Maracaibo, Venezuela -

Opinión

“Ahora el hambre es de todos”, por Werner Gutiérrez Ferrer

viernes 16/02/2018
7:33 AM
  • Werner Gutiérrez Ferrer

  • @versionfinal

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El ver perder la vida en 72 horas a seis niños y un anciano por ingesta de yuca amarga, tiene que generarnos la suficiente rabia e indignación para asumirque “el tiempo de llamar a la reflexión y a un cambio de rumbo” en sus políticas al gobierno, ya se agotó. No existe ni la más mínima posibilidad que nuestro país, bajo el modelo actual pueda revertir la catástrofe del sistema agroalimentario. Para quienes se preguntan si existirá una situación más compleja a la que ya estamos padeciendo, debemos decirles responsablemente, que lo peor aún está por venir. Día a día, los hogares venezolanos verán disminuir la posibilidad de garantizar los alimentos a sus familias.

Si usted cree que es exagerada esta advertencia, basta recordarle que para el primer semestre del 2015,el 33,1% de los hogares venezolanos estaban en situación de pobreza, delos cuales “tan sólo” el 9,3% se encontraba en condición de extrema pobreza (INE), pero ya en el 2016, un año después, el 81,8% de nuestros hogares estaban sumergidos en la pobreza,y un 51,51% había caído en extrema pobreza (ENCOVI). Las cifras de 2017 seguro estoy que corroboraran que luego de 18 años de destrucción “ahora el hambre es de todos”.

Sin duda, ante la profunda crisis del sistema agroalimentario, admiro los gestos de humanidad de la sociedad civilarticulada, son acciones dignas de multiplicar.Distintas organizaciones no gubernamentalestrabajan desinteresadamente paraofrecer una mano a las familias más necesitadas suministrándolesun bocado de comida, o llevarles las fórmulas lácteas a los infantes en hospitales.No obstante, observamos que estas medidas ven diluir su impacto positivo ante la avalancha de venezolanos que a diario pasan a formar parte de las estadísticas de hambre y desnutrición. En abril de2017, el 54% de niños menores de cinco años, en cuatro estados del país, presentaba déficit nutricional o estaba a punto de tenerlo, tan solo un mes después, en agosto del mismo año,este porcentaje se había incrementado al 68% (CIDH).

Responsablemente Aquiles Hopkins, presidente de FEDEAGRO anunciaba recientemente”No tiende a mejorar la producción de alimentos y puede empeorar si no se toman las medidas necesarias”, mientras Carlos Albornoz, presidente de FEDENAGA advertíacon respecto a la situación del suministro de agroinsumosa sólo 60 días de iniciar el ciclo de siembra”está un 50% más crítica que lo que estuvieron en el 2017, para sembrar la comida del 2018″.

No es retórica, no es discurso de vitrina, el afirmar que como única vía para revertir esta situación es impostergable el decretar la emergencia agroalimentaria y permitir el apoyo  ofrecido de países hermanos. Necesitamos habilitar de manera perentoria el ingreso de alimentos elaborados, y viabilizar el suministro de agroinsumos para que el sector privado pueda abordar el venidero ciclo de siembra. El lograrlo no dependerá únicamente del sector político, de los gremios agrícolas, o de la presión internacional.Si el hambre es de todos, de todos también es la obligación de activarnos en la búsqueda de la solución a esta tragedia. Asumamos el rol de ciudadanos responsables de esta hermosa nación llamada Venezuela.

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