Día Mundial de la Tierra, por Rubia Luzardo

Cada 22 de abril recordamos la celebración del nacimiento del movimiento ambientalista, surgido en la década de los setenta con la toma de calles, parques y auditorios por parte de millones de norteamericanos manifestantes en reclamo a un ambiente sano y sustentable. Movilización que logró impulsar la creación de la Agencia de Protección al Medio Ambiente de Estados Unidos.

Desde entonces, esta fecha permite al mundo reflexionar en torno a la tierra. Hoy con más consciencia del cambio climático los gobiernos del mundo impulsan diversos acuerdos y políticas para enfrentar la crisis del agua, la contaminación de suelos, crecimiento poblacional, deforestación, lluvia ácida entre otros conflictos.

Hace dos años, la Encíclica: Laudato Si’ del Santo Padre Francisco sobre el cuidado de la casa común hace un llamado a la toma de consciencia con el ambiente, en este documento de alto impacto social y humano, la Iglesia católica reflexiona en torno a la protección de la “casa común” es decir, “la Tierra”. De acuerdo al Santo Padre el desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye el esfuerzo por unir toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, conscientes del posible cambio, es decir; la conservación del ambiente implica el legado de los jóvenes y niños.

En las culturas amerindias se concibe a la Tierra como la madre, la gura protectora y proveedora, en virtud que aporta el abrigo y los insumos necesarios para la vida, incluso hasta las medicinas para sanar las enfermedades brotan de su seno. Reconocida por los grupos de la cordillera andina como la Pachamama o madre Pacha, núcleo del sistema de creencias de actuación ecológica. Abya Yala, tierra de sangre vital para los kunas centroamericanos. Y los grupos étnicos diversos en nuestro territorio la reconocen como la gran madre tierra, centro y origen de vida.

Seguiremos insistiendo en que los gobiernos de América integren a sus políticas de desarrollo, las diversas concepciones y visiones sobre la Tierra o casa común como es definida por la Iglesia católica en su documento encíclico del papa Francisco. Es decir, dirigir una mirada fraterna a quien nos permite la existencia, por su parte el ciudadano común tiene mucho que aportar fundamentalmente en la educación de sus hijos sembrar el amor por la tierra y los valores ecológicos necesarios para la vida.

En el país son diversas las dificultades que vivimos diariamente, no obstante, tenemos un compromiso que asumir con la Tierra y, el mejor tributo puede materializarse en la siembra de un árbol, el uso racional y consciente del agua entre otras acciones que implique el equilibrio con el ambiente, el espacio propicio puede ser el entorno más próximo como el hogar, la residencia, el condominio, la comunidad, la ciudad y la región, celebrar a la tierra es celebrar a la vida misma.