No llegó el pan, pero el circo sigue, por Werner Gutiérrez Ferrer

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El 8 de abril del pasado año, publiqué una columna en este mismo diario titulada “Venezuela reclama más pan y menos circo”. En ese momento, el país atravesaba por una crisis de desabastecimiento de trigo, similar a la que pasamos en este momento, escaseando el pan en bodegas, panaderías y supermercados.

Venezuela presenta un consumo per cápita de trigo, que lo ubica entre los primeros tres lugares del mundo. Nuestro consumo interno está sobre las 1.2 millones de toneladas de trigo por año, eso implica, por ser un rubro totalmente importado, que a nuestros puertos deben arribar alrededor de 100 mil toneladas cada mes, hecho que no está ocurriendo, teniendo un déficit de aproximadamente 50 % de lo demandado. Esa es la verdadera causa de la escasez de pan en las panaderías venezolanas, no hay otra.

Ante la denuncia bien fundamentada de Fetraharina, cuyos voceros informan la paralización de dos molinos de trigo por falta de materia prima, y de los representantes de la asociaciones de panaderos, los cuales argumentan no tener disponibilidad de harina, el presidente de la república amenazó el pasado domingo con ejecutar expropiaciones para ganar lo que él denomina “la guerra del pan”, afirmando “La van a pagar, yo se los juro. Los responsables de la guerra del pan la van a pagar y después no vayan a decir que es una persecución política”.

Insisto, Venezuela no puede seguir distraída en faraónicos y demagógicos anuncios gubernamentales, nuestro pueblo exige “más pan y menos circo”. No debemos seguir dejando la alimentación de 31.0 millones de venezolanos soportada en deficitarias, ineficientes y corruptas importaciones agroalimentarias. Es inadmisible que mientras 10.0 millones de venezolanos realizan dos o menos comidas al día por inaccesibilidad a los alimentos, la producción de los campos agrícolas y de la agroindustria nacional, continúa en descenso ante la inacción y el “circo gubernamental” que parece no conocer limites: “Estamos trayendo productos importados por el gobierno revolucionario de varios países hermanos: Trinidad y Tobago, Panamá, Colombia, México, Nicaragua (…) y hasta Estados Unidos. “El camarada Trump me está ofreciendo CLAP a buen precio”, afirmaba el presidente Nicolás Maduro en su reciente alocución.

Irónicamente, el sector agroproductor privado, al cual el Gobierno acusa de estar en “guerra económica”, anuncia avances desde Aragua, con la innovadora variedad de Trigo Casiquiare. La Cooperativa Grupo BioAgro y Cargill de Venezuela, quienes junto a los agricultores en los Valles de Tucutunemo, desde septiembre de 2016 comenzaron a sembrar este material de trigo tropicalizado, muestran de lo que somos capaces de lograr los venezolanos. El Gobierno sigue en su circo, mientras la agricultura venezolana continúa apostando a producir el pan que reclaman los estómagos vacíos de los venezolanos. Un mismo país, dos realidades distintas.