Almagro, el nuevo Mefistófeles, por Hugo Cabezas

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El siglo XVI, desde su propio inicio, se presentó como un siglo de grandes expectativas. La edad media, con sus valores e instituciones, había perdido de manera definitiva su batalla por sobrevivir; pero, la modernidad occidental no terminaba de asomar con absoluta claridad su rostro. Para decirlo de otra manera, se libraba una dura batalla entre la oscuridad del pasado y la luz del tiempo por venir.

Alemania le entregaba a la humanidad entera la maravillosa obra de Johann Wolfgang von Goethe y, salida de ella, su imperecedero “Fausto”. Ya “olía a azufre”, por aquellos años.

El principal esparcidor del mismo era Mefistófeles o Mefisto. Hijo de Satanás, la reencarnación de Satanás, subordinado de Satanás, de manera más precisa, el principal operador de la logia del mal, dirigida por Satanás.

Imperecedera obra, hemos dicho. Ni siquiera el tiempo, ha podido escindirla. Quinientos años después de su publicación sus relatos siguen vivos, siguen vigentes.

Y es que, como se recordará, si algo caracterizó el final del siglo XX fue la incertidumbre. Todos, absolutamente todos, los modelos de sociedad vivían su crisis, con diferente intensidad, pero ninguno escapaba al cuestionamiento de la historia. La modernidad occidental, hija del renacimiento, no escapaba a ella. El mundo unipolar, con el imperio estadounidense como su eje principal, antes que superar los problemas de desigualdad, inequidad y todo tipo de injusticia social, estos se agigantaban. El olor a azufre era cada vez mayor. Y no había yacimientos de aguas termales a su alrededor.

Estados Unidos, que había logrado dominar el medio oriente por medio de su fuerza bélica, veía cómo su poder e influencia política, se disipaba, cada vez era menor. Nunca imaginó que su “patio trasero”, al cual dominó a su antojo contando con el apoyo de los gobernantes de los países latinoamericanos, se escaparían de su égida.

Todo comenzó con Hugo Chávez, y con él emergió un despertar de fuerzas emergentes convencidas de que en América latina y el Caribe se podía vivir mejor. Por lo que vivir mejor más que una posibilidad se convirtió en una necesidad. La pobreza, el hambre, las desigualdades, en fin, las injusticias sociales, era la marca que identificaba a los pueblos del hemisferio.

Movimientos políticos de nuevo tipo emergieron. El pueblo comenzó a organizarse de manera distinta, comenzó a hacerse sujeto de su propia historia. Nuevos movimientos sociales impugnadores del orden establecido, sin compromisos con la política del pasado, incluso, distintos a los movimientos y partidos políticos progresistas y de izquierda, tradicionales. La heroica Cuba sería la excepción.

Pero, como en la obra de Goethe, a Venezuela le surgió su Me stófeles. Sí, en singular. Aunque Mefisto se nos presente de diversa manera, se desdoble para hacer más daño, tenga varios rostros, es uno, es siempre el mismo, es el mal hecho realidad.

Ese nuevo Mefistófeles es Luis Almagro. Si usted, amigo lector, le mira su rostro verá que se parece a un minotauro de la mitología griega. Es el mal envuelto en carne y hueso.

Nada le ha hecho Venezuela para que la odie tanto. Por el contrario, su candidatura a Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), fue apoyada por el Gobierno venezolano.

De la manera más irresponsable acaba de presentar al Consejo Permanente de la OEA, un segundo informe contra nuestro país. Del primero, dicho organismo Tomo Nota, y, en los procedimientos de los organismos multilaterales, esta es una expresión negativa hacia un documento: lo recibimos pero no nos interesa.

Almagro pide a gritos que Venezuela sea invadida por fuerzas extranjeras. Ruega que el mal se aposente sobre nuestra tierra. No logra entender, y no puede entenderlo porque no conoce a la Patria de Bolívar y de Chávez, que esta es una tierra del bien.

Ignora, porque es un ignorante funcional, que si algo tiene bien grande el pueblo venezolano es su moral, su dignidad, su fe en un mañana mejor. Que los problemas que tenemos, han sido creados por la acción del Me stófeles que ha adoptado el oposicionismo, como su mentor, que ha guiado su proceder apátrida, sin rumbo, sin propuesta, entreguista.