Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Lección para adultos, por Francisco Arias Cárdenas

miércoles 27/07/2016
11:28 AM
  • Francisco Arias Cárdenas

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Los niños, con su capacidad de captar con sencillez lo que es realmente importante, verdadero y trascendente, son nuestros maestros. La valoración que hicieron los niños y niñas trujillanos de su reciente experiencia vacacional en el Zulia, es elocuente y pedagógica: se enamoraron del Lago de Maracaibo y de los parques naturales que lo rodean.

Nos renueva el alma saber que estamos haciendo lo que es más edificante y sano para el país, para las nuevas generaciones. En mancomunidad con la presidenta de la Fundación Niño Simón del estado Trujillo, Jacqueline Peñaloza de Rangel, y su homóloga en el Zulia, mi esposa Margarita, resembramos los vínculos que ancestral, geográfica e históricamente nos unen a los habitantes de la cuenca del lago de Maracaibo.

Los jóvenes visitantes pasearon en el bergantín, recorrieron el puente Rafael Urdaneta, disfrutaron de su iluminación nocturna y de la impresionante vista que ofrece del estuario; conocieron el jardín botánico, el zoológico y el planetario Simón Bolívar, con sus manglares y su observatorio estelar. Fueron días de recreación y convivencia con la naturaleza, con el espacio que es nuestro hogar, y con las ciencias al servicio del bien común y del ambiente. Una verdadera siembra para el futuro.

El compromiso

Los alegres visitantes dijeron que no querían marcharse aún. Les tomamos la palabra para el compromiso que tenemos con salvar al Lago de Maracaibo, para lo cual tenemos que ayudarlo a recobrar su equilibrio natural, roto con el dragado profundo -que se inició con la era petrolera- en la barra natural, que regulaba la entrada de agua salobre del golfo. Esa acción rompió el delicado engranaje de vientos y mareas tan bien elaborado por la naturaleza, y la resultante es la pérdida de oxígeno y de vida para un lago que, recuperado, sería capaz de proveernos de proteína animal y aguas para el riego de toda la región. Y también de alegría y bienestar para el alma, que igual necesitamos como sociedad.

 

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