Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Resurge la oposición política, por Jesús Salom

sábado 03/09/2016
7:41 AM
  • Jesús Salom C.

  • @versionfinal

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La protesta social pacífica es una forma de expresión ciudadana que tiene como objetivo llamar la atención sobre determinado problema, exigir el cumplimiento de derechos o modificar una situación dada. Es una expresión de libertad que se manifiesta de diversas maneras y en Venezuela es la clara demostración de la crisis política, social, económica y cultural que ha sumido al país en el caos.

La Toma de Caracas, convocada por la MUD y otras organizaciones sociales, fue una protesta política para exigir la continuidad del proceso revocatorio del presidente de la República en el 2016, al no inspirar confianza en el ejercicio del cargo. No solo se trata de su falta de visión de país sino por su decisión de no decidir nada, atrapado en una ideología que le impide mirar la realidad desde otra perspectiva; mientras crea distorsiones que afectan la gobernabilidad democrática y restringe libertades básicas, para impulsar un proyecto de sociedad socialista no prevista en la Carta Magna.

En la Toma de Caracas, se mostró la función esencial de los partidos y movimientos políticos: estimular la organización de la vida política nacional. Se observó la solidaridad, la cooperación y el acompañamiento de estas organizaciones al ciudadano en sus reclamos por mejores condiciones de vida y en la aspiración de realizar un cambio político dado el agotamiento y fracaso del modelo vigente. El instrumento constitucional RR podría ser una oportunidad para la convivencia y la reconciliación de los venezolanos porque, independientemente de su posición ideológica, están unidos en el propósito de superar el deterioro institucional.

Fue un paso de avance para superar los miedos a la actuación de los partidos políticos, que casi desaparecen en 1998 cuando se jugó a la antipolítica. Señalados como los causantes de los males del país y ciertamente la corrupción les marcó para siempre; pero en 17 años ese flagelo se ha vuelto incontrolable. Esto significa que es un problema ético y moral, de relajamiento de los principios y valores que llegó a todos los intersticios del tejido social.

En este ambiente enrarecido, la intermediación de los partidos políticos es imprescindible para que, más allá de su propósito de toma del poder, asuman un rol activo en la educación en valores del ciudadano, seleccione, de acuerdo con criterios meritocráticos, a quienes ocuparán los cargos de la burocracia gubernamental; fomenten la transparentes en el ejercicio de sus funciones y la rendición de cuentas.

 

 

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