Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Paro, boicot y guerra civil, por Douglas Zabala

Hemos llegado al punto crítico de las definiciones y al parecer ya no hay marcha atrás

martes 25/07/2017
8:55 AM
  • Douglas Zabala | Abogado

  • @VersionFinal

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Hablar de paro cívico, huelga general o marcha sin retorno, ha dejado de ser un mito en un país agobiado por la peor crisis, vivida desde los tiempos del Caracazo y su tenebrosa secuela de venezolanos asesinados por la feroz metralla de una Fuerzas Armadas, que vio aquella revuelta de los pobres, como enemigos de la patria y el orden establecido. La mayoría de este país, salvo los jóvenes que hoy se baten contra este gobierno en las calles, jamás imaginábamos vivir de nuevo bajo un régimen donde la vida no tiene ningún valor y donde ven como al peor enemigo a aniquilar, a quienes todos los días salen a protestar por el derecho a la salud, la comida y la democracia conculcada.

Hemos llegado al punto crítico de las definiciones y al parecer ya no hay marcha atrás. Ver en Socopó a las reaparecidas Fuerzas Bolivarianas de Liberación (FBL) pavonearse con sus ametralladoras y montadas en sus camionetas y camiones 350 al mejor estilo sirio, indica que los berrinches armados desde Monagas por el acorralado Diosdado, comienzan a tener eco en todos los colectivos armados, quienes desde hace rato han venido asumiendo el control militar de estas primeras escaramuzas contra los nada pacíficos muchachos de la resistencia libertadora. Vamos hacia una masificación de la escalada de violencia política en todo el país y al parecer es muy poco el espacio para el diálogo y la negociación.

Maduro está jugando con candela, aislado y asediado por las fuerzas democráticas del mundo, expresadas en las resoluciones de la Unión Europea, el gobierno de los EE. UU., la OEA y Mercosur, no le ha quedado otro camino sino radicalizar su estrategia de negociación, al pretender imponer una constituyente donde hasta el pollo Carvajal ha salido a cuestionársela. Nicolás piensa que pudiera jugársela como Rómulo Betancourt, quien, en los inicios de su gobierno, confiado en sus Fuerzas Armadas, provocó y empujó al Partido Comunista y al recién creado Movimiento de Izquierda Revolucionaria, a una guerra donde era evidente, él la ganaría, como en efecto sucedió. El fraude constituyente es su Rosa Linda y se la va a jugar.

Podrán salir airoso Maduro y Diosdado del embrollo donde han metido al país. Todo indica que el 30 de julio será la chispa por dónde comenzará la quemazón. Del lado opositor nadie se atreve a dar un paso en falso. El recorrido anunciado por la radicalizada MUD nos lleva al lo de la navaja casi imposible de dejar de transitar. El paro por 48 horas, al estilo de los paros armados impuesto por la FARC en sus momentos de esplendor guerrillero, dan señales de la tormenta. ¿Estará dispuesto Padrino López a teñir de sangre cada uno de los centros electorales donde se impondrá la Constituyente? Ya Freddy Guevara ha orientado tomar los puntos donde el plan república se ha instalado con sus colchonetas y fusiles.

Vamos a cumplir con las estrategias pautadas por el liderazgo opositor, incluso por el expresado por la Resistencia. Nadie debe ponerse al lado y cada quien ha de tomar el puesto que le corresponda, en esta confrontación por la democracia. Activemos el Paro Cívico Nacional y marchemos hacia a Caracas este viernes, conscientes de no asistir a un simple mitin de cierre de campaña electoral. Atrincherémonos en los alrededores de cada centro electoral, dispuestos a producir el boicot cívico y la mayor abstención electoral conocida en país alguno. ¿Será el inicio del presagiado choque de trenes? Es probable que si, pero, aunque parezca una paradoja, es el único camino para evitar matarnos en la temida guerra civil.

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