Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Los tiempos del régimen versus los tiempos de los ciudadanos, por Énder Arenas Barrios

No es ningún descubrimiento lo que voy a decirles, pero en la sociedad no hay un solo tiempo.

sábado 22/07/2017
2:06 PM
  • Énder Arenas Barrios | Sociólogo

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No es igual la organización del tiempo que hace, por ejemplo, “Carmen la Gocha”, una vecina de la casa de mi mamá, quien se levanta a las 2:00 de la mañana para apostarse frente al Banco de Venezuela para cobrar su pensión y vuelve a la casa después de las 4:00 de la tarde, cuando se le canceló la misma. Es el tiempo del pensionado que organiza sus urgencias, predeterminado por ese pago mensual, no el tiempo del cajero de la taquilla que le paga la pensión que, pase lo que pase, atenderá al público hasta las 4:00. Igualmente, un trabajador, digamos, de la industria, de las pocas que van quedando en el país, tiene un horizonte temporal diferente al del campesino. El trabajador organiza su tiempo sobre la base del tiempo de la empresa, digamos que ocho horas diarias, mientras el campesino es la naturaleza quien le determina su tiempo: siembra, cosecha, etc. Cada sector social tiene su propio horizonte temporal.

En momentos de crisis, como el que vivimos, el tiempo se convierte, políticamente hablando, en uno de los recursos más escasos. Digamos que en esos momentos se establece una contradicción significativa entre las urgencias subjetivas de la gente, desesperada por la situación que lo aplasta, con respecto de los plazos objetivos que suele articular los planes del Gobierno que en este particular caso, el régimen chavista, tiene por plazo la eternidad. Les ilustro con lo sucedido a un amigo mío hace algunos años. Él quería casarse, no, el tenía que casarse. Sin embargo, el déficit de vivienda en el país, a pesar de las cacareadas Misión Vivienda y Gran Misión Vivienda, es de un millón y medio de casas. Así que él debería esperar por lo menos cinco años, tiempo en el cual la urgencia que tenía ya estaría en sala de cinco años del preescolar María Moñitos. El pobre tuvo que irse a vivir a la casa de una de las mujeres más malas del mundo: su suegra.

En la terrible crisis estructural que el país sufre, la gente, el ciudadano, el pueblo, los venezolanos tienen una urgencia: quiere que el gobierno de Maduro se vaya, no el año que viene ni más luego sino ahora.

Mientras tanto, el Gobierno plantea que los que tienen la urgencia del cambio jamás volverán a gobernar, es decir, ellos proponen como su plazo un “para siempre”. Pues bien, entre el “nosotros queremos que te vayas ahora” y “los revolucionarios nos quedamos para toda la vida” hay una distancia inmensa. Esa distancia crea una crisis irresoluble cuyos escenarios de no resolverse son indeterminados y pueden ser dolorosos y trágicos. Se cuecen escenarios terribles. Para evitarlo, hay que reducir drásticamente la distancia entre las urgencias de la gente y el que el Gobierno quiere imponer. ¿Qué le parece Presidente si Ud. decide renunciar digamos que antes del 30-J o un poquito después? sin llegar al año que viene y nos evita que los muertos solo sean estadísticas sin nombre.

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