Maracaibo, Venezuela -

Editoriales

Sin justicia no hay paz

martes 09/04/2019
10:51 AM
  • Carlos Alaimo Presidente-Editor

  • @versionfinal

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Sin justicia no hay paz. Un país con la impunidad a cuestas, trastabillea; no hay un país pleno y cierto si se dilata la razón, la equidad, si no se le da a cada cual lo que merece.

 

Pero lo que pasa hoy en Venezuela es una enseñanza. Quizás sea una prueba que Dios nos ha dado, porque Dios no castiga: enseña.

 

 

Los venezolanos tuvimos la oportunidad de tener el mejor país del mundo. Ninguna nación tiene las bondades de nuestra tierra. Pero faltó la mano amable del hombre. Abusamos de su abundancia y sin procesarla y reproducirla, la despilfarramos. La corrupción, la maraña, la ley “del más vivo” superó a la del talento y el trabajo.

 

 

Venezuela se sostiene titánicamente en esta lucha por la libertad, la justicia y la democracia porque seres como Rómulo Betancourt y Rafael Caldera fueron capaces de construir un piso político con valores y con ciudadanía. Luis Herrera le agregó a esa siembra un profundo humanismo y hasta el propio Carlos Andrés Pérez, en su segundo periodo gubernamental, hizo su contribución al transformar la manera como Venezuela establecía sus relaciones, nacional e internacionalmente, más allá del populismo. Vapuleado, el pacto de Punto Fijo marcó un precedente, ya no hay dudas.

 

 

Todos perseguían el mismo fin: conducir al país en la dirección del primer mundo. Pero, hay pasajes de nuestra historia que revelan como la izquierda impuso muchas veces su tesis en acuerdo silencioso con diversos actores de la activa política. Allí comenzó la desgracia de Venezuela.

 

El Caracazo del 27 de febrero de 1989, el golpe de estado del 4 de febrero de 1992 y la antipolítica que nació del Cuarto Poder, auspiciada por ” los amos del valle” provocaron el más grave de nuestros errores y hoy lo vivimos, lo padecemos, lo sufrimos cual insostenible enfermedad.

 

Este diagnóstico nos debe servir, tal como a los médicos, para salvar un paciente. Nosotros aspiramos salvar al país y necesitamos aplicar un tratamiento puntual y definitivo. Pero la historia debe ser conocida, estudiada, para que nunca más se  vuelva a cometer esos errores que hoy estamos pagando tan caro.

 

Nadie en el mundo pudo haber imaginado que nuestra gente sufriría una calamidad de esta naturaleza.

 

 

En nuestro país se sustituyó la ética y moral como valores por la más alta corrupción del mundo; el trabajo y la educación por él facilismo y el asistencialismo como un nuevo modelo de esclavitud del hombre por el Estado.

 

 

 

De esto saldremos, no tenemos dudas. Pero no podemos regresar a la vieja política que acabó con el mejor país del mundo. La vieja política que tarifó a los políticos, la vieja política que corrompió a los ciudadanos, la vieja política que hizo que se sustituyera la construccion de empresas y creación de empleos dignos por “ vuelticas y marañas”.

 

 

 

Por ello la educación integral y el amor al trabajo son las banderas que Venezuela debe enarbolar para salir de la crisis. Necesitamos una nueva generación política. Honesta,  humana, transparente y auténtica. Con coraje para enfrentar los vicios del pasado que se recrudecen en el presente. Necesitamos a una sociedad de CIUDADANOS que sepa sacrificar un “presente fácil”,  el oportunismo y la inmediatez. Pese a todo la política debe ser valorada por todos. En la medida que no nos ocupemos de ella o peor aún seamos indiferentes a ella, habremos perdido la batalla.

 

 

 

Nunca es tarde para corregir los errores. Tenemos que aprender y ser impulsores de los procesos de transformación. Hay que enterrar los viejos modelos radicales y hacer brillar nuestra vocación libertaria.

 

 

 

La justicia y la libertad, tal como lo afirmaba Don Quijote “es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

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