Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Cruces verdes y escuderos, por Douglas Zabala

martes 23/05/2017
10:41 AM
  • Douglas Zabala-Abogado

  • @versionfinal

  • Archivo

Salen a pecho desnudo derrochando coraje y valentía, van al frente en la vanguardia, en la primera línea de los marchistas. Nadie les impuso ese puesto, tampoco lo lograron a trastienda ni andan dándose codazos para salir en la foto. Han surgido al calor de esta revuelta que todos estamos dando por el rescate de nuestra democracia y la libertad. Son nuestros escuderos y cruceros verdes Libertarios, héroes anónimos que solo se dan a conocer cuando son encarcelados, heridos o asesinados por la dictadura que amenaza en convertirse en corporativa y fascista con su inconstitucional constituyente.

De verdad no son nuevos en la historia de la humanidad, pero los nuestros por ser venezolanos son excepcionales. Ya en la Roma pre cristiana y en casi toda Europa existía la gura de hombres guerreros con escudos, cascos y viseras para cubrir sus cuerpos. También nuestros cruces verdes, quizás inspirado en la obra del comerciante Ginebrino Henry Dunant, a quien le tocó vivir los crueles combates que se desarrollaban en la Europa de su época, en 1859, en medio de la batalla de Solferino en Italia, organizó la primera brigada de socorro. Hoy estas imágenes legendarias aparecen en las calles de Venezuela con sus rostros cubiertos, pero dando la cara por el país del futuro.

Los escuderos, como el biólogo Diego Arellano, mirando al cielo con su sonrisa llena por el nuevo porvenir y Armando Cañizales con su violín ofreciendo futuro, han lanzado su proclama: “La libertad de pensamiento es necesaria para tener una nación libre, debemos reconstruir el país y para lograrlo exigimos la renuncia inmediata del presidente Nicolás Maduro”. Han puesto en jaque en más de una oportunidad a las fuerzas represivas con su ingenio de subirse desnudo a una tanqueta llevando como arma la Biblia y como escudo su ideal democrático. Le han propinado bajas a las huestes de la Guardia Nacional, por aquello de que a Goliat no lo mató la piedra sino la fuerza moral de su honda liberadora y llena de fe.

Los muchachos de las cruces verdes son el presagio de la patria buena que se acerca. Ellos al igual que los escuderos, han comenzado a pagar su cuota, por desgracia de sacrificio. Paúl Moreno, quien antes de volar alto con su cruz a cuesta como el Cristo redentor señaló: “Hay personas que necesitan que les expliquen por qué las trancas, otros preguntan por qué hacer lo mismo otra vez, otros se sienten decepcionados, otros quieren llevar a los niños al colegio. Si me preguntan a mí, yo pienso lo siguiente: a mí me robaron una Asamblea Nacional que yo elegí con mi voto, yo no tuve derecho a un referéndum revocatorio, ni a elecciones regionales. Nosotros no tenemos armas, pero somos más”.

A Paúl Moreno no lo conocí ni a los escuderos asesinados tampoco, pero de seguro Paúl estuvo pendiente de uno, porque siempre que voy a las marchas trato de estar en la vanguardia. Con ellos me siento seguro, son como los ángeles de la guarda de esta hermosa rebelión popular sin retorno. Cuentan sus compañeros que Paúl era el primero en arengar al grupo y como el Arcángel Miguel de estos tiempos, en su pelea contra el mal, gritó para siempre: “Busca dentro de ti y saca el pecho y ten paciencia. Resiste y ayuda a resistir. Pa’lante y con Fe. Que Dios los bendiga”.

Honor al Cruz Verde Paúl Moreno, a Diego Arellano, Armando Cañizales y a todos los escuderos caídos en este combate por la vida y la libertad.

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