la responsabilidad de la “debacle electoral”, expresará la culpa colectiva y en adelante será depositario de todo lo negativo e intolerable. Suerte de “falso culpable… elegido como sacrificable” para que retorne la esperanza y se recupere la “normalidad”.

Del “culpa’e Chavez” opositor se pasa al “culpa’e Maduro” chavista. Se inicia un proceso demonizador que conduce a una rotulación perversa y al endoso de etiquetas radicales que convocan sanciones duras y castigos. A Maduro, el hombre que no pega una, le falta carácter y poder de decisión. Megalómano que ha desatado un populismo exagerado. No aprende nada, se hace el sordo y también el mudo y, en desmedro de la voz del pueblo, solo oye las razones que quiere y pre ere hacerle caso a “la cuerda de aduladores que lo rodean”. Pare de mentir y hablar paja sobre la paz. No anuncie y juegue duro, “tan duro como jugaron ellos contra la Revolución Bolivariana”. Maduro el que nos hace sentir defraudados, engañados y traicionados.

La violencia sacrificial surge cuando se está en “un callejón sin salida” y no se divisan alternativas. “Maduro: ¡Más de lo mismo o un nuevo Presidente!” Lo que se necesita es un líder con “las bolas bien puestas” que “se lleve por delante a amiguitos, familiares, conocidos, camaradas, compañeros y militares ineficientes, ineficaces, aprovechadores, desleales y corruptos”. “Se busca capitán para nave a punto de naufragio… por la indecisión del comandante de la misma”.

Finalmente, tiene lugar una deslegitimación grupal que ubica a personas amenazantes o traidoras en una categoría negativa. Tal es el caso de los “autocalificados hijos de Chávez”, señalados de decadentes y falsificadores, en la procura de sus intereses en desmedro de la Revolución. ¿Retornará la esperanza?

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