Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Arístides Calvani, por Julio Portillo

 El Dr. Arístides Calvani amó el cuerpo y alma de su patria, tan maltratada hoy por bárbaros y safios

viernes 08/12/2017
8:02 AM
  • Julio Portillo

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En 1810, con las instrucciones de Juan Germán Roscio, —nuestro primer Canciller— a los comisionados Simón Bolívar, Andrés Bello y Luís López Méndez, que integraban la Misión a Londres, está la génesis de la formación de los diplomáticos en Venezuela. Roscio era el abogado más ilustre de la Caracas de ese tiempo.

Venezuela tuvo Ministros de Relaciones Exteriores que constituyeron sus cargos en verdaderas cátedras de diplomacia. En el siglo XIX, destacan, Pedro Gual, Antonio Muñoz Tébar, Diego Bautista Urbaneja, José Luis Ramos, Fermín Toro, Rafael Fernando Seijas y Eduardo Blanco. En el siglo XX, entre otros, Esteban Gil Borges, Caracciolo Parra Pérez, Andrés Eloy Blanco, Luis Emilio Gómez Ruíz, Carlos Felice Cardot, Ignacio Luís Arcaya, Marcos Falcón Briceño, Efraín Schacht Aristiguieta y Arístides Calvani.

Tuve de Profesor en el Ifedec al Doctor Calvani. En ese Instituto en los años sesenta del siglo pasado, nos formábamos los jóvenes dirigentes de la democracia cristiana universitaria y algunos de ellos como Oswaldo Álvarez Paz, Julio César Moreno, Harry Ortega, Gabriel Ruan Santos, Enrique Meir, fuimos privilegiados al ser escogidos para seguir esa formación en el pionero de estos institutos social cristianos, Ormeu, en Santiago de Chile, donde esta ideología había logrado llegar al poder, con la presidencia de Eduardo Frei Montalva.

En Caracas, conduciendo mi automóvil encontré al Dr. Calvani, esperando un taxi. Ya había sido Canciller. La conversación fue estupenda. Disfruté de la presencia de este hombre que se conducía por las calles con sencillez, como el presidente Medina Angarita en su tiempo y como lo hace en este siglo XXI la Canciller de Alemania, Ángela Merkel. De este modo, se pierden en vida, gobernantes apoltronados y políticos presos del elogio permanente.

El Dr. Arístides Calvani, nació en Puerto España, Trinidad, en 1918. Vivió en Río Caribe. Estudió primaria en el Colegio San Ignacio de Caracas y secundaria en Bruselas. Se graduó de Abogado en la Universidad Central de Venezuela. Presidente de la Juventud Católica de Venezuela, diputado en las planchas de Copei, en 1948, 1959 y senador en 1978. Profesor en la UCV, promotor del Movimiento Opus Dei, fundador del Movimiento Familiar Cristiano y Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela de 1968 a 1973 durante la presidencia del Dr. Rafael Caldera. Junto a su esposa Adela Abbo, murió en Guatemala el 18 de enero de 1986 en un accidente aéreo.

El amó el cuerpo y alma de su patria, tan maltratada hoy por bárbaros y safios. Firmó el Protocolo de Puerto España en 1970 sobre el Esequibo. Llegó a decir en una entrevista que le hiciera el Presidente de la Revista Summa, Ignacio Juaristi, que con las dictaduras militares no hay cambio. Liquidan la libertad, es un régimen de hombres manipulados. La liberación de los pueblos se hace con una visión de macrodesarrollo internacional.

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