Maracaibo, Venezuela -

Opinión

Abstención pasiva, por Manuel Felipe Sierra

Para las elecciones presidenciales de 1963, el PCV y el MIR en plena lucha armada anunciaron lógicamente la abstención, pero no fue una propuesta declarativa.

miércoles 21/02/2018
10:34 AM
  • Manuel Felipe Sierra

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El ex – presidente de Fedecámaras Jorge Roig ha declarado que es pertinente y necesario, pese a las dificultades, cumplir con el derecho al voto en la elección presidencial del 22 de abril. El dirigente empresarial, además con una experiencia política y parlamentaria en años pasados, ha hecho un señalamiento sobre lo que denomina “la abstención pasiva”, de la cual se tiene una ingrata experiencia con el llamado abstencionista de la oposición en las elecciones parlamentarias del 2005.

Y es que la experiencia histórica enseña que el llamado a la abstención suele producirse cuando está en marcha una estrategia alternativa, porque de otra manera resulta un gesto de respetable rebeldía pero sin efecto práctico sino todo lo contrario. En Venezuela existen dos antecedentes. Para las elecciones constituyentes de 1952 activadas por la Junta de Gobierno del perezjimenismo Acción Democrática, inhabilitada y brutalmente perseguida por el régimen militar, llamo a la abstención pero ya tenía en marcha la llamada “rebelión cívico – militar” que se expresaba en acciones armadas y una recia lucha clandestina, en la cual por cierto, fueron asesinados sus líderes Ruiz Pineda, Carnevalli y Pinto Salinas.

URD y Copei en semilegalidad llamaron a votar, cuando  nadie en su sano juicio podía pensar en el triunfo. El 30 de noviembre sin embargo, se produjo la aplastante victoria urredista. Sin duda la militancia adeca y también la comunista, (que aunque ilegalizada era partidaria de votar) sufragaron por las planchas de Jóvito Villalba, y también por el Copei de Rafael Caldera. Pérez Jiménez no tuvo otro camino que proclamarse dictador y asumir las consecuencias de un gobierno represivo y carcomido por la corrupción.

Para las elecciones presidenciales de 1963, el PCV y el MIR en plena lucha armada anunciaron lógicamente la abstención, pero no fue una propuesta declarativa. Los meses previos a la consulta fueron marcados por el incremento de la violencia subversiva: desembarco de armas cubanas en Paraguaná, secuestro de avión, asalto al tren El Encanto, explosivos en las calles y llamado a “La Toma de Caracas” el 6 de diciembre día de las elecciones. Por supuesto, no se trataba de tomar el poder sino de provocar un colapso que presionara el ausentismo en las urnas en la ciudad capital.

¿Qué paso? Raúl Leoni candidato de AD fue electo en una consulta con mayor concurrencia que la de 1958.; muchos votos del MIR decretaron el nacimiento del FDP, un partido dirigido por el exmirista Jorge Dáger, que aprovechaba la simpatía popular de Larrazábal con la escogencia de 25 parlamentarios. Días después del fraude del 52 la dirigencia de AD en el exilio consideró como un error el llamado a no votar y definió tareas para una hipotética elección presidencial en 1957. En el caso del MIR y el PCV ambas organizaciones renunciaron a las armas y dieron todos los pasos posibles para recuperar la legalidad y participar en eventos posteriores. En ambos casos no se trataba de lo que Roig denomina “abstención pasiva”.

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