Maracaibo, Venezuela -

Opinión

La increíble firmeza de la voz de la Fiscal, por Ender Arenas Barrios

sábado 27/05/2017
4:42 AM
  • Ender Arenas Barrios

  • @versionfinal

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Ha sido una semana, para decirlo de algún modo, terrible. Como nunca, en estos días de presencia masiva de la gente que quiere un cambio político y de manera de conducir al país y que se expresa con rabia todos los días en la calle.

La repuesta del régimen ha sobrepasado el umbral de lo moderado de la represión. Ha sido sorprendido, porque se trata de una movilización ciudadana y popular, inclusive de sectores que nunca habían estado politizados. Vamos más allá, el movimiento en la calle abarca a sectores que han sido repolitizados para conducirse positivamente hacia la democracia, modelo que habían sepultado en 1998 frente al discurso seductor de Hugo Chávez.

En este contexto, ha aparecido la voz trémula de la fiscal Luisa Ortega Díaz. Siempre ha hablado así, como si la voz se le fuera a quebrar en algún momento, esa que ha sido característica suya, pienso que desde queempezó a hablar, ahora es subrayada como nerviosismo, por Carreño e Isaías Rodríguez.

A Luisa Ortega se le pide lealtad y silencio. Se le acusa de traición,se le dice vendida. En privado deben decirle otras cosas, pero estas no son publicables y se lo dicen aquellos que justamente han sido desleales (Diosdado Cabello, por ejemplo), que han sido traidores (Isaías Rodríguez, quien optó por el acomodo y traicionó a su amigo y pupilo Danilo

Anderson, inventando un cuento chino) y miren quien le dice vendida: Pedro Carreño. Pero su trémula y “nerviosa voz” ha sonado  firme. Su voz ha sido una voz vertical, va directa de abajo hacia arriba y apunta al corazón del régimen y eso es lo que ha molestado al grupete que gobierna al país. Mucho se ha especulado sobre los motivos de esa actuación de la Fiscal, que amenaza con producir un crujido mayor en el seno del bloque en el poder.

No importa cual haya sido el motivo, su voz ha sido importante porque provenía de una persona que se dirigió al Gobierno en un momento en que este no lo esperaba, sin correr serios riesgos personales y segundo, se trata de una voz autorizada para expresarse por el lugar que ocupa en la estructura institucional del Estado.

 

Pero hay otra cosa que es más importante. Produjo un fenómeno interesante:

La producción de una “voz vertical colectiva”, que se expresa en

la producción de esa identidad colectiva que es la oposición (a pesar de

las diferencias y contradicciones entre los diversos factores que lo componen),

que se mueve con el propósito de poner  a este régimen.

 

Creo que a estas alturas no importa discernir sobre los motivos de Ortega

Díaz. Su intervención desplazó la “semántica terrorista” de los sectores

opositores al Gobierno, acabó con el miedo, cuya producción había

sido la gran victoria del régimen y entronizó en la sociedad venezolana

una pregunta crucial: ¿Algo puede ser peor que lo que hemos vivido hasta

ahora?

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