Maracaibo, Venezuela -

Colaboraciones

El Nobel cabalga la cultura mainstream y del soft power

lunes 07/05/2018
10:03 AM
  • Pasquale Sofía

  • @versionfinal

  • Andrea Phillips (Composición gráfica)

El premio Nobel Mario Vargas Llosa publicó un texto en el año 2012, en el cual evidencia que la cultura dominante privilegia la imagen respecto a la idea, el ingenio respecto a la inteligencia, el humor respecto a la seriedad, la superficialidad respecto a la profundidad. Y esto, dice el peruano, «no produce más artistas como Ingmar Bergman, Luchino Visconti o Luis Buñuel». La cultura masificada se ha puesto liviana, horizontal, toca la superficie, no se sumerge hasta el fondo; no es realmente crítica. Así piensa Vargas Llosa. Y continúa: «Woody Allen está a David Lean o a Orson Welles como Andy Warhol está a Gauguin o a Van Gogh, en la pintura, o Darío Fo a Cechov o a Ibsen, en el teatro». «¡Resultado de los tiempos!», exclamaría Ortega y Gasset siguiendo su obra La Rebelión de las masas (1929), en la cual describía el surgimiento de la sociedad-masa y del hombre-masa.

Vargas Llosa hace referencia en su análisis al pensamiento del sociólogo francés Frédéric Martel, quien publica en 2010 el libro Cultura Mainstream. «Cómo nacen los fenómenos de masas, que declara el fin de la cultura de la reflexión y afirma la evolución de una ‘contracultura’, la del gran público, que se desarrolla poderosamente en término numérico por medio de la revolución audiovisual. Hay quienes como Tolstói, Mann, Joyce y Faulkner quieren perdurar en el tiempo, sobrepasando la muerte con la calidad intelectual», sostiene Vargas Llosa, o quien ve la cultura como diversión y espectáculo, a lo Madonna o Shakira: ¡Terminado un producto, se crea otro!

Al profundizar en el argumento de la cultura mainstream, se puede señalar que detrás de esa aparente y pacífica ampliación de la cultura a las masas de todo el planeta (cultura-mundo), se encubre una estrategia de dominio, diseñada por Joseph Nye, profesor de la Kennedy School of Government de Harvard. Reconocido por su teoría del softpower, poder blando o inteligente, desde Clinton a Obama, ha sellado la nueva política exterior de Estados Unidos, transversalmente apoyada por la prestigiosa Academia de Suecia. Como el mismo Nye explica, el softpower se fundamenta en la atracción y no en la coerción, contrariando el hardpower de Samuel Huntington y contenido en la política exterior de los republicanos. El softpower no cuestiona si el producto lo genera Harvard u Hollywood por vía del entretenimiento. Lo importante es «mercadear» los valores y la civilización de la Gran América.

Es así que, en la última década y como resultado de la influencia del softpower, se confiere el Nobel, primero a Obama por la Paz (2009) y luego a Bob Dylan , por la literatura (2016). Entre los ilustres coterráneos de Dylan que han recibido el premio de literatura, se hallan William Faulkner (1949), Ernest Hemingway (1954), John Steinbeck (1962), Saul Bellow (1976) y Toni Morrison (1993).

Dylan es un músico y compositor de protesta contracultural, transgeneracional y transcultural. Todas las generaciones, desde los años 60 en adelante, han sido inspiradas por sus poemas llevados a composiciones musicales, declaradamente contra el modelo del hardpower, contra los valores dominantes de su época, en defensa de los derechos humanos, de las libertades civiles y de la paz mundial. Antes del Nobel, ha recibido importantes reconocimientos por su arte: en 1991 el Grammy Lifetime Achievement Award, el Príncipe de Asturias de las Artes 2007, en 1997 fue distinguido con el Kennedy Center Honors, Comendador de la Orden de las Artes y las Letras francesas en 1990, la revista Time lo puso en la lista de las 100 personas más influyentes del siglo XX, entre otros premios u homenajes en varias partes del mundo.

Como afirman varios críticos de la asignación del Nobel de este año, existen mejores músicos y poetas que Dylan, pero se debe reconocer que Blow in the wind desde 1963, sigue siendo cantada en todo el planeta por los jóvenes que quieren cambiar el mundo, con satisfacción del profesor Nye.

 

 


 

 

El presente artículo pertenece a la columna «Americanología» de la  décima edición de la revista cultural Tinta Libre, publicada el 11 de noviembre de 2016.

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