Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Gobernar con pluralidad, por Judith Aular de Durán

miércoles 03/02/2016
8:15 AM
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Lo que está ocurriendo en el país, con la escasez y ausencia total de medicinas y de una amplia gama de alimentos, así como productos de uso imprescindible, ha rebasado las fronteras de lo urgente para transformarse en una crisis humanitaria que se desborda cada día.

Necesariamente, por compasión, sentido común y respeto a los derechos fundamentales, tienen que activarse las alarmas y medidas de protección internacional ante el caos venezolano.

De parte del Gobierno nacional no llegan las soluciones, ni siquiera los paliativos. El descontrol y el miedo se han apoderado de las largas colas por alimentos, en las emergencias hospitalarias y en las farmacias; en la desesperación de la gente que ubica medicinas en una carrera contra la muerte y la desesperanza.

Ningún pueblo del mundo merece que sus derechos sean vulnerados; de paso soportar la retahíla de excusas oficiales, de medias verdades en paquetes de medidas forzosas para mitigar una situación que pudo evitarse.

La rectificación y tomar el obligado camino de la diversificación económica –alerta que desde los años 30 y 40 del siglo pasado hemos recibido de notables como Uslar Pietri, Pérez Alfonzo y Picón Salas– son necesarios pero la prioridad es ayudar y sacar del atolladero al ciudadano común que está asfixiado, casi inerte, por la crisis.

Lo primero que debe hacer el Gobierno es declarar la emergencia humanitaria y una vez superadas las contingencias sanitarias y de alimentación, con ayuda internacional, lo razonable es convocar al diálogo y suscribir la alianza con todos los sectores, sin exclusiones, para la recuperación económica y saneamiento del país.

Tienen que emitirse señales sinceras de enmienda, como la designación de los venezolanos más preparados y capaces en los puestos claves, independientemente de su posición política. Solo habrá recuperación si hay apertura y debate franco de las ideas y de los proyectos, en función del bienestar de todos.

De lo contrario, Venezuela va directo al despeñadero. Estamos a tiempo de poner freno y la propia Democracia nos ofrece las respuestas a través del arte de gobernar con pluralidad, con apoyo de los más sabios y de las universidades, sin rechazar la ayuda de países que han sido socios nuestros, socios tradicionales.

Es tiempo de dejar atrás el fundamentalismo partidista y la división para trabajar por una restauración que llevará largo tiempo pero que será la esperanza de la Venezuela posible.

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