Maracaibo, Venezuela -

Opinión

La perversidad de la MUD, por Hugo Cabezas

lunes 05/12/2016
9:12 AM
  • Hugo Cabezas - Presidente del Complejo Maneiro

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Cuando se pierde la dignidad, se pierde todo. La dignidad es el respeto que se tiene de sí mismo. Una persona es digna cuando siente que lo que tiene es lo que merece. Dignidad y libertad son inseparables, ellos conducen a la emancipación humana. Por tanto, la dignidad y la libertad son principios éticos. Trascienden la costumbre, los juicios morales. Es por eso que la relación entre la ética y la política es simbiótica. No se puede ser un verdadero político si su acción no está fundada en principios éticos. Y los principios éticos son la mayor carencia de la MUD.

La MUD miente, y al mentir pretende engañar a los venezolanos; es cínica, y con su cinismo se burla del otro; desprecia, y con su desprecio descalifica al contrario; es racista, y con su racismo se cree superior a los demás compatriotas; odia, y con su odio ofende al pueblo. Pues bien, la mentira, el cinismo, el desprecio, el racismo y el odio son contrarios a la democracia, son conductas profundamente antidemocráticas. Son conductas que tienen su fundamentación teórica y espiritual en el mal. Y toda conducta basada en el mal es hipócrita. Hipocresía que pretende disimular, encubrir, maquillar, adornar con la intención de presentarse como gente del bien. Para ello, construye un discurso y realiza actos en los cuales no cree; porque, quien produce y hace el mal no tiene otra intención que apoderarse, por cualquier vía, de lo que no tiene. En política, a diferencia de la religión, el mal es un acto voluntario, se realiza con premeditación y alevosía. Tiene su episteme, los hombres del mal se creen poseedores de la verdad. Su verdad es la única verdad.

Pues bien, mis estimados lectores, si ustedes revisan el comportamiento de la MUD en la mesa de diálogo, llegarán conmigo a la conclusión de que la MUD ha perfeccionado al in nitum su hipocresía, el mal político. Cuestiona la presencia de los ex mandatarios José Luis Rodríguez Zapatero, Omar Torrijos y Leonel Fernández, así como al coordinador de la Unasur, expresidente Ernesto Samper, ha llegado al extremo de pretender darle ordenes al comisionado del papa Francisco, monseñor Claudio María Celli, a todos los acusa de ser aliados del gobierno. Ha dicho que el diálogo se convocó como iniciativa suya, cuando todos los venezolanos saben que se opuso al mismo; su ingreso y permanencia al mismo, siempre ha estado supeditada al logro de lo imposible. Con un caradurismo natural acusa al gobierno de no querer el diálogo, amenazando con levantarse de la mesa, acusándolo de hacer lo que ellos hacen: allá va el ladrón…, como en el cuento popular, gritan con desespero. La mejor demostración de estas afirmaciones, son sus últimas actuaciones. Le dicen al país que exigen se apruebe lo que nunca han propuesto. Ni el adelanto de elecciones, ni el referéndum han sido presentados como temas para su discusión, en la mesa de diálogo.

Como se recordará, en los años ochenta de la centuria pasada surgieron unos personajes con pretensiones de liderazgo: los famosos yuppies. Se les endilgaba un sobrevalorado talento, estuvieron de moda, se sentían poseídos de una grandeza que iba más allá de la propia naturaleza humana, se creían semidioses, la dirigencia emergente ante la crisis de los partidos y del liderazgo de entonces. A estos les devino una nueva forma de dirigencia: la del marketing, la de la publicidad. Que al igual que la coca cola, las hamburguesas y los perros calientes te los venden como productos de calidad, cuando son un mal. Allí están agrupados en Primero justicia, Voluntad popular y Vente Venezuela. Junto a estos, los que vienen de una militancia partidista cuarto republicana fracasada, derrotada, de segundones maltrechos, fueron dirigentes de AD, Copei y de una izquierda llena de frustraciones.

Una dirigencia como esta desconcierta. Uno exige del político seriedad, un mínimo de responsabilidad, eso que nosotros los politólogos llamamos racionalidad política ¿Es mucho pedir? En estos diecisiete años la dirigencia de la MUD ha demostrado ser una confederación de empresarios de la política. De diverso origen, pero con un mismo interés: hacerse del poder, por el poder mismo, no importa el cómo ni el para qué, como sea, recurren a cualquier práctica para saciar su hambre de poder. Por eso, la dirigencia de la MUD ni tiene dignidad ni es libre, es perversa.

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