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300 Kilómetros a pie para concienciar y limpiar las sucias playas del Túnez

Houji camina diariamente entre 10 y 20 kilómetros con 20 kilogramos de basura consigo y a temperaturas de 30 a 45 grados, algo que para él "obliga a reflexionar" sobre su vida

lunes 02/07/2018
9:09 AM
  • EFE

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Convencido de que la mejor campaña es la que se emprende con el propio ejemplo, el tunecino Mohamed Oussama Houij se ha impuesto un reto con el que pretende demostrar que el problema de la basura, uno de los mayores a los que se enfrenta el país, hay que solucionar entre todos.

Recorrer a pie 300 kilómetros durante los dos calurosos meses de verano limpiando 30 playas y compartiendo su experiencia vital en las redes sociales para sensibilizar sobre la necesidad de preservar el medio ambiente.

Houij inició su desafío este domingo en la histórica ciudad de Mahdia, situada a unos 210 kilómetros al sur de Túnez capital, donde una docena de seguidores en la red le recibieron con un pasillo de aplausos y abrazos cámara en ristre.

“No me esperaba esta reacción. Hay personas que me han ayudado a comprar parte del equipo que yo jamás me hubiera podido permitir, como estas botas; algunas me han propuesto acompañarme durante una parte del itinerario y otras me han invitado a comer a sus casas”, explica a Efe entusiasmado.

Houij admite que la idea se le ocurrió un día caminando por la playa y se vio superado por toda la basura que campaba a su alrededor.

No era una situación nueva, pero ese día algo le indujo a pensar que debía hacer algo, afirma. En ese momento, este joven licenciado en ingeniería sanitaria decidió hacer una pausa en su vida y dedicarse a su pasión: el medio ambiente.

“La gente, tras décadas de dictadura, siente que el espacio público no es de su incumbencia, y los servicios de limpieza recogen la basura durante la temporada turística pero el resto del año apenas le prestan atención”, explica.

El resultado, un manto de deshechos que llena los primeros metros de orilla tras ser expulsados por el mar, sobre todo en aquellas playas que quedan al margen del circuito turístico que el Gobierno tunecino trata de resucitar.

“Espero que la gente empiece a reaccionar. Solemos decir que es un problema del Gobierno y que son ellos los que tienen que solucionarlo, pero la sociedad civil debe tomar el relevo. He empezado este camino solo, pero espero terminarlo con al menos otras 300 personas que quieran imitarlo”, asegura.

Un desafío físico para el que, lleva meses preparándose también desde el plano espiritual.

“Para mí, caminar es una especie de terapia. Calculo que caminaré entre 10 y 20 kilómetros diarios, con 20 kilogramos encima y con temperaturas que oscilan entre los 30 y los 45 grados. Eso te obliga a reflexionar sobre tu vida”, afirma con una sonrisa.

Una de las fuentes de inspiración que ha encontrado es la famosa novela “Hacia rutas salvajes”, del escritor estadounidense Jon Krakauer.

Un libro que cuenta la historia basada en hechos reales de Chris McCandless, un joven estadounidense que decide donar todos sus ahorros para vivir libre en las montañas de Alaska, lejos del “veneno” de la civilización.

Y, como su protagonista, Houij pretende prescindir de aquello que no es esencial.

Carga su tienda de campaña, algo de ropa, herramientas de camping, botiquín de primeros auxilios, barritas energéticas, una cantimplora y una batería solar para cargar su móvil porque, aunque viaja en solitario, comparte cada uno de sus pasos con sus cerca de mil seguidores.

“El único lujo que me he permitido es mi guitarra, un lujo caro porque pesa cerca de 1,5 kilos, pero necesito componer y al final del día podré tocar para relajarme un poco” confiesa.

En un país en el que el turismo es una de las principales industrias -representa el 8 por ciento del PIB, este año espera alrededor de 8 millones de visitantes- la necesidad de que las playas reluzcan no parece paradójicamente una preocupación urgente, ni para ciudadanos ni autoridades.

Tras los primeros 17 kilómetros, Houij comparte su última localización a través de su cuenta Facebook: la playa de Charaf, que en dialecto tunecino significa “honor”.

Ahora toca instalar la tienda y comenzar a limpiar antes de que desaparezcan las últimas luces del día. Y es que convencer a sus compatriotas de que la limpieza es tarea de todos empieza por uno mismo, piensa.

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