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Maracaibo, Venezuela -

Opinión

“Hillo Ostfeld, un apasionado por Venezuela”, por Vladimir Villegas

lunes 05/02/2018
10:16 AM
  • Vladimir Villegas

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Durante los primeros días de mayo de 2009, en un viaje a Israel, junto a un grupo de periodistas, conocí a un hombre con el cual construiría una muy buena amistad. Ese hombre,  de gran corazón, extraordinaria inteligencia, respeto por la diversidad y pasión por Venezuela, acaba de morir el pasado jueves .

Hillo Ostfeld, rumano de nacimiento, fue un testimonio de fe permanente en la vida. Junto a su esposa Klara logró sobrevivir al holocausto, al infierno del nazi fascismo que arrasó con la vida de millones de seres humanos. Salió de las terribles alambradas de un campo de concentración,desafió a la muerte,  venció el miedo, el hambre, la desesperanza y, junto a su eterna compañera de vida, llegó a tierras venezolanas. Hizo suya esta patria y forjó aquí sus empresas y su familia, que hoy debe estar orgullosa de despedir a un ser humano extraordinario, lleno de vitalidad, creyente en la amistad, deportista hasta el último aliento y siempre atento a cumplir con sus deberes como empresario comprometido con sus trabajadores y con el desarrollo nacional, y como integrante de la comunidad hebrea en nuestro país, uno de sus más importantes representantes.

Mi viaje a Israel, hace ya casi diez años,  y principalmente el haber tenido la fortuna de conocer a Hillo, me acercaron más a mi origen hebreo . Mi madre era judía. ” Tú eres judío, mi querido Vladimir”, porque eres hijo de un vientre judío”, me decía. De cuando en cuando conversábamos sobre temas políticos y especialmente sobre Venezuela, país al cual se integró como también lo hicieron todos los inmigrantes que llegaron en busca de una oportunidad de reiniciar sus vidas, entre ellos mis abuelos, mi vieja Maja y su hermana Yanka.

Hillo aceptó concederme una entrevista en mi programa Vladimir a la una. Conmovió a la audiencia como casi ningún otro invitado. Contó apenas parte de sus dolorosas experiencias durante la barbarie hitleriana. Narró crudos episodios, entre ellos la pérdida de su familia, y la terrorífica reclusión en un campo de concentración.

Hambre, dolor, muerte, miedo, frío, indignidad. Todo junto. Pero hizo más énfasis en su fe en la vida, en la potencialidad de Venezuela. “Los rusos me salvaron la vida, Israel me devolvió la dignidad humana y Venezuela me devolvió la fe en los seres humanos”, era una de sus expresión es recurrentes.

En varias de nuestras conversaciones hablaba de su compañera Klara. Y, con los ojos encendidos, me decía: “ella es lo más importante en mi vida”. Ambos compartieron el horror de la persecución nazi y también la aventura de cruzar los mares y llegar a esta tierra prodigiosa en la cual echaron raíces. Por fortuna para las nuevas generaciones, hay suficientes documentos escritos y audiovisuales sobre la vida de Hillo. El y su esposa escribieron sus testimonios sobre el holocausto. Sus propias vidas son el mejor desmentido a las tesis negacionistas, empeñadas en lavarle el rostro a la barbarie hitleriana.

Hillo Ostfeld, que era un claro crítico del comunismo, nunca conoció a mi padre, dirigente comunista hasta su muerte. Un día, hace ya un par de años, organizamos el bautizo de un libro  con la recopilación de poemas y escritos de mi viejo. Hillo se enteró y me hizo un cordial reclamo por no haberlo invitado al evento. Afortunadamente me llamó horas antes de iniciarse la actividad, y allí se presentó, con su humildad y su entereza de hombre formado en el respeto a la diversidad de pensamiento. A los dos días me llamó para contarme que se había leído íntegro el libro.

A su avanzadísima edad, no abandonó su pasión por el golf. Una mala praxis médicos aceleró su despedida de este mundo. Sobrevivió a ese infortunado episodio unos cuantos meses, hasta el pasado jueves, cuando se fue al descanso eterno en la ciudad de Miami, rodeado del cariño de su esposa Klara, su hija Trudy y todos sus descendientes.

Como lo dije en mi cuenta de Twitter al enterarme de su fallecimiento, fue un honor conocer a este inmenso ser humano. Una verdadera enciclopedia de vivencias, de ideas. Un emprendedor, un optimista por naturaleza. Un hombre de esta tierra. “Los venezolanos viven en un país bendito pero aun no lo saben”, dijo durante una conferencia en la Universidad de los Andes, institución que por cierto creó una cátedra sobre estudios del Holocausto que  lleva su nombre.

Estoy seguro de que murió angustiado por  la decadencia de Venezuela, por la pobreza, por la disolución institucional. Fue tema frecuente de nuestras conversaciones. Que en paz descanse este gran venezolano.

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