Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Cuchillito de palo, por Humberto Rivera

martes 19/01/2016
6:50 AM
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Hace muchos años, le escuché en una homilía al Padre Lückert la historia del Cuchillito de Palo, la cual he utilizado infinidad de veces con extraordinarios resultados y hoy lo invoco ante tantas maledicencias que se han apoderado de esta pobre y agobiada nación por la inconducta de los ciudadanos.

Les cuento lo que el padre contó de una comarca secuestrada por el demonio quien había sembrado el odio y discordia entre los humildes y pocos habitantes.

Todas las disputas se generaban por los chismes y habladurías que entre ellos que se difundían y se regaban como incendio en paja seca.

Una señora piadosa y atormentada se dio cuenta que de seguir esa inquina que llenaba de odio aquel pequeño y humilde pueblo se iban a suicidar todos en primavera. Pensando en cómo armonizar tanta intriga y rencor sentada en su poltrona le llegó su amiga María a contarle las expresiones enemistosas y ofensivas que una vecina había proferido contra ella y sus familiares y las barbaridades expresadas sin recato ni piedad; enseguida se vistió y fue en busca de la ofensora vecina impía, con la intención de clavarle un cuchillo de palo y la encontró desgreñada y fúrica.

Después de saludarla amablemente y desearle un feliz año, le expresó su agradecimiento por el alto concepto que María decía que le tenía y ella no se imaginó cómo estas expresiones de afecto alteraron el concepto que ellas se tenían y desde entonces entablaron una amistad eterna y este cuento se hizo del conocimiento de todos los habitantes, lo cual cambió para siempre la actitud disarmónica difundida entre toda esa comarca.

Ruego a Dios para que este año que recién comienza, una persona piadosa nos clave otro cuchillo de palo, que nos llegue hasta las extrañas del ventrículo izquierdo del corazón y nos redima de este pandemonio y transforme a este país en el paraíso que tanto nos han prometido.

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