Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Nos entendemos o nos matamos, por Leonardo Atencio Finol

viernes 05/02/2016
12:46 PM
  • Leonardo Atencio Finol

  • @versionfinal

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Esta semana se cumplió un aniversario más del intento de golpe de Estado de 1992, breve pero violento. Causó 32 muertes que quedaron impunes, pues los cabecillas si bien pasaron dos años en la cárcel, por rebelión, con el perdón presidencial se libraron de responder por esos decesos. No es el único enfrentamiento armado de la democracia, y posiblemente no sea el último, pero si publicitado porque el régimen lo ha querido convertir en una épica “revolucionaria”.

Los venezolanos de este tiempo debemos mirarnos en el espejo de ese oprobioso hecho, porque si bien el régimen se empeña en desconocer un poder autónomo, la AN, y de manera abierta e irresponsable ha llamado a desobedecer sus decisiones, un sector de la oposición, que espera salidas mágicas e inmediatistas, ha iniciado lo propio y de manera insistente solicita al presidente de Venezuela que abandone el cargo, pues “ya no hay más tiempo –ni vidas– que perder”. Si bien es cierto que “Venezuela está a punto de desbordarse una presión social –plenamente justificada– porque la gente está pasando hambre y muriendo de mengua”, se podría estar impulsando una confrontación armada, que está a la vuelta de la esquina, pues el régimen no va a renunciar con facilidad al poder. Es necesario esperar la acción, dentro de la Constitución, de las fuerzas políticas nacionales y la presión internacional, como ocurrió recientemente, que fuercen una salida democrática y constitucional.

Es perentorio evitar cualquier doloroso episodio que nos suma en un caos peor que el actual, porque ninguna circunstancia lo vale. He allí la importancia del diálogo constructivo que todos esperamos y más temprano que tarde debe darse, porque la clase política nacional, incluido el propio o socialismo, no creo estén dispuestos a ser los enterradores de los pedazos de República que aún quedan en pie. Alejandro Morillo sostiene que “en vista de la caída de la República (porque el poder judicial y el legislativo, hasta hace muy poco, dependían del ejecutivo) o lo que quedaba de ella, (hay que) comenzar a construir un nuevo Marco Jurídico-Institucional, al mismo tiempo que (preparar) un proceso constitucional para lograr dar por terminado en lo inmediato el actual régimen que aún permanece entronizado en los otros dos poderes”.

A la AN le corresponde recoger esos pedazos de República y empezar la construcción de una nueva República “la cual debe curarse contra todo populismo (…) Es una oportunidad histórica y no puede asomarse ni un resquicio de debilidad o se caerá, ahora sí, en un de nitivo totalitarismo” (A. Morillo).

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