Calle y negociación, por Douglas Zabala

De novela ha calificado el diálogo, Aldo Giordano, representante del Vaticano, y no podía ser de otra manera, porque todo lo avizorado en los próximos capítulos de este culebrón, tanto para la MUD como para Nicolás, será de coger palco.

Ya el año pasado en comunicación dirigida a monseñor Pietro cardenal Parolin, el secretario ejecutivo de la MUD, Jesús “Chúo” Torrealba, planteaba que el próximo 13 de enero, los facilitadores deberían activar mecanismos para verificar sobre el terreno, el no cumplimiento de los acuerdos por parte de Maduro, admitiendo con ello, el fracaso en las negociaciones. Este espejismo dialogante se transformó en un arma de doble filo, porque mantiene de hecho, partido en dos toletes a la MUD, y le ha rebanado la poca credibilidad internacional al Gobierno. Insistir en la prédica de que Maduro se burló hasta del Papa, es repetir el error, de seguir colocando todas las posibilidades de hacer retroceder al Gobierno con el malogrado diálogo.

En el caso de la MUD debería comenzar el año aceptando que se equivocó, al suspender la marcha anunciada hacia Miraflores y el juicio político al Presidente, justo antes de ir a sentarse a negociar lo innegociable, para perjuicio de la sociedad venezolana.

Una cosa es creer que las demandas exigidas por la Santa Sede, eran cargadas de buena fe, y otra era suponer que, con ello, se tenía el mandado hecho. Quien no va a respaldar el establecimiento de un canal humanitario para los más afectados por la crisis o la liberación de los presos políticos. De hecho, solo el Gobierno ha manifestado su negativa ante esta solicitud, al igual que en la necesidad de ponerle fecha al cronograma electoral de las elecciones de gobernadores, la de los diputados en Amazonas y a los futuros sufragios de Alcaldes.

Estas demandas para que sean cumplidas, deben ir acompañadas de la participación popular, y ello significa salir de la simple negociación sin calle. Con los presos políticos se debe relanzar una jornada nacional e internacional de solidaridad, y no permitir políticas de goteo o la simple negociación, como si se tratara de rehenes. La libertad debe ser para todos y de forma inmediata.

Asumamos que mientras Nicolás Maduro sea el jefe de Estado, no saldremos de la crisis, y por ello, junto al pueblo, exijamos de forma irrevocable y desde la calle, su renuncia. Esta acción política tiene su fundamento constitucional, en los artículos 333 y 350 de nuestra Carta Magna, y pudiese convertirse en la principal bandera de lucha del país; no así, la iniciativa del abandono del cargo presidencial, la cual será aplastada por el TSJ oficialista.

Es la hora del pueblo en la calle, en consecuencia, dejemos que él tome la palabra y sea quien ponga las condiciones en futuras negociaciones con el Gobierno, si ellas fuesen necesarias de realizarse, de lo contrario, impongamos el único lenguaje que hace retroceder al Gobierno: miles de manifestaciones en las calles del país.