Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Les puede costar caro; por Jorge Sánchez Meleán

jueves 24/08/2017
12:02 PM
  • Jorge Sánchez Meleán | Economista y analista

  • @versionfinal

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Solo se han necesitado muy pocos días, para que la ilegítima Constituyente chavista, surgida del mayor fraude constitucional y electoral de nuestra historia, haya aislado a Venezuela en el concierto internacional. Más de cuarenta países, los más importantes del mundo, la rechazan, pues de principio, constituye una ruptura del orden democrático y constitucional. Además, han manifestado la decisión de no reconocer los actos que de ella emanen.

El mundo rechaza y condena la violación sistemática de los Derechos Humanos y las libertades fundamentales en Venezuela. Se observa con asombro la violencia desmedida, la represión y la persecución política. Los países libres del mundo no entienden que en la patria de Bolívar existan cientos de presos políticos en las peores condiciones de indignidad.

Venezuela es un gran Gulag tropical, que no cumple los requisitos ni obligaciones de los miembros del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La comunidad internacional pone de manifiesto la grave crisis humanitaria que enfrentamos ante un Gobierno que solo compra armamentos y bombas, pero no trae ni deja entrar, por donaciones, alimentos ni medicinas.

Nos están marginando como parias de los mecanismos y organizaciones regionales e internacionales. Nos excluyeron de Mercosur por no ser un país democrático. Somos un país en cuarentena, al que no se recomienda la transferencia de armas desde el exterior.

Cada día son mayores las sanciones que la comunidad internacional irá aprobando, para sancionar a funcionarios incursos en delitos o para controlar al régimen en general, especialmente en aspectos financieros multinacionales. Es triste pues, que un régimen que se ha aferrado como tabla de salvación a una Constituyente inconstitucional y fraudulenta, solo para preservar y consolidar el poder absoluto para una minoría que no se atreve a contarse, haya convertido la cuna de Miranda y Bello en un Estado en tela de juicio desde el punto de vista político y moral. Contrastar los cuarenta y dos Estados del mundo que desconocen este mamotreto, encabezados por el Vaticano, los Estados Unidos, la mayoría de los países de América Latina y la Unión Europea, con los ocho que la apoyan irrestrictamente (Cuba, Ecuador, Bolivia, Salvador, Nicaragua, Rusia, China e Irán) es la mejor prueba de nuestro grado de deterioro en todos los órdenes.

En consecuencia —ante un régimen dictatorial que arremete contra su pueblo, que solo está lidiando por su libertad, porque considera al poder como un fin en sí mismo, divorciado de la moral— la comunidad internacional ha salido como nunca antes en defensa de los venezolanos. Bien claro tienen esos países en las más diversas latitudes estas frases del Libertador en 1814: “Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad, han exterminado al fin a los tiranos”. Así como aquellas que expresara a Santander en 1828: “En moral como en política hay reglas que no se deben traspasar, pues su violación suele costar caro”.

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