Maracaibo, Venezuela -

Opinión

El dilema de la juventud venezolana, por Manuel Ocando

Domingo 06/08/2017
1:58 AM
  • Manuel Ocando

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En la Venezuela actual, hay tanta carencia de alimentos y de medicamentos como también de futuro. Unos de los grupos más afectados de la sociedad venezolana originada por el fracaso del sistema de gobierno que tenemos desde hace 18 años y que ha producido la gran calamidad social y económica que impacta terriblemente nuestro país, son los jóvenes. Ellos, quienes representan el futuro del país, han sido los más golpeados por la consecuencia de la criminalidad, la falta de trabajos dignos y la imposibilidad de obtener esa legítima aspiración de poseer una apropiada calidad de vida.

La Venezuela de hoy es un país en el que muchos de los jóvenes deben subsistir hasta alcanzar los recursos necesarios para emigrar, o sencillamente conformarse con esperar hasta que desaparezcan las arbitrariedades, contradicciones e injusticias de la tierra en que sus padres una vez cumplieron sus sueños. Pareciera que no existe esperanza para la juventud en Venezuela, situación esta generada por un Gobierno que ha expropiado la esperanza y el futuro para la mayoría de la población pero singularmente para este estrato de la población.

De allí que el dilema de marcharse o permanecer en el país ha dejado de ser un tema de discusión válida para ellos, pues a estas alturas, y en las graves circunstancias y condiciones que se encuentra el país, nadie puede ser censurado o reprochado por irse de un país que no brinda oportunidades para su desarrollo, o en el que simplemente no puedes cubrir tus necesidades básicas.

En 2013, 73% de los jóvenes venezolanos no tenía expectativas de emigrar, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Nacional de Juventud de ese año, realizada por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello. Tres años más tarde las expectativas juveniles han cambiado drásticamente y las razones para irse del país son ahora mayores.

Ya han transcurridos varios años de aquel célebre y controversial video/documental Caracas Ciudad de despedidas de donde salió el “Me iría demasiado”; frase que pertenece hoy a una subcultura juvenil. La realidad demuestra que “me iría demasiado” pasó más allá de la chanza y los aplausos a ser un proyecto cada vez más serio especialmente para los jóvenes venezolanos.

Sin embargo, existe una gran cantidad de jóvenes cuyo futuro, a pesar de la inseguridad, la crisis socioeconómica y la incertidumbre política, lo continúan viendo en Venezuela. Son jóvenes que estudian y trabajan en un contexto que jamás imaginaron vivir, uno que coarta sus posibilidades e incluso pone en peligro sus vidas.

Los que se han quedado no son más patriotas ni más valiosos que quienes se van; simplemente apuestan por una realidad distinta. Son jóvenes que han decidido quedarse para lograr una realidad diferente, luchando por obtener un país diferente. Están viviendo una oportunidad única, la de cambiar su propio destino y el del país. Valientes jóvenes en las calles que luchan por obtener la libertad, la democracia y la justicia.

A esos jóvenes quiero manifestar mi respeto y admiración por su determinada y valerosa actitud, que les ha llevado a enfrentar a un sistema construido sobre un modelo acabado y arcaico que se ha empeñado en arruinar los valores humanos ingrediente fundamental para edificar una sociedad fundada en el decoro, el progreso, el desarrollo y la justicia social.

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