Maracaibo, Venezuela -

Opinión

¿Quién llora a nuestros muertos?, por Nicmer Evans

sábado 27/05/2017
4:40 AM
  • Nicmer Evans

  • @versionfinal

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No voy a dar un parte de guerra, me niego a darlo. También me niego a contar los muertos por color o posición política, acción que exacerba aún más la segregación de los venezolanos. Hoy, por el contrario, quiero contar a nuestros muertos, todos, esos que por cualquier causa y donde haya sido, han caído producto de la violencia política.

Donde no puedo ser aséptico es en las causas. Ningún venezolano merece morir por protestar o por cumplir su trabajo como funcionario del Estado, es indignante que alguien muera por apoyar al Gobierno, a la oposición o porque pasaba accidentalmente por donde no debió pasar.

Pero aún más, me perturba ver cómo algunos de manera conveniente utilizan los nombres de venezolanos que no debieron morir, para apropiarse del dolor de sus familiares unas horas, y después desecharlos en la historia. Aquellos que lloran estos muertos un instante, jamás, nunca, podrán llorarlos como sus familiares, como esa madre o ese padre que se quedaron sin parte de su vida, de su esencia, de su esperanza, del sentido de patria. Para muchos, la patria se muere con cada uno de los que terminan siendo víctimas de la incapacidad de resolver nuestros problemas. Nuestros muertos, porque todos son nuestros, los lloran las madres, los padres, los hermanos, la familia, las parejas, pero aunque no todos los lloremos, son nuestros muertos.

¿Será que el Gobierno y la conducción política de la MUD serán incapaces de reaccionar ante el dolor de las familias que entierran diariamente a sus muertos? ¿Por creer tener la única razón, serán capaces de conducirnos a una confrontación civil estéril, que solo logrará demostrar cómo esta mal llamada “civilización” sigue siendo capaz de exterminar a quienes deberían forjar el futuro de un país? ¿Están dispuestos a mancharse de sangre, sea por la causa que sea, sin conmoverse eintentar evitarlo?

Algunos, apelan a las heroicas luchas de emancipación de hace dos siglos para justificar la sangre que hoy se derrama, como si esos 200 años no hubiesen pasado para demostrar que esa lucha fue su ciente para no repetirla y como si el Derecho, la República y el Estado no fuesen parte de nuestra actual historia.

Los que creímos en una revolución a principios de siglo, hoy tenemos el reto intacto de no cometer los errores del pasado, incluso el más reciente. Tenemos la tarea de llorar nuestros muertos y combatir para que la violencia no impere, se restablezca el orden constitucional y podamos darle esperanza al futuro de nuestro país y para ello, los sectores despolarizados darán un paso al frente, sin prejuicios.

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