Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Brutalidad artificial, por Roberto Hernández Montoya

domingo 03/12/2017
7:37 PM
  • Roberto Hernández Montoya

  • @versionfinal

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A Luis Piñerúa Ordaz le hicieron un atentado cuando le aporrearon la cabeza con una enciclopedia. Le crearon fama de bruto e ignorante. No era verdad; es deber recriminarle cosas pero no esa. No era Andrés Bello, pero sí estaba tenuemente por encima del promedio. Llegó a enriquecer el vocabulario político nacional con términos solariegos como barragana y cagatintas. Lo que pasa es que no se graduó de nada en una universidad. Listo: bruto, ignorante.

Otras personas han padecido del mismo prejuicio. Mme Ségoléne Royal, por ejemplo, candidata a la presidencia de Francia. Era mujer y bonita, listo: bruta, ignorante. Tampoco era cierto. No era Simone de Beauvoir, nunca ha hecho o dicho nada icónicamente memorable, pero también está un poco menos tenuemente por encima del promedio. No es fácil sobrenadar la vida política francesa, ni de ningún país. Claro, hay excepciones, un tipo como George Bush hijo estuvo donde estuvo porque era un niñato de papá. También se puede ser un millonario como Trump, lo que otorga el derecho a mirar todo con cara de desprecio. Aunque no mucho, porque tiene armada una sampablera planeraria.

Los prejuicios son el asilo de los brutos, que es una de las cosas más cómodas que hay y que garantizan éxito, como dijo Erasmo. Uno se arrellana en la medianía y se relaja en ese reino de ideas blandas. Cualquiera puede discurrir sobre cualquier cosa encadenando un prejuicio con otro. Los prejuicios son ideales para una sobremesa aburrida o para una conversación insulsa de cóctel o de recepción diplomática, en la que es de rigor no decir nada que perturbe. En la brutalidad no hay peligro de meter la pata, es como una Coca-Cola, que no compromete a nada, sobre todo ahora que no tiene calorías. Claro, no se divulgan mucho sus acciones gangsteriles contra sus trabajadores en Colombia ni sus vínculos con los crímenes rutinarios de cualquier multinacional.

A nadie han despedido por comprar una IBM. Tampoco ha recibido ascenso, claro. Si en una fiesta pones Coca-Cola no pasa nada. Pero si sirves vino, siempre habrá opiniones encontradas, gustará o disgustará según la cultura enológica de quien lo cate.

Por eso conviene precaverte cuando te estornuden que alguien es automáticamente bruto.

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