Maracaibo, Venezuela -

Opinión

¡Comienzo desalentador!, por Dante Rivas

viernes 29/01/2016
12:00 PM
  • Dante Rivas

  • @versionfinal

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No arrancó bien la nueva Asamblea Nacional. Hay una sensación de alta beligerancia que no les gusta a los ciudadanos. No quieren un ring de gallos, sino una academia democrática de construcción de soluciones a la crisis. Sin dudas es un comienzo desalentador. Ojalá cambie con el tiempo.

En la doctrina republicana la función legislativa, como función de gobierno, es atribuida al Poder Legislativo. De modo que la función específica de este poder es hacer la ley, dictar la ley. Hacer la ley es, en suma, un acto de prudencia política, pues se debe hacer la ley justa, adecuada, oportuna, general para todos y que posea perdurabilidad. La facultad de dictar leyes implica también la de modifi car o anular las ya dictadas. Es por ello uno de los actos de mayor importancia para el gobierno de un pueblo, pues el mismo se rige de acuerdo con las leyes.

Indudablemente, hoy Venezuela requiere diferenciar bien entre lo urgente y lo importante. Exigen las circunstancias, bien defi nidas ya por el propio Presidente como la emergencia económica, dejar de lado los resentimientos personales y actuar con responsabilidad social extrema.

¿Están actuando así? ¿Hay comprensión y respeto mutuo entre las partes? ¿Se podrá superar la crisis con este tironeo de visiones encontradas? ¿Es posible construir algo sólido habiendo una grieta que no sella? ¿Puede edifi carse algo creativo a los gritos, amenazas y empujones?

Los invito a responderse. Las cartas están a la vista y el espectáculo no es el mejor. Soy realista y opuesto a negar la realidad. Cuando se ha actuado de esa manera, los resultados fueron nefastos.

Ojalá que las partes se sincronicen. Que entiendan que deben bailar acompasadamente, con elegancia y efectividad. Que cuando se hable de diá- logo comprendan que deben realizar una discusión sobre un asunto o un problema con la intención de llegar a un acuerdo o encontrar una solución conjunta. Lo contrario es un monólogo frustrante. Sueño con un fi nal feliz que diga: ¡En Venezuela ganó el pueblo!

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